CRÓNICA JORNADA 23. El Cádiz post Tabatadze (lesionado para lo que resta de temporada) estrena una nueva crisis con la derrota en el Nuevo Mirandilla ante el Granada, que pelea por huir de la zona baja, en un derbi andaluz de alto riesgo extraño, evidenciándose que el equipo este año no es tal, sino que es una colección de jugadores que actúan a su bola y que fallan estrepitosamente tanto en defensa como en ataque. Los gaditanos, pese a estrellar cuatro veces el balón en los postes, nunca dieron realmente la sensación de que podían puntuar. No en vano, los visitantes también chutaron varias veces a la madera.
Saltaron los de Gaizka Garitano con solo tres novedades reseñables en su once inicial. Volvió Diakité, la verdadera estrella de este Cádiz, a comandar el centro del campo tras su sanción, mientras Ontiveros regresó a la titularidad después de mucho tiempo y Antoñito Cordero cumplió su primera vez saliendo desde el inicio. Lo demás, lo de siempre. La alineación que los niños en los colegios se sabrán ya, imaginamos. En el otro lado, destacaba la presencia del excadista Rubén Alcaraz, que tantas noches de gloria como de ruina nos dio en su larga etapa como cadista.
El partido comenzó con un Cádiz dubitativo y sin fuste ante un Granada que apostaba por llevar el peso del balón. Pese a un par de saques de esquina de los locales, a los diez minutos en una jugada psicodélica donde la defensa amarilla fue incapaz de dar un pelotazo arriba y quitarse el peligro de encima, Álex Sola logró el 0-1 tras una ristra indescriptible de rebotes y remates que requeriría una crónica por sí sola. O varios capítulos de Oliver y Benji.
En la jugada siguiente, un precioso pase en largo de Ontiveros lo aprovechó Antoñito para lanzar al poste desde la frontal. Y desde ahí, tampoco es que el equipo local se propusiera hacerse con la dirección del encuentro para acogotar a su rival. El Granada seguía masticando la pelota ante un Cádiz cuya mejor virtud este año es la de ser capaz de meter diez jugadores al pegotón dentro del área propia y convencer al resto del mundo de que así se defiende bien.
Con todo esto, en el minuto 20 ya podrían ir 0-3, pero los de la Alhambra no acertaron en un remate cruzado que rebotó en More ni en el remate del córner posterior.
Pese al mal juego que generalmente practica, este Cádiz tiene individualidades aceptables sobre todo en la zona de ataque, y en eso se está apoyando toda la temporada para mantener unos resultados mejores que el año pasado. En el minuto 24, García Pascual volvió a enviar al poste otro disparo desde la frontal, y cabeceó el subsiguiente saque de esquina con cierto peligro, y en el minuto 31 fue una buena maniobra de Antoñito la que dejó el balón para el remate inexistente de García Pascual.
Luego, en el 35, Diakité lanzó un misil que acabó en la madera por tercera vez y cinco minutos después fue Javi Ontiveros el que remató de cabeza a las manos de Luca Zidane otro centro desde la derecha.
Llegado el segmento final de la primera mitad, lo cierto es que por su desordenado empuje los amarillos merecieron el empate, a pesar de su primitivo juego completamente previsible por los rivales.

EMPATE Y OTRO ERROR ATRÁS
Se reanudó este derbi, con menos de 13.000 personas en la grada, con una decoración parecida, pero no fue hasta el minuto 54 que los amarillos se volvieron a acercar con peligro, con una completa jugada de contrataque que acabó en un remate de Dawda que, casi en la línea de gol, envió por encima del larguero a causa de la presión de un defensa.
El Granada había cedido al Cádiz el dominio del balón, y a base de cabezonería los amarillos daban sensación de peligro hasta que lograron el empate en un remate de Álvaro García Pascual que culminaba una jugada por la izquierda con centro final de Climent.
Y tras este buen comienzo la segunda parte, de nuevo la tétrica (y cómica) línea defensiva de los amarillos adquirió protagonismo en otro inolvidable número de circo. Un débil acercamiento de los rojiblancos acabó con un calamitoso fallo de Aznar, al que prosiguió un infantil e inútil penalti de Recio que pataleó ostensiblemente por detrás a un rival. Alcaraz lo lanzó y volvió a marcar en el que fue su estadio.
La reacción del Cádiz fue tenue por no llamarla inexistente. En el 68, Garitano sacó del campo a las dos novedades iniciales para dar salida a Ocampo y De la Rosa. Lo cierto es que Antoñito demostró tener más recursos atacantes que el onubense, y que Ontiveros, pese a los pitos que se llevó de la hinchada y a su falta de físico, aporta más frescura y más ideas que el uruguayo.
A todo esto, Iza remató por cuarta vez al poste para los locales. Pero lo cierto es que a esas alturas del encuentro los de casa habían perdido el ánimo frente a un Granada hosco y antipático.
Álex y Roger salieron al terreno de juego en lugar de Ortuño y García Pascual para intentar remediar el asunto, pero su aparición quizá fue hasta contraproducente, puesto que en lo que quedaba de partido el Cádiz no se acercó más con posibilidades al área rival, teniendo en cuenta además que los últimos cinco minutos del descuento los jugó con diez jugadores tras la expulsión merecida de Ocampo: como otras muchas veces, se le fue la olla y confundió la intensidad con la agresividad desmedida hacia rivales inocentes.
NI DEFENSA CONTUNDENTE NI DELANTERA FIABLE
Tras las dos derrotas cosechadas en las últimas jornadas, el Cádiz ha perdido la oportunidad de presionar a los de la zona superior de la clasificación y se va metiendo en el pelotón de seguidores que pueden ir tanto para un lado como para el otro.
Durante el presente curso, no está demostrando tener una defensa contundente ni una delantera fiable. Tampoco tiene un estilo reconocible, más allá de jugar al pelú en las dos áreas, y con un exceso evidente y desesperante de centros laterales.
Quizás es porque no está Suso, ni el ímpetu de Tabatadze, o que Ontiveros sigue en una interminable baja forma, o que Ocampo está siendo más un lastre que una solución, que Dawda para meter una falla tres o que García Pascual tiene que luchar hasta con el utillero del equipo rival, pero cuesta trabajo recordar un partido donde el equipo haya jugado mínimamente con algo de soltura.
Y si a eso encima se le suman los groseros errores defensivos como los de hoy, pues mal vamos. La temporada es muy larga y todavía queda tiempo para luchar por el play off. Pero también queda tiempo para que nos vayamos acercando a los de abajo. DIARIO Bahía de Cádiz












