DIARIO Bahía de Cádiz
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You said you want a revolution, well, you know (primera parte)


El año en que yo nací, 1968, los Beatles grabaron un tema, Revolution, que comienza así:

You say you want a revolution
Well, you know
We all want to change the world
You tell me that it’s evolution
Well, you know
We all want to change the world
But when you talk about destruction
Don’t you know that you can count me out…

En fin, medio siglo después, la canción sigue teniendo plena vigencia y parece compuesta a propósito para alguien como Pablo Iglesias que ha salido hablando por televisión del “uso democrático” de la guillotina y que parece tener su propia revolución en marcha. En la calle todo el mundo habla de él; y para no ser otro más de los que opinan sin haberse leído el programa de Podemos, esta semana he visitado su página web. ¿Hasta qué punto estoy de acuerdo con dicho programa?

Se trata de un documento de 36 páginas dividido en 6 apartados. En ellos Podemos se propone “construir la democracia” a base de “recuperar la economía, la fraternidad y la tierra” y de “conquistar la libertad, la igualdad y la soberanía”. Suena bien; veamos qué hay detrás de los eslóganes. Hoy le echaremos un vistazo al primer apartado: “Recuperar la economía, construir la democracia”.

Estamos de acuerdo en que el salario mínimo interprofesional en España es indigno; y las intervenciones de políticos y miembros de la patronal, en el sentido de pagar un salario incluso inferior, resultan más indignas aún. España tiene un problema demográfico en lo relativo a la población perteneciente a la Tercera Edad, y la baja tasa de natalidad se viene prolongando desde hace bastantes años sin que se haya hecho nada serio al respecto. El “cheque bebé” no sólo no es una medida social sino que es profundamente injusta, ya que repartía la misma cantidad para todo el mundo, tanto si tenía un millón de euros en el banco como si vivía en la indigencia. La clase política debería meterse en la cabeza de una vez que con salarios de esclavo no se fomenta la formación de nuevas familias. Pero la casta sólo parece preocupada por el mantenimiento de sus privilegios y en eso estoy de acuerdo con Podemos. Pero, ¿no acabarán ellos formando parte de la casta también?

Entre otras cosas, Podemos defiende la jornada laboral de 35 horas semanales y la jubilación a los 60 años, la prohibición de los despidos en las empresas que tengan beneficios y el incremento del salario mínimo interprofesional. En todo eso puedo estar de acuerdo, pero lo que Podemos no explica es cómo se las va a arreglar para impedir que las empresas que hay en España —ante el lógico incremento de los costes laborales que implicarían las medidas anteriores— se vayan de aquí y localicen su producción en otros países de la Unión Europea; no hablemos ya de fuera, en China, India o Pakistán donde los costes de producción son mucho menores porque trabajan hasta los niños. Es de suponer que Podemos tendría, para ello, que prohibir por decreto el fenómeno de la deslocalización, si es que tal cosa resulta posible. A la postre, equivaldría a que hubieran empresas estatales que se encargaran de producir todo aquello que no fuese rentable; o, dicho de otra forma, sería un primer paso de vuelta hacia el comunismo, sistema económico sobre el cual uno tiene todo el derecho a sentir la nostalgia que quiera pero que ha resultado ser un desastre en aquellos países en los que se ha implantado.

También frente a lo que se viene diciendo, Podemos no se niega a pagar en bloque la deuda exterior de España, sino que proponen una auditoría destinada a comprobar qué parte de ella podría considerarse ilegítima. Además, defienden la derogación del artículo 135 de la Constitución Española, que nos fue impuesto desde fuera y para cuya aprobación se pudieron de acuerdo PP y PSOE con insólita rapidez. Es verdad que el rescate a las cajas de ahorros, que se está viendo que eran como las cuevas de Alí-Babá y que durante años han condonado a los partidos políticos sus deudas, entre otras tropelías que ya conocemos, se ha efectuado a costa de los impuestos de los sufridos ciudadanos. A mí, la idea de la auditoría me parece interesante; no obstante, esta debería llevarse a cabo, para que se hiciese con un mínimo rigor, por un organismo independiente. ¿Y quién podría llevarla a cabo, que estuviese libre de influencias indeseables, presiones o extorsión?

Estoy de acuerdo en la limitación del salario máximo vinculándolo con el salario mínimo interprofesional, pero sólo en lo que se refiere a los empleados cuya remuneración salga de las arcas del estado; en particular, los políticos y el personal directivo de las cajas de ahorros. Aquellos deberían disponer de la misma jubilación que el resto de los españoles. En cuanto a los directivos de las cajas, que se acabe con los despidos millonarios pagados por toda la ciudadanía. Eso sí, la empresa privada que haga lo que quiera.

