CRÓNICA JORNADA 26. El Cádiz logra un sufrido, y posiblemente inmerecido punto en Burgos tras empatar 1-1 en otro partido horroroso del cuadro de Garitano, que se muestra incapaz de generar juego y a la vez tiene una defensa que es una lotería. Y en este encuentro, pues le tocó recibir únicamente un tanto cuando el equipo burgalés gozó de innumerables ocasiones que no tuvo la pericia de transformar en gol.
Gaizka Garitano presentó como novedades en el once inicial a Joaquín y Diarra. Es curioso como ambos jugadores han pasado del ostracismo a la titularidad, lo que hace parecer que el técnico vasco está empezando a dar barzones sin mucho sentido a ver si suena la flauta y da con la tecla. Y mientras tanto, Ontiveros sigue en el banquillo haciendo sudokus. Los demás sobre el campo, los habituales, pero sin Ortuño.
Y no ocurrió nada reseñable en el terreno en la sobremesa del sábado, únicamente un manoseo y pérdida de pelota por ambos conjuntos, hasta que en el minuto 10 tras una conducción de Diakité, Joaquín dejó un muy buen pase a Dawda que remató con precisión y consiguió el 0-1 para la escuadra, habitualmente amarilla, pero azul oscuro en esta ocasión.
Pese a esto el partido continuó dentro de una aburrida monotonía, con los castellanos cada vez dominando más pero sin crear peligro real. Hasta el minuto 28 al menos, cuando Jorge Moreno sacó un remate de los locales que casi se colaba en la meta de Aznar.
A partir de ahí, los blanquinegros asediaron a los visitantes con un remate al larguero y otro que tuvo que detener el guardameta apoteósicamente, hasta que, a falta de diez minutos para el final de la primera parte, David González logra de cabeza el merecido empate.
El Cádiz estaba, pero no estaba. Simplemente ofrecía algún contrataque inofensivo o algún pase largo con escaso criterio. Fue incapaz de reaccionar al tanto de la igualada y era momentáneamente vapuleado a voluntad por un Burgos animoso, rápido, honesto y valiente, que era todo lo contrario a lo que mostraba el equipo de la Tacita sobre el verde oscuro de El Plantío. Menos mal que acabó la primera mitad con el empate, porque la cosa se llegó a poner muy chunga.
EL BURGOS NO MARCÓ DE MILAGRO
La segunda comenzó con la salida al campo de Pelayo en lugar de Antoñito. Ante el acoso de los burgaleses, la respuesta del vasco fue agazaparse aún más en su área y dejar el campo para que los locales asediasen con total tranquilidad la portería de Víctor Aznar. Nada más reanudarse el encuentro, ya tuvieron cuatro ocasiones claras que únicamente de casualidad no se convirtieron en su segundo tanto.
Los locales eran dueños del partido, con los gaditanos únicamente masticando la pelota en algunas ocasiones y sin muchas intenciones. En el minuto 68, Iza y Diakite dejaron su sitio en el campo a Caicedo y Ortuño. El portuense abandonó lesionado, y el de Mali no tuvo su mejor día dentro de la general inoperancia mostrada por el equipo cadista, que hasta el minuto 74 no se acercó a la meta rival en un disparo lejano de Diarra; y en el 78 quizá en la mejor jugada de toda la segunda parte, fue Ortuño el que no pudo batir al cancerbero rival.
Pero esto fueron únicamente breves momentos de lucidez dentro de una molicie, una apatía extraña que siempre abocaba a que, como en el minuto 80, Aznar tuviese que encomendarse a todos los santos cristianos y alguno pagano para detener los embates del Burgos.
En el 81 saltó al campo Jerónimo Dómina en lugar de Dawda. El delantero cedido por el Girona metió la ocasión que tuvo, y el resto del partido trabajó desesperadamente. El argentino tocó el balón una sola vez y le echaron una tarjeta amarilla. Convendría probar a darle algún partido desde el inicio, a ver cómo se comporta.
El encuentro fue acabando y hasta la última acción, donde el Burgos remató tres veces y no marcó de milagro, estuvo el Cádiz resistiendo de forma agónica.
ATAQUE INSOLVENTE, DEFENSA INDEFENSA
El punto conseguido, el primero de la segunda vuelta, es poco si el Cádiz quiere mantener oportunidades de alcanzar los puestos donde se lucha por el ascenso. Pero es muchísimo si se mira desde el punto de vista de los cuatro partidos seguidos perdidos, y sobre todo, desde el prisma del juego ofrecido en este encuentro.
Llega a dar penita el planteamiento tan chabacano de Garitano, y la incapacidad total de este equipo de generar juego de ataque con un mínimo de solvencia. A lo que se suma la ya por todos conocida defensa indefensa, que únicamente se apoya en la casualidad, el apelotonamiento de gente delante de la portería y la calidad mejorable de las delanteras de segunda para que Víctor Aznar no tenga que sacar la pelota de la red más veces.
En resumidas cuentas, este Cádiz es un churro. Y el responsable es el entrenador, siempre timorato y poco ambicioso. O quizás hace lo que puede con lo que tiene, que ya todos sabemos que esta plantilla es más corta que el pene de un mosquito, y los responsables de verdad están sentados en el palco mirando en el móvil cómo suben las acciones de Nomadar mientras el equipo se convierte en un suplicio insufrible que no genera ninguna ilusión y que mata las pocas que los más optimistas aún puedan atesorar en un algún resquicio oscuro de su alma torturada. DIARIO Bahía de Cádiz












