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Nos vamos al cine: ‘El reino’

CRÍTICA. Tal vez estemos todos dentro de un circo en el que hemos vivido completamente anestesiados durante años. El tiempo suficiente para que la corrupción se haya establecido como un mal endémico, tan arraigado en nuestra sociedad, que nos daría pánico descubrir hasta donde llegan sus raíces. El director de ‘Stockholm’ (2013) y ‘Que Dios nos perdone’ (2016) nos adentra en una trama intrigante y extraordinariamente dirigida, que nos hará sobrecogernos en nuestras butacas al entrar en la intimidad de la corrupción política más descarnada.

CRÍTICA. Manuel es un alto cargo de la política regional de un partido en el gobierno. Junto con otros altos cargos, forman parte de un entramado de mordidas y blanqueo de dinero en una trama de corrupción. Cuando todo sale a la luz, Manuel es el primero en caer y todo su partido decide cerrar filas y usarle como cabeza de turco. Sin embargo, él está decidido a no agachar la cabeza y lucha con todo lo que tiene a su mano para conseguir que caigan aquellos que ahora le repudian.

La película que Rodrigo Sorogoyen nos presenta, ‘El reino’, es un retrato realista, y sin maquillajes de ningún tipo, del mundo de la corrupción política en nuestro país. El arranque de la cinta no podría haber sido más acertado; con una radiografía perfecta de los cientos de encuentros que se han estado sucediendo, desde que el mundo es mundo, entre políticos corruptos en los que las comidas de cientos de euros se ponían en las mismas mesas que los sobres o, en este caso, las libretas donde se anotaban movimientos tan sucios como sus bocas al comer.

La elección acertada de los primeros planos nos permite percibir cada matiz de sus gestos durante unas conversaciones que causan indignación y vergüenza ajena, claro reflejo del poder con el que han creído contar todos estos años y el baño de impunidad en el que se les ha permitido nadar. Las secuencias y la fotografía, diáfana y sofría en la mayoría de los casos, nos centran en lo que es el gran acierto de la cinta: los diálogos y las actuaciones veraces y angustiosas del elenco de actores con el que Sorogoyen ha contado para la cinta.

Mención especial merece Antonio de la Torre, que lleva a sus espaldas la responsabilidad de construir un personaje que resulta odioso y, a la vez, causa lástima en su intento por hacer lo que él interpreta por “justicia”. La tensión extrema que le supone verse vendido se transmite con crudeza, llegando a verse reflejado en su personaje a los cientos de políticos que desfilan por las noticias a diario.

Un guión muy cuidado (obra del propio Sorogoyen e Isabel Peña) con diálogos que se comentarán a la salida de la sala y que nos harán reflexionar más si cabe que todas las entrevistas y reportajes que podamos ver en televisión sobre el tema. Porque esta cinta tan arriesgada se adentra en todo aquello que no somos capaces de ver y, a veces, ni de imaginar. La vida familiar de los políticos, las reuniones entre los implicados a puerta cerrada y las largas conversaciones entre sus abogados. Saldremos de la sala con la magistral última escena del filme en la piel. Porque, ante todo, subyace la eterna pregunta que todos nos hacemos y que nadie, ni jueces ni periodistas, han sido capaces de preguntarles a los corruptos: ¿Cómo pueden dormir por las noches sabiendo lo que hacen cada día?

— Lo peor: Absolutamente nada.

— Lo mejor: La tan hilarante como indignante escena en la que Manuel intenta grabar a uno de sus excompañeros de partido. Luis Zahera (Cabrera) se merece un Goya. DIARