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Dando forma a la debacle

El Cádiz profundizó en la noche del viernes la enorme crisis en la que se halla sumido, en su visita al Molinón, donde cosechó su segunda derrota consecutiva, por 1-0. No se ve ningún resquicio de luz en el equipo, que no ataca y es débil en defensa. No tiene personalidad y sale ya diluido al campo, como esperando un fatídico final. Desmoralizado y con los papeles perdidos. Quizá es el momento de hacer una revolución.

JORNADA 29. El Cádiz profundizó en la noche del viernes, en paralelo al inicio de la final del Falla, la enorme crisis en la que se halla sumido en su visita al Molinón. Lejos de mostrar algún signo de mejoría tras el espantoso partido contra el Málaga, se mostró como un equipo blando, sin ideas e incapaz de sobreponerse a ningún contratiempo. Ningún jugador, ni en defensa ni en ataque, parece capaz de coger la bandera y poner un poco de orden y peso sobre el campo, y Álvaro Cervera desde el banquillo se muestra empecinado con sus planteamiento y no ofrece variantes ni posibilidades; ni tampoco otorga a sus hombres la confianza que han perdido.

La incógnita sobre quién iba a suplir la baja por sanción de Perea se resolvió cuando Nano Mesa se colocó en la izquierda del ataque (por llamarlo de alguna manera) de los amarillos. Fue menos sorpresa que José Mari acompañara a Garrido en el centro del campo y el resto de la alineación tampoco deparó ningún sobresalto, con la presencia de Giménez esta vez en el ariete.

El choque comenzó, como ya empieza a ser tradición, con los gaditanos replegados en su terreno y el rival tratando de mover la pelota para encontrar los huecos de su defensa. Aunque a diferencia que en los últimos partidos, y quizá por la leve anarquía con la que los rojblancos llevaban a cabo sus jugadas, el Cádiz pudo controlar con cierta solvencia la situación e incluso salir al ataque provocando un ligero peligro en algún córner. Y de todas formas, aunque esta fue la tónica al inicio, las mejores jugadas y que más se acercaron al gol fueron protagonizadas por el joven Manu García, la última perla norteña de Mareo. La más comprometida de estas acciones dejó a Bogdan ante Cifuentes, en el minuto 25, que repelió el veterano portero con un despeje salvador.

Esta acción parece que hizo despertar a los gaditanos, que salieron un poco de su madriguera y se acercaron con bastante mala baba a la portería Gijonesa. En el 28, Fali remató un corner en segunda jugada que despejó el guardameta, y en el subsiguiente saque de esquina, Giménez hizo lo propio al poste ante el fallo a puerta vacía de Nano Mesa. En la siguiente, Álex lanzó fuera una buena jugada, y en el 31 se vio en la banda izquierda del ataque amarillo una de las que, quizás, haya sido una de las mejores jugadas elaboradas del año, con la participación de Giménez, Espino y Nano. Y esos cinco minutos fueron todo lo que los que los de amarillo ofrecieron durante el partido. Para lo que hicieron después, ya se podrían haber ido a la ducha.

Con poco más acabó la primera parte, y la segunda comenzó con el cambio de banda entre Salvi y Nano, y con un par de corners a favor de los amarillos, en uno de los cuales Garrido se vio delante de la portería y fue incapaz de controlar la pelota. Es llamativo como un jugador como el vasco, con unos recursos técnicos tan extremadamente limitados, puede jugar en un equipo casi de élite únicamente por sus pulmones y sus dotes para la colocación. Pero este arranque fue un espejismo. En el 52, un buen centro desde la derecha del ataque local es rematado por Álvaro lejos del alcance de Cifu y puso el 1-0 en el marcador. La respuesta de Cervera fue retirar a Garrido (que estaba lesionado) y a Nano para poner en el campo a un Alejo que estuvo fatal, y al Choco que ya no llega ni a puntillita, por lo que la decoración cambió bastante poco sobre el verde.

Está más que demostrado que los amarillos no saben jugar cuando tienen que hacerlo. Como mucho consiguen un leve ímpetu mal gobernado, con carreras a lo loco, centros malos, patadones y muchos fallos que al final generan que el equipo no sea capaz de crear peligro mientras deja huecos en defensa que el rival, si tiene suficiente ambición, puede aprovechar. Fruto de este desorden, en el 64 José Mari tuvo un arrebato de pasión y propinó una entrada a destiempo a un rival, lo que le costó una roja directa y dejó al Cádiz en inferioridad.

El Gafa pensó que, ya sin nada que perder, le iba a dar otra oportunidad a Jurado sacando del campo a Giménez. Y como gran innovación táctica, retiró a Iza del lateral para ponerlo en el centro del campo, dejando a Alejo toda la banda derecha para que así pudiera practicar su mal juego tanto en defensa como en ataque. Lo mejor que hizo el extremo derecho fue conservar intachablemente su peinado. El partido se empantanó en faltas, jugadores lesionados y un juego subterráneo que no favorecía a los de la Tacita y los minutos fueron avanzando sin nada destacable que mencionar salvo la inoperancia de los amarillos y el conformismo galopante de los locales.

Y así se llegó al final. El Cádiz se traga su segunda derrota consecutiva en un partido calcado al de la semana pasada, pero que además, deja como secuelas la sanción de José Mari, la lesión de Garrido y las molestias de Salvi, que habrá que ver si están disponibles para la próxima fecha.

No se ve ahora mismo ningún resquicio de luz en el equipo, que no ataca y es débil en defensa. No tiene personalidad y sale ya diluido al campo, como esperando un fatídico final. Desmoralizado y con los papeles perdidos. Quizá es el momento de hacer una revolución, de que el técnico pase un par de páginas su libro de estilo y se lea algún capítulo nuevo. Ahora mismo el líder es un trasatlántico que va directo hacia el iceberg y tiene que ser su capitán el que mande las maniobras necesarias para llevarlo a buen puerto. Si decide seguir adelante confiando en que el iceberg se va a quitar de en medio el solo, la catástrofe está asegurada. ¿Tendrá algo que ver con todo esto la tan comentada renovación del entrenador guineano? DIARIO Bahía de Cádiz

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