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Tocar las palmas con las orejas


Puede que sea por la edad pero para mí que la marcha acaso imparable hacia una situación en la que acabaremos tocando las palmas con las orejas sigue su curso de manera tal vez irremediable. Si alguien me preguntara adónde vamos ésa sería mi respuesta: a tocar las palmas con las orejas. Se observa a diario, en los programas de televisión, en los informativos más concretamente, donde el info-entretenimiento aumenta de forma espectacular: el otro día nos enteramos de que un gorila nació por cesárea, por ejemplo. Para dar éstas y otras “noticias” se dejan a un lado cientos o miles de noticias auténticas.

Por la calle y en la universidad cada vez veo a más personal vestido de gringo, con camiseta o con atuendo diseñado a base de las barras y las estrellas de un país que ha decidido olvidar sus raíces ilustradas para apostar por el mercadeo a cualquier precio y edad, por el aislamiento intelectual y espiritual y además por implantarle este despropósito al resto del mundo y el resto del mundo se está dejando dar por ahí. Es la moda, dice un experto en el asunto. ¿Quién impone la moda? Cuatro listos en función de las disponibilidades de materias primas y del estado de ánimo de “las masas”. Hasta los chinos dejaron la moda del cuello Mao, ahora somos nosotros los uniformados, así se hacen las cosas, metiéndoles a las gentes en la cabeza que son libres y van a la moda, no matando al personal en la plaza de Tiananmen, estos comunistas nunca poseyeron estilo ni “glamour” para conducir voluntades.

Tengo claro que mis alumnos, en su inmensa mayoría, ya son más estadounidenses que europeos y que los profesores del relevo generacional nos acercan asimismo a una enseñanza técnica en ciencias sociales y humanidades porque ellos, en gran número, carecen a su vez de una preparación sincrónica adecuada, carencia derivada de planes de estudios endebles y del contexto mediático y familiar en que han crecido. En la música que suelen escuchar e interpretar los jóvenes, hay cada vez menos atisbo de rasgos musicales franceses, italianos, portugueses, ingleses o españoles, es una música gris que ni siquiera enlaza con la gran música de los años cincuenta del siglo pasado que se dio en los propios Estados Unidos.

España fue un tiempo el país más anti-yanqui de Europa. En 1898 EEUU nos dio una lección cargándose en un momento nuestra flota en Cuba, nuestros barcos de madera contra los suyos acorazados porque EEUU había abrazado una revolución industrial que le llegó de Inglaterra-Europa pero que España-Castilla ignoró a excepción de España-Euskadi y de España-Cataluña, algo que, en parte, explica el conflicto nacionalista que aún arrastramos. Como se sabe, el desastre del 98 originó una generación de cerebros a los que apenas les hemos echado cuenta y también seguimos pagando esa ignorancia.

Tampoco a Franco le gustaba EEUU hasta que Eisenhower vino a España en los años cincuenta del siglo pasado y llegó al acuerdo de utilizar nuestro suelo para sus intereses militares. Y ahí seguimos. Ahora sí que estamos en la modernidad y el progreso, lo consumó todo Felipe González en 1986 con la entrada en la OTAN. Entre el desastre del 98, la dictablanda de Primo de Rivera, la dictadura de Franco y el no haber participado en las dos guerras mundiales nos habíamos quedado para vestir santos, nunca mejor dicho. Y eso que llamamos el progreso llega con la guerra, qué le vamos a hacer… Pero aún seguimos en olor de santidad, ahora, después de los carnavales, toca hacer penitencia por nuestros pecados y nuestra conferencia episcopal cambia todo para que todo siga igual mientras un papa afirma cosas llamativas y persuasivas sin concretar nada.

O sea, que entre la simpleza gringa y el atraso made in Spain, todo en su contexto, el palmeteo orejudo está cada vez más cerca, como Dios no lo remedie enviando otra vez a su hijo con el látigo porque aquí, en occidente, casi nadie se mueve, el personal sigue cultivando sus orejas en los gimnasios para que alcancen el tamaño adecuado con vistas a ese ejercicio final, el “finale enérgico palmario”, homenaje al Pato Donald y a Pluto, los patrones de las extremidades auditivas. “Más Platón y menos Prozac”, no, “más hamburguesas dobles y menos Sócrates”. Menos o nada que es mejor todavía. Y los que se muevan que sean víctimas de los nuevos golpes de estado: mucho personal en una plaza, represión oficial, más violencia, más represión y al final la persona elegida en las urnas, al exilio, como le ha pasado al presidente de Ucrania y le puede pasar a Maduro y después a Correa y luego a Morales porque una cosa es el ciudadano que vota como el Pentágono manda y otra esos individuos que se equivocan de papeleta y votan al que no está bendecido y encima tiene la culpa de todo lo que le pasa después.

