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Días de pan y ¿de rosas?


Días de anuncios de perfumes, colonias y demás pócimas olientes en versión original, de morenos y morenas en bañadores blancos luciendo curvas, tabletas de chocolate y miradas insinuantes. Marineros que llevan la proa hasta el balcón de la amada, o amado, con el único objetivo de darse un pico mientras se reconocen el olor a ella, a él. Nos venden la belleza, el sexo, la hombría, la seducción… en frascos de diseño, eso sí, en inglés, en francés, en italiano…, no se trata de entender, ni siquiera de ser, solo de oler, de oler.

Semana de transición entre los villancicos y las uvas, entre la familia y los amigos, entre cenas con cuñaos y los primeros trajes de noche y corbatas en cuerpos adolescentes. Semana de inocentes convertidos en santos, y la sociedad lo celebra mofándose de la inocencia del otro. Días de vacaciones escolares, de cajas de juguetes en la basura, de comidas de sobras de cenas, y de cenas en las que bebemos y comemos como si fueran la última.

Semana de empacho electoral y de discursos vacuos, previsibles, de reyes, alcaldes, presidentes de comunidades de vecinos y autonomías, de Más y de Susana, el uno y la otra en el idioma de la farsa, de la sobreactuación escénica -con acentos irreconocibles, ni en Triana ni en Girona se habla así-, dejando claro que es puro teatro, que solo son actores malos en esa función de supervivencia, de su supervivencia. Tiempos de argumentarios elaborados en sede, en los que lo importante es mentir hasta “la Victoria final”, ya está mal visto decir “son de ETA” ahora es “quieren romper España”. Semana en la que el PSOE focaliza su frustración en su izquierda, ¿olvida la derecha?, o es que ¿ellos mismos se sienten derecha?

Días de intrigas palaciegas, de “asesinatos en el comité central”, y de “salvar al soldado Pedro”. Semana de aritmética, de sumas y restas sin más, semana de pan, de lo inmediato, de las frases hechas, de lo posible, ¿de lo posible? Parece que se prefiere pensar en el “esta tarde” y no en el mañana, da la impresión que lo que importa de verdad es si se desaparece o no.

El pan es necesario en primera instancia, pero el pan sólo da para poco, nos faltan las rosas, las rosas que sin pan, solas, son quimera, pero junto a éste le da el sentido; al contrario, sólo con pan se sobrevive, no se vive. Las rosas como futuro traído al presente, como igualdad, como solidaridad, como respeto a la diversidad, como libertad.

Dice una vieja canción (de James Oppenheim), tomada como bandera en luchas de mujeres y hombres, y que dio el guión y titulo a la película de Ken Loach ‘Pan y Rosas’: “Si, es el pan por lo que peleamos, pero también peleamos por la rosas”. DIARIO Bahía de Cádiz

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