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Premio al esfuerzo, pero poco más

El Cádiz, con nueve jugadores en el campo (y Cervera también expulsado), consiguió amarrar este sábado en el Carranza un 1-1 a base de tesón y esfuerzo ante un Mallorca práctico, que fue superior en muchas fases del partido pero que no pudo terminar de domar el ímpetu desordenado de los locales. El empate en la recta final supo a gloria por las circunstancias, aunque la realidad es que el equipo nunca funcionó como tal. Y en lo que va de 2019, todavía no ha logrado ganar.

CRÓNICA J-23. El Cádiz, con nueve jugadores en el campo, logró amarrar un empate a base de tesón y esfuerzo ante un Mallorca práctico, que fue superior en muchas fases pero que no pudo terminar de domar el ímpetu desordenado de los locales.

Los de Cervera se presentaron este sábado en el césped de Carranza con las novedades en el once titular de dos clásicos: Salvi volvió a aplicarse por el frente derecho del ataque mientras que Garrido retornaba al centro del campo. Con estas variaciones, Álex Fernández se quedaba en la zona medular para suplir la baja por sanción del roteño José Mari, y Manu Vallejo podía despegarse de la banda y así revolotear por todo el frente de vanguardia local.

Tras el saque de honor de Pepe Mejías, para celebrar su sexagésimo cumpleaños, el partido comenzó con el habitual guión que todos ya conocemos. El Mallorca se quedó con el balón pero era el Cádiz el que daba impresión de peligro en sus rápidos desplazamientos ofensivos. Aunque extrañamente, a eso del minuto 20 eran los de casa los que llevaban el peso del choque gracias a una hacendosa defensa y una notable animosidad por las banda frente a un equipo balear ramplón, con fragilidad en las piernas y poco resolutivo, la realidad era que no había ninguna oportunidad clara para ninguno de los dos contendientes.

Las cosas cambiaron un poco a raíz de las tarjetas que vieron los locales Kecojevic y Correa. La defensa empezó a flaquear y el Cádiz terminó cediendo el peso a los visitantes, que comenzaron a merodear el área local, con un peligro que podría haber sido letal si tuviesen un par de millones de euros más en el campo. Los de Cervera, como siempre, respondían con ataques rápidos por ambas bandas, y con el constante trabajo del chiclanero Vallejo, que se parte la cara para buscar petróleo donde no hay, y como es lógico, no lo encuentra.

Cosa que sí hicieron los visitantes en una buena jugada en el minuto 36. Lago Junior recogió un pase largo que pilló a la defensa en Babilonia, e hizo el clásico pase de la muerte que el sanroqueño Diego Molina ‘Stoichkov’ depositó en la portería de Cifuentes. Además, en la jugada siguiente, Jairo era expulsado por una estúpida agresión sin consecuencias exagerada por un jugador mallorquinista. Así que en el tramo final de la primera parte, las cosas estaban bastante oscuras para los locales. Contra diez, los baleares comenzaron a mostrarse más seguros y solventes en sus acciones, frente a la desesperación creciente del Cádiz, evidenciada por un Manu Vallejo que reclamaba penaltis hasta al que vende las cocacolas en el fondo sur.

Pidiendo penalti en el área mallorquín / FOTO: Eulogio García

Cervera intentaba aclarar las cosas poniendo en el campo a Aketxe al comenzar la segunda parte, eliminando a Correa y dando a Salvi el carril derecho en su totalidad. Con este movimiento, los amarillos intentaron empezar a mandar, pero esto es una cosa antinatural para este equipo, y al final únicamente los aguerridos arrebatos de Vallejo, o los finos y elegantes de Álex Fernández, unidos a los balones parados sin destino del vasco, lograban crear cierta intranquilidad en la defensa visitante, que por otro lado veía pasar el tiempo sin mucho más que hacer que estar ahí resolviendo con eficiencia el desordenado empuje local. Que, de todos modos, a los diez minutos de la reanudación ya había descendido bastante su intensidad.

A la altura del minuto 60, eran ya el Mallorca el que mandaba a su antojo. Cuando quería, se estiraba y movía el balón frente al área de Cifu, y si le daba por ahí, se replegaba y dejaba al Cádiz que, tirando de testosterona, intentara atropelladamente acercarse a la portería de Reina; cosa que pocas veces ocurría y nunca con peligro.

En el 67, el técnico guineano siguió inventando soluciones y sacó del campo a Brian Oliván para meter a Perea. El equipo jugaba sin laterales, planteando una estrategia desconocida en el fútbol contemporáneo. A base de correr y de algunas buenas acciones personales, se recuperó el mando del partido, o quizá el Mallorca le dejó hacerlo. Pero sin crear ocasiones. Lekic estaba voluntarioso, Álex luchaba, Salvi se aceleraba… y nadie sabía hasta ese momento del encuentro de qué color iba vestido el portero visitante.

Como último recurso, salió al campo Romera por el balcánico Lekic en el 75; a esa altura el Mallorca había vuelto a adueñarse del balón. Los locales se limitaban a correr detrás de la pelota que era movida con soltura por los bermellones, y en estas suertes, Garrido y Vallejo vieron tarjeta por aplicarse con más contundencia de la debida. Encima, el técnico local era también expulsado del banquillo por alguna palabra más alta que otra, posiblemente hacia el entrenador visitante Vicente Moreno.

El partido fue acabando entre el ímpetu de los locales y la defensa flemática del Mallorca. Y los arrebatos de pasión sin premio de los amarillos tuvieron su contraprestación cuando en un córner servido por Aketxe, entre Garrido y Kecojevic pusieron el balón llorando dentro de la portería, en el minuto 83. Era el empate, merecido por el gran trabajo y constancia del Cádiz. A lo loco, pero trabajo y constancia al fin y al cabo.

Aunque todavía no estaba todo hecho. Los de la Tacita se quedaron con nueve ante la expulsión directa de Marcos Mauro por pegar una ligero patadón en la espalda a un rival en la lucha por un balón aéreo. Sin embargo, los bermellones no supieron aprovechar esta superioridad numérica, y sobre todo, fueron incapaces de sobreponerse a la garra de los locales, que les llevó a igualar el partido pero también a sufrir dos expulsiones, tres con la de Cervera, y que quizás pudieran haber sido más.

Al final, empate 1-1 como mal menor, que supo a victoria por las circunstancias, aunque la realidad es que el equipo nunca funcionó como tal. La defensa fue débil (se echa de menos a Sergio Sánchez), el centro del campo ni contenía ni producía y en la delantera, como es habitual, nadie mete un gol a nadie. Mientras funciona el trabajo y el tesón, las cosas van saliendo. Habría que estudiar qué ocurre para que el equipo, con todo el esfuerzo que muestra sobre el campo, nunca termine de hacer su juego con la eficiencia que mostraba en otras fases de la liga. DIARIO Bahía de Cádiz

FOTOS del Cádiz-Mallorca, AQUÍ

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