Tampoco estoy de acuerdo con la derogación que proponen del artículo 135 de la Constitución Española porque se debe limitar, de alguna forma, la capacidad de gasto de las Comunidades Autónomas. Es verdad que esta reforma de la Constitución nos vino impuesta desde fuera y que PP y PSOE se pusieron de acuerdo con sorprendente rapidez para llevarla a cabo, por si a alguien le quedase alguna duda de quién manda en este Cuarto Reich Económico en el que nos encontramos. Pero la limitación del despilfarro de las Autonomías es una cuestión que deberíamos, hace mucho tiempo, haber abordado nosotros mismos. Como eso no ha sido así y todos han gastado en estos años como si el dinero creciera en los árboles —en los árboles de los jardines alemanes—, pues nos lo tienen que imponer desde fuera. Y esto es lo vergonzoso, que nos tengan que decir lo que tenemos que hacer, porque nos comportamos como niños. Sólo a los niños hay que decirles cosas básicas como “no se puede estar pidiendo dinero continuamente”.

También hay que decir que el programa económico de Podemos no se limita a España, puesto que se plantea cosas tales como la democratización del Banco Central Europeo, nada más y nada menos. Cosa con la que podemos estar de acuerdo, pero que no sabemos cómo puede llevarse a cabo. La idea de la creación de una Agencia Pública Europea de Rating también es interesante, dado el daño interesado que, en cada momento, pueden infligir este tipo de organismos a la economía de un país europeo determinado, con sus calificaciones.

Siempre pensé que la privatización de las compañías eléctricas se convertiría en una pesadilla para el ciudadano y no me he equivocado. Pero quizá lo que propone Podemos sea exagerado, porque en mi opinión la empresa privada debe seguir existiendo. Creo que el Estado debe mantener sólo aquellos servicios públicos que sean verdaderamente necesarios para el ciudadano —entre los cuales, por supuesto, no incluyo a las televisiones— y cuya explotación no resulte rentable a la iniciativa privada. Comprendo que cierta gente pueda ponerse nerviosa solamente leyendo una frase como esta:

Recuperación del control público en los sectores estratégicos de la economía: telecomunicaciones, energía, alimentación, transporte, sanitario, farmacéutico y educativo, mediante la adquisición pública de una parte de los mismos, que garantice una participación mayoritaria pública en sus consejos de administración y/o creación de empresas estatales que suministren estos servicios de forma universal.

Podemos admite la posibilidad de la privatización de propiedades públicas, pero entiende que estas deben aprobarse mediante referéndum, con lo cual estoy completamente de acuerdo. Además, plantea la idea de llevar a cabo una auditoría “del coste real del sector energético eléctrico”; de acuerdo también. Lo de la “unificación de costes energéticos en toda la UE” es algo que, aunque deseable, lo veo más bien utópico, puesto que, una vez más, ese objetivo se escaparía totalmente de la capacidad de maniobra de Podemos, aunque este partido llegase a gobernar en España. Otras medidas que me parecen utópicas son las del fin del secreto bancario y la unificación de los sistemas contables europeos. Esto, en particular, sería bastante deseable porque, en el maremágnum económico en el que nos encontramos desde hace tiempo, la contabilidad de cada empresa dice lo que el contable quiere. Podemos también defiende la implantación de la Tasa Tobin y la desaparición de los paraísos fiscales existentes en el seno de la UE, pero debemos insistir en que todo esto, más que medidas, es simplemente wishful thinking.

También resultaría deseable que se aplicasen mayores impuestos a las grandes fortunas y la eliminación de instrumentos financieros como las SICAV. Se dirá, por el contrario, que ese tipo de medidas lo que provocarán es un descenso en el flujo de capital que nos llega procedente de inversores extranjeros, pero también es verdad que gran parte de ese capital es puramente especulativo y no productivo, por lo que el conjunto de los ciudadanos no se benefician en absoluto de que fluya o deje de fluir. También sería discutible el efecto que sobre nuestra economía tendría la aplicación de un menor impuesto de sociedades.

Una de las medidas, y con esto concluyo por hoy, más criticadas que se proponen es la del establecimiento de una renta básica para todos. Naturalmente, no se nos dice de dónde va a salir el dinero necesario, aunque quizá podría establecerse esa renta básica si los políticos que nos gobiernan, de pronto y de golpe, dejaran de robar. Aún está por ver que los de Podemos vayan a comportarse honradamente, entre otras cosas porque la codicia y el egoísmo no entienden de siglas políticas, son connaturales al ser humano y se encuentran a derecha y a izquierda. La economía mejorará en el momento en el que todos nos demos cuenta —y en particular nuestros políticos, banqueros, empresarios y patronal— de que para que esta funcione todos debemos ganar un poco, y no unos ganarlo todo y el resto, nada. Eso conduce a la situación en la que nos encontramos hoy, en la que es común ver a la gente buscando comida en los contenedores de basuras. DIARIO Bahía de Cádiz

más opinión Marcos Fernández

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