CARTA AL DIRECTOR enviada por: Encarnación Martínez Galindo, de Málaga
Vamos a ver si nos aclaramos. Según Séneca, “la ira es la más sombría de las pasiones, una locura breve”.
En el siglo XXI y en plena pandemia, algunos autores afirman que hay que canalizar la energía de cabrearse y sacar provecho de ella. También según un grupo de científicos fue comprobado, hace un tiempo, que los sujetos de sus experimentos realizaban ciertas tareas físicas más fuerte y rápidas cuando imaginaban escenas molestas. Incluso se ha llegado a afirmar que una buena dosis de rabia puede tener sus ventajas de potencia y energía en la cancha (encestar tiros de campo, capturar rebotes, bloquear tiros…) y además que la cólera puede mejorar nuestra “persistencia y perseverancia ante desafíos cognitivos”.
Se han mencionado: el cabreo, la rabia y la cólera. Estos términos están dentro del campo semántico de la ira de la que Séneca escribía que “es todo agitación, desenfreno en el resentimiento, sed de guerra, de sangre, de suplicios, arrebato de furones sobrehumanos”.
Hay un término que, aunque roce la tangente de la palabra ira, sería más apropiado para reflejar lo mencionado por los autores del siglo actual y es el vocablo, “coraje”.
Según la RAE se define como: “la fuerza de voluntad, valor y decisión para afrontar situaciones difíciles, peligrosas o atemorizantes, actuando a pesar del miedo”. Derivado del latín “cor” (corazón), implica valentía física, moral o emocional”. No es temeridad. La temeridad es inconsciente. El coraje no es una imprudencia. El coraje es valiente y consciente y asimismo enfrenta dolor, sufrimiento y peligros físicos.
El coraje no saca provecho de la ira. El coraje es distinto a ella, es una oportuna virtud. DIARIO Bahía de Cádiz













