CRÓNICA JORNADA 3. Último domingo de agosto a las cinco de la tarde. Horario de fútbol clásico dónde las haya. Y el Nuevo Mirandilla, con cerca de 17.000 personas en la grada haciendo la digestión, se abría para recibir al Albacete, y para seguir reilusionando al cadismo, a unas treinta horas del cierre del plazo estival de fichajes.
Mercado que en sus últimos coletazos ha dejado la incorporación del extremo georgiano Iuri Tabatadze, la cesión al Sanluqueño del lesionado Mwepu, y la rescisión del contrato de Gonzalo Escalante, uno de los señalados por Gaizka Garitano, junto a Sobrino y Alcaraz (despedidos formalmente también un rato después de este encuentro).
Un técnico vasco que, sobre el duelo de este domingo, apuntaba en la previa sin decir nada que “buscaremos nuestra mejor versión. Siempre buscamos llevar la iniciativa”, al tiempo que elogiaba al rival, “con talento, con los mejores jugadores en ataque de la categoría”.
En el once inicial amarillo, ante las molestias que arrastra Ontiveros, se incorporaba como novedad Brian Ocampo en los extremos junto a De la Rosa, con Suso liberado arriba y García Pascual en la delantera. Y atrás, el brasileño Aznar en la portería, y Climent, Iza, Iker Recio y Kovacevic en defensa.
No sucedía nada reseñable en los primeros minutos hasta que en el 7 se adelantaban los manchegos en una acción precedida de un manotazo en el otro área a Yussi Diarra, sangrando, que el árbitro no quiso ver. Aunque entraba en acción el dichoso VAR, y hacía recular al colegiado, anulando ese 0-1 facilitado también por una indecisión de Recio, por mano de Jefté, el autor del gol frustrado.
Con todo, el Albacete se veía algo más despierto sobre el verde que los de casa, que en el minuto 18 reclamaban con ímpetu un posible penalti a García Pascual. El mismo delantero de Benalmádena no alcanzaba a rematar poco después una asistencia medida de Suso por la derecha. Y Ocampo se inventaba una genialidad sin frutos, pero muy aplaudida por la grada. El Cádiz empezaba a desperezarse de la siesta.
Tras el ratillo de achuchón amarillo, el duelo fue entrando en un equilibrado despropósito a uno y otro lado, con dos conjuntos jugando básicamente a repeler la pelota.
Al borde del descanso (seis de añadido) se retiraba cojeante José Antonio de la Rosa, y entraba Álex Fernández. Y cuando parecía que las tablas en el marcador no las movería nadie, el charrúa definía en la perfección dentro del área grande un pase de Suso, cumpliéndose el minuto 50, haciendo el 1-0.

GEORGIA DECIDE IN EXTREMIS
Ocampo también protagonizaba la primera ocasión de cierto peligro del segundo tiempo, con un disparo desviado. El Alba, que en el 54 estaba demasiado cerca de empatar con tres remates consecutivos, trataba de dar un pasito adelante desordenando el orden amarillo, que no renunciaba a buscar el segundo. No obstante, el 1-1 se concretaba en el 58, con tanto de cabeza de Antonio Puertas.
Caicedo y Roger entraban juntos rondando el minuto 65 por los fundidos Suso y Ocampo. Este Cádiz necesitaba aire nuevo ante un rival que, por inercia, se mantenía un punto más ambicioso tras el gol.
Acercándose la recta final, los gaditanos tenían más la pelota y en la teoría miraban a la portería manchega, pero en la práctica su juego era denso, parsimonioso, no sorprendía ni amedrentaba. Y en el 85, Garitano meneaba por última vez el banquillo, sacando del campo a Álvaro García Pascual e Iza, y dando la oportunidad a Obeng y el recién llegado Tabatadze.
Se entraba en los cinco de tiempo de descuento, y el georgiano debutante llevaba el delirio momentáneo al Nuevo Mirandilla marcando en el 92 el segundo de la tarde, un tanto que ni él mismo parecía creerse cuando se veía solo ante el portero Mariño y acertaba a colarla, tras el fallo clamoroso de Bernabéu.
Los de blanco apuraban todavía a por la igualada, mas no hubo tiempo de más (salvo para la expulsión de Higinio y del mosqueado entrenador rival Alberto González), y la alegría y los puntos se quedaron en Cádiz. Y ya son siete puntitos de los nueve disputados en este arranque liguero que poco se parece al inicio del pasado curso: más por sensaciones y apetito que por juego. Y sobre todo, por el estado de ánimo del cadismo, que ha optado por olvidar de momento el palco e disfrutar de alguna manera con su equipo.
“Cuando nuestra afición aprieta, los rivales se cagan vivos”, llegó a apuntar Garitano en la rueda de prensa postpartido, mostrándose “contentísimo con el resultado y el trabajo que hemos hecho”, aunque igualmente crítico con el partido: “nos ha costado, hemos peleado hasta el final, sin claridad, y hemos ganado; es una victoria muy importante, pero muy sufrida”. “Tenemos un buen equipo, pero hay que mejorarlo. Necesitamos más potencial. Queda un día de mercado para tener una plantilla más potente”, terminaba dejando como recado el técnico vasco. DIARIO Bahía de Cádiz