Los universitarios, en la universidad pública que conozco en España, llevan a término su viaje fin de carrera de la siguiente forma, verbigracia: los más adinerados, a la Ruta Maya; los intermedios, a Praga, los menos, a Roma y los que rechazan esta herejía y los nada afortunados por la madre pecunia se quedan en la biblioteca a estudiar o a viajar por Internet. Grupos, grupitos y grupúsculos, ya no hay clase como comunidad, hay clases sociales. Me dan ganas de organizar con los “pobres” un viaje como los de toda la vida: autobús, filetes empanados, tortillas de patatas, guitarras…, yo me visto de cura y nos vamos a la Playa de la Victoria, en Cádiz, cantando por el camino: “Vamos de paseo/ en un coche feo/ pero no me importa/ porque llevo tortas”. Y si no nos llegara tampoco el dinero, a Matalascañas, en Huelva, con los bañadores meyba entonando por la cantaora Perlita de Huelva: “Precaución, amigo conductor,/ la senda es peligrosa”.

Cuando llego a casa me tropiezo con un papelito que me trae mi hija del colegio. Pretenden que digamos quién lava los platos, quién friega, quién recoge la mesa, quien baña a la niña, si papá o mamá. La papanatada “progresista” sigue su curso, la “nueva” ramplonería son las listas cremallera, el tiempo de batir palmas con las orejas se caracteriza, como es natural, por el hecho de que ya no se piensa sobre la base de las partes altas de la anatomía sino a partir de las zonas bajas y, en concreto, de la entrepierna, como en Hollywood y en la Publicidad que son casi lo mismo. De meterle mano a los que evaden impuestos o ejercen economía sumergida, nada de nada y mira que han tenido años. De limpiar el país de franquismo, nada de nada y mira que han tenido tiempo. De imponer por decreto la igualdad de la mujer (que ya está en la Constitución), nada de nada, de separar iglesia y estado y construir escuelas públicas y que el que tenga ganas y pasta que se pague la enseñanza católica, nada de nada y mira que han tenido tiempo. De construir guarderías infantiles en los centros de trabajo, nada de nada y mira que han tenido tiempo. De enviar inspectores laborales para que tomen nota de la nueva esclavitud laboral para, a su vez, terminar con ella, nada de nada. De construir una banca estatal y regular bien los mercados, nada de nada y mira que han tenido tiempo pero se han unido al discurso neoliberal porque esa progresía es una pata de lo neoliberal pero en converso que es peor porque los neoliberales tienen su lógica y sus principios. Todo se resume en una frase: dar poca importancia a lo que la tiene y mucha a lo más anecdótico. Cientos de proyectos se subvencionan para seguir con lo anecdótico mientras no hay arrestos para acometer medidas contra las causas radicales que originan determinados fenómenos.

Será curioso observar cómo se canta una sevillana tocando las palmas con las orejas, o cómo se pide la oreja de un toro para un matador (de toros) tocando las palmas con las propias orejas de los aficionados a pedir orejas de toros, o comprobar cómo se celebra un gol con palmas orejudas o cómo se aplaude a un político en un mitin o en el parlamento mediante el sonido de las orejas en movimiento palmero, o cómo se celebra lo bien que canta un presunto artista de la música a través del sonido musical de las palmadas pestorejeras, o cómo muestran su alegría hacia su jefe de “tribu” los seguidores de todos esos “quioscos” que han montado desde la izquierda y la derecha para liar aún más a la gente y contribuir a que, en efecto, llegue antes el periodo de las aurículas, etc., etc. El cerebro y las manos pasan a ser elementos muy subsidiarios.

Señoras y señores, ante todos ustedes y ustedas, el comienzo de una nueva era, la de las orejas palmeras que, sin duda, será más feliz que la actual que va muriendo pero también, sin duda, más llena de cerumen y de sordera porque el ruido orejudo no permitirá distinguir las voces de los ecos.

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