Sin el lastre mediático de zarpar con un Borbón a bordo, como hace un año con la princesa Leonor, y venderla como “una más”, el buque escuela de la Armada española, Juan Sebastián de Elcano, se ha despedido este sábado día 10 de ‘su’ Cádiz para dar inicio a un nuevo crucero de instrucción, en concreto su nonagésimo octavo periplo (XCVIII), con la mente puesta en el próximo centenario de su construcción y botadura.
Tras abandonar aguas de la Bahía de Cádiz y su habitual escala en Tenerife, cruzará el océano Atlántico durante casi un mes, antes de recalar en Puerto España (Trinidad y Tobago), San Juan (Puerto Rico), Santo Domingo (República Dominicana), Veracruz (México), Puerto Limón (Costa Rica) y la isla de Curazao.
A partir de ahí, ya a finales de mayo y sumándose a la efeméride de los 250 años de la independencia de EEUU, atracará en los puertos de Galveston, Norfolk, Baltimore y Nueva York. Su regreso a ‘casa’, a Cádiz, se prevé un poco más tarde de lo habitual, para el 31 de julio.
Por delante, casi siete meses de crucero de instrucción y la previsión de 152 días de mar y 50 de puerto. A bordo, casi 180 personas de dotación y 73 guardiamarinas (de tercer curso de carrera), y José María de la Puente Mora-Figueroa de comandante.
UN HASTA LUEGO DESDE TIERRA Y DESDE LA MAR
Sobre el mediodía de este sábado ha soltado amarras el bergantín-goleta, despedido desde tierra por familiares y amigos (y autoridades militares y civiles, como el alcalde, la subdelegada del Gobierno de España o la delegada del Gobierno andaluz), y acompañado por mar en sus primeras millas por numerosas embarcaciones “dejando una estampa marinera única y característica de la Bahía”, resaltan desde la Armada en la información trasladada a DIARIO Bahía de Cádiz.
A colación, y como en los últimos años, la asociación Cádiz con Elcano ha planteado actividades para ambientar este ‘hasta luego’ anual, y ha impulsado un doble llamamiento para convertir la salida del navío en “un homenaje colectivo, tanto desde la mar como desde tierra”.
Además, en los últimos días se han ido cumpliendo ritos y tradiciones: la ofrenda floral en el Panteón de Marinos Ilustres y la visita a la Iglesia del Carmen, en San Fernando, la recepción oficial en el Ayuntamiento de Cádiz (“en Cádiz nos sentimos parte del Elcano y el Elcano es parte de la ciudad”, dejó como titular el alcalde Bruno García en el acto), o la misa en la misma mañana del sábado en la Iglesia Conventual de Santo Domingo.
En esta ocasión, la imagen de la virgen del Rosario, la Galeona, no ha embarcado. Lo que sí ha cargado el buque escuela son una treintena de cajas con productos gastronómicos representativos de la provincia de Cádiz (vino de Jerez, aceite de la Sierra, atún de almadraba y sal ecológica), para ser distribuidas en los actos institucionales en cada uno de los puertos en los que escale. Una iniciativa del Patronato de Turismo de la Diputación.
El propósito de este crucero de instrucción anual es contribuir a la formación integral (marinera, militar, social y humana) de los alumnos embarcados, mediante la instrucción y el adiestramiento en la mar y en puerto.
Pero además, el viaje “fomenta un importante desarrollo de las relaciones personales, por la estrecha convivencia que se respira a bordo”. En paralelo, Elcano apoya la acción exterior del Estado español mediante la presencia naval en diversos puertos, y funciona como “embajada flotante”.

CAMINO DEL CENTENARIO
El Juan Sebastián de Elcano, construido en los astilleros Echevarrieta y Larrinaga de Cádiz (antecedente del astillero actual de Navantia), fue botado el 5 de marzo de 1927 y entregado a la Armada el 17 de agosto de 1928.
Lleva, pues, casi cien años en la mar con más de un millón ochocientas mil millas náuticas navegadas por todos los mares, con recaladas en más de 70 países diferentes, y once vueltas al mundo. Sólo ha dejado de navegar en los años 1937, 1938 y 1939 a causa de la Guerra Civil a raíz del golpe militar franquista contra la II República, y en 1956 y 1978 a causa de obras de gran carena.
El buque escuela lleva el nombre del marino español que dio la vuelta al mundo por primera vez en 1522, completando el viaje que había comenzado bajo el mando del marino portugués (al servicio de la corona española) Fernando de Magallanes, fallecido a mitad de travesía. Carlos I otorgó a Elcano un escudo de armas con la leyenda ‘Primus circumdedisti me’ (El primero en circunnavegarme).
Dice ser depositario de prácticas seculares, “que ayudan a formar y a curtir a las personas”: la navegación a vela, el léxico marinero, los buenos momentos en la mar, o los malos, en permanente pelea con un elemento tantas veces hostil, la estrecha convivencia, la incomodidad, la monotonía de las largas travesías, el compañerismo, el conocimiento de diversos países y gentes o el de uno mismo, se apostilla desde Defensa.












