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“Cadena humana” en Cádiz por los DDHH: “tenemos que seguir empujando para conseguir cambiar este sistema injusto y depredador”

Se acaban de cumplir 72 años de la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Y la Apdha ha cerrado este sábado en la capital con un simbólico acto reivindicativo las actividades que ha ido desarrollando en localidades de la Bahía y la Janda para recordar esta efeméride y denunciar a la vez que la crisis generada por el coronavirus está teniendo “consecuencias devastadoras” para el cumplimiento de los derechos humanos; “ha puesto en cuestión muchas de las que se consideraban bases indiscutibles del sistema económico, social y político”.

El pasado 10 de diciembre se cumplieron 72 años de la aprobación por la ONU de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Y la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (Apdha), que precisamente ese jueves recogía el quinto Premio Jesús Gargallo a la Defensa de los Derechos Humanos, la Igualdad y la Dignidad otorgado por el Ayuntamiento de Cádiz, ha cerrado este sábado en la capital las diferentes actividades que ha ido desarrollando en localidades de la Bahía y la Janda (condicionadas por la pandemia) para recordar que “tenemos que seguir empujando para conseguir cambiar este sistema injusto y depredador para que todas las personas vean respetados sus derechos y dispongan de lo mínimo indispensable para vivir con dignidad, con epidemia o sin ella”.

Esta entidad, que ha pedido a todos los ayuntamientos de la zona que coloquen pancartas alusivas al día con el lema ‘Derechos Humanos ¡más que nunca! Necesarios, urgentes’, convocaba este sábado a mediodía en la plaza de San Juan de Dios una “cadena humana” con lazos de colores anudados para, además de mantener las distancias preventivas de la era coronavirus, “visibilizar que tenemos que crear redes, sinergias y complicidades para cambiar este mundo injusto”. Además de la lectura de un manifiesto, participaba en el acto con música Son de Maguey.

Una conmemoración, la de los DDHH, que se realiza en un contexto diferente a la de los años anteriores, pues la crisis desatada por el Covid-19 “ha puesto en cuestión muchas de las que se consideraban bases indiscutibles del sistema económico, social y político”. Un sistema que “se ha demostrado incapaz de proteger a la ciudadanía porque está construido sobre la avaricia y la codicia, las necesidades del mercado y el afán desmedido de lucro; que olvida a la mayoría de las personas en beneficio de unos pocos”.

Para la Apdha, si algo enseña esta crisis, “es la necesidad de fortalecer los servicios públicos, la sanidad, la educación pública, los servicios sociales, las políticas de protección, abandonando la pulsión neoliberal que pretende desmantelarlos y privatizarlos para favorecer el lucro indecente de unos pocos a costa del bienestar y la vida digna de la inmensa mayoría”. Mientras las “medidas paliativas” tomadas hasta el momento por el Gobierno de España, “a pesar de ser positivas -como la extensión de los ERTE o el Ingreso Mínimo Vital, lento y excesivamente burocratizado- están siendo muy insuficientes”.

“ES DIFÍCIL COMBATIR UNA PANDEMIA CON UN SISTEMA ENFERMO”

En dicho manifiesto, recogido por DIARIO Bahía de Cádiz, se incide en que el impacto que la pandemia ha tenido sobre los derechos humanos “ha sido devastador, acrecentando las situaciones de exclusión y marginación que ya se vivían por una parte importante de la población y reduciendo tanto los llamados derechos sociales, como las denominadas libertades públicas”.

La Apdha se acuerda principalmente, en estos tiempos de Covid-19, restricciones y confinamientos, de las personas sin hogar (“planteamos la congelación de los desahucios, un parque público de vivienda social en alquiler y la Renta Básica como medidas imperiosas”); de “nuestros mayores aislados” (“estremece la frialdad de quienes han hecho de la necesidad el gran negocio de la crueldad”); las personas migrantes (“se han agravado la falta de garantías de los derechos de las personas recién llegadas”); las personas presas y sus familias; las mujeres que sufren violencia machista (sobre todo, las que se han visto forzadas a convivir con su agresor durante el confinamiento); y las llamadas “las últimas entre las últimas”: trabajadoras sexuales, mujeres migrantes, temporeras, contratadas en origen o en situación irregular, las trans y travestis, las mujeres presas, las internas, las empleadas de hotel o las trabajadoras de hogar y porteadoras transfronterizas.

También abunda este manifiesto en la situación de la sanidad pública, “debilitada por las privatizaciones”; en un sistema educativo cuyos recursos “no son iguales para todos”, teniendo en cuenta que la escuela online obligada por la pandemia “ha dejado fuera al alumnado más vulnerable”; y en la “deriva policial” que se ha utilizado para el control de la movilidad, especialmente durante el confinamiento en casa de la pasada primavera: “consideramos que la actuación policial no debe enfocarse principalmente desde medidas coercitivas sin tener en cuenta otras alternativas a la mera imposición de sanciones”.

“Lamentablemente, hemos podido constatar lo que ya sabíamos, y es que, en esta como en todas las grandes crisis, siempre pierden los más débiles, los más humildes, los que tienen menos posibilidades de resistir. Este mismo sistema basado en esos valores depredadores, no sólo no parece capaz de enfrentarse, sino que por el contrario profundiza la grave emergencia climática y crisis medioambiental que padece el planeta, cuya urgencia ya casi nadie niega y que a veces se manifiesta de forma más o menos directa en pandemias como la que ahora sufrimos”, se subraya.

“Tenemos que seguir empujando –sentencian el comunicado por el 10-D de la Apdha- para conseguir cambiar este sistema injusto y depredador, para que todas las personas vean respetados sus derechos y dispongan de lo mínimo indispensable para vivir con dignidad”.

Pero hay más, en medio de esta crisis “sin precedentes”, esta entidad también observa “cómo la derecha más extrema alimenta la confrontación y el discurso del odio cuestionando la propia democracia y los derechos humanos y boicoteando los avances imprescindibles para la mayoría de la población”.

Afortunadamente, también está la otra cara: la pandemia y sus consecuencias socio-económicas “también ha puesto en valor la inmensa solidaridad de muchos ciudadanos con sus vecinos y con la gente más desfavorecida y que peor lo está pasando. Esa solidaridad nos honra como sociedad”.

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