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Nos vamos al cine: ‘Greenbook’

CRÍTICA. Las conquistas de los derechos sociales no se han logrado ni se lograrán de forma inmediata, porque nacen de pequeños actos que, como semillas, germinan dando lugar a un sentimiento de empatía y solidaridad que florece y se transforma en lo que hoy llamamos “igualdad”. Esta hermosa historia, inspirada en un hecho real, consigue que recapacitemos sobre la dificultad de la lucha por los derechos civiles y del camino que aún está por llegar. Todo ello, con una sonrisa en los labios y un elenco de actores en estado de gracia.

CRÍTICA. La historia en ‘Greenbook’ se cuenta a través de la convivencia de los dos personajes principales a lo largo de un viaje que marcará sus vidas. Frank Vallelonga, un italoamericano blanco casado y con hijos que se gana la vida como segurata en clubes nocturnos, es contratado para llevar al pianista Don Shirley a lo largo de una gira de conciertos. Estamos en los años sesenta, Shirley es un músico negro y la gira tendrá lugar en el sur de los Estados Unidos, donde predomina la discriminación y los abusos raciales. Este escenario, que solo augura catástrofe, servirá como telón de fondo del nacimiento de una profunda amistad para ambos.

Se trata claramente de una historia escrita para el lucimiento de los dos protagonistas principales. La selección de los actores debió ser crucial, y la química que desprenden Mortensen y Mahershala Ali da prueba de ello, lo que les ha merecido nominaciones a los Oscars por sendos papeles.

Dos personajes tan dispares como parecidos nos mostrarán, a lo largo de la historia, que sus máscaras de hombres fuertes y decididos encierran una gran vulnerabilidad. Sus almas se dan la mano para tirar una de la otra y acercarse al corazón de su compañero de viaje. Es fácil sentirse identificado con rasgos de ambas personalidades, ya que se trata de una historia de gran humanidad y ternura.

A pesar de que gran parte de las escenas transcurren en el interior de un vehículo, la acertada dirección de Farrelly (‘Algo pasa con Mary’) consigue que el espectador no se sienta atrapado sino que, al igual que los personajes, disfrute de un viaje en un espacio donde se invita a la reflexión dispensada con suaves toques de humor que despertarán sonrisas sinceras, más que carcajadas.

Esta cinta cumple su propósito con creces, ya que el espectador entra con buena disposición en un viaje de amistad, entendimiento, empatía, descubrimiento y transformación. Se saborea como una buena comida hecha con amor y en cantidades generosas. Directa al corazón y a nuestras consciencias.

— Lo peor: La falta de un mayor dramatismo puede hacer que ciertas personas consideren que se ha quedado a medio camino de ser una película redonda.

— Lo mejor: Sin lugar a duda las interpretaciones de sus dos actores protagonistas. DIARIO Bahía de Cádiz

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