Curiosamente en la antesala de las elecciones municipales de 2023, el Ayuntamiento de San Fernando aseguraba que ya contaba con un proyecto para llevar a cabo la recuperación y puesta en uso, en plena calle Real, de la Casa Lazaga (como futura segunda sede administrativa municipal), y que estaba en disposición de iniciar los trámites para licitar las obras de rehabilitación.
Dicho y hecho… solo han tenido que pasar casi tres años para que el mismo Gobierno local liderado por Patricia Cavada, a poco más de un año de las próximas municipales de 2027, confirme que al fin ha sacado a licitación la ejecución de dichos trabajos.
Actuación que tiene como antecedente, tras muchas denuncias desde la oposición, trabajos de emergencia y consolidación entre 2018 y 2022: de rehabilitación de la estructura, impermeabilización de cubiertas y reparación de la fachada, para frenar la degradación de esta finca de finales del siglo XVII.
Los trabajos están presupuestados en principio en hasta 4,2 millones de euros, y en teoría deben ejecutarse en un máximo de 15 meses desde su inicio.
En la nota remitida a DIARIO Bahía de Cádiz, la propia Cavada excusa que los proyectos de recuperación del patrimonio histórico “son siempre complejos, y en este caso se ha desarrollado un trabajo exhaustivo y riguroso, dando como resultado un proyecto ambicioso que permitirá a San Fernando recuperar un edificio arquitectónico de enorme valor patrimonial”.
MODERNIZACIÓN COMPATIBLE CON LA PROTECCIÓN PATRIMONIAL
La intervención prevista permitirá adaptar el edificio, abandonado durante años, a su nuevo uso, dotándolo de las instalaciones necesarias y mejorando sustancialmente su accesibilidad mediante la incorporación de un ascensor y nuevos núcleos de comunicación vertical. Asimismo, se garantizarán las condiciones de seguridad, evacuación y eficiencia energética exigidas por la normativa vigente, “siempre de forma plenamente compatible con la protección patrimonial del inmueble”.
El edificio cuenta con tres plantas de altura hacia la calle Real y tres plantas hacia la calle Mayorazga, diferencia que responde al desnivel existente entre ambas vías, de aproximadamente cinco metros. La construcción se organiza en torno a dos patios principales.
El primero de ellos, de traza barroca y gran belleza, conserva las proporciones originales y las galerías en planta baja. Frente a este patio se sitúa la escalera principal, una escalera de tres tramos, de gran riqueza ornamental y en buen estado de conservación. Tras ella se dispone una crujía y un pórtico que separan el patio principal del patio trasero, el cual se adosa en uno de sus lados a la calle Mayorazga.
La rehabilitación busca recuperar elementos de alto valor patrimonial, como carpinterías originales, revocos de cal pigmentados en el patio, la fachada isabelina del siglo XIX con su cerrajería catalogada, la escalera monumental con bóvedas y yeserías, carpinterías históricas, techos desmontados para su restauración, solerías hidráulicas, aljibes, una antigua alquería y parte de la fachada posterior. También se restaurarán pinturas existentes, se incorporará iluminación ornamental y se cubrirá la montera del cerramiento.

DE FINALES DEL SIGLO XVII
Esta finca, ubicada en el número 157 de la calle Real, y catalogado con el máximo nivel de protección dentro del Plan Especial de Protección y Reforma Interior del Casco Histórico (Peprich), fue adquirida por el Consistorio en el año 2001, y en ella en principio se planteó ubicar un hotel escuela, que nunca ha terminado de concretarse.
Con una superficie edificada de algo más de 2.000 metros cuadrados, en dos plantas y un sótano, y ya en un estado de degradación avanzada, en el verano de 2014 el entonces gobierno de PP y PA esbozaba en este palacete el museo Camarón de La Isla, pero poco más se avanzó en esta ocurrencia. De hecho, el siguiente bipartito, de PSOE y PA, desechó esa idea y emplazó ese museo en un nuevo edificio levantado gracias a fondos europeos junto a la Venta de Vargas.
Se trata de una casa palacio construida a finales del siglo XVII, con una importante reforma en el siglo XIX durante el periodo isabelino. Uno de sus propietarios, José María Lazaga y Garay, fue el que le dio, tras adquirirla en 1868, la fisonomía de casa palacio actual al ornamentarla y transformar su fachada, en la que sobresale la cerrajería.













