El mapa de la provincia vive días de máxima atención hidráulica. Tras un invierno de lluvias torrenciales que han marcado un hito en la Sierra de Cádiz, el pantano de Guadalcacín emerge como el gran regulador de la cuenca.
Este coloso gaditano, el más extenso de la provincia con sus 800 hm³ de capacidad, se sitúa ya por encima del 90% tras alcanzar los 720 hm³. El ritmo de llenado ha sido vertiginoso, ganando casi 200 hectómetros cúbicos en apenas nueve días gracias a las precipitaciones y al aporte constante que recibe desde el embalse de Los Hurones.
Ver este “mar de interior” en tales niveles es una imagen de abundancia que no se registraba desde hace una década. El embalse se apresta ahora a soltar agua por segunda vez en su historia, un fenómeno que las autoridades prevén que se mantenga de forma espectacular durante los próximos meses, incluso hasta la llegada del verano.
Aunque las lluvias han sido intensas, las carreteras desde Cádiz hasta el embalse permanecen abiertas y el acceso hasta la presa es posible. De hecho, se ha habilitado una zona de mirador en la propia presa para que los visitantes puedan contemplar con seguridad este fenómeno histórico.
Para gestionar este volumen masivo, el sistema cuenta con dos desagües de fondo. Las autoridades confirman que la seguridad de la infraestructura está garantizada tras las inversiones realizadas por la Junta de Andalucía para modernizar el sistema y ampliar el canal de descarga del aliviadero superior.
La magnitud de este llenazo invita a una visita pausada, ya sea ahora o en los meses venideros. Muchos visitantes están aprovechando la situación para organizar una escapada de fin de semana por la Sierra de Cádiz y alojarse en El Mirador del Valle.
Ubicado estratégicamente a solo nueve minutos en coche de la presa, este punto permite explorar el entorno del gigante con la calma que requiere un fenómeno de este calibre. La experiencia de pernoctar en la zona permite disfrutar del ritual de sus desayunos camperos, donde los molletes de tortilla recién hecha, el jamón o los huevos de codorniz son el preludio perfecto antes de subir a la presa.
Es la forma de disfrutar del silencio de la naturaleza y ser de los primeros en llegar al nuevo mirador, evitando las aglomeraciones de excursionistas que suelen concentrarse en los accesos durante las horas punta.
Es, posiblemente, la última oportunidad en muchos años de ver al gigante de Cádiz en su máximo esplendor técnico. El “momento Guadalcacín” ha llegado para quedarse toda la temporada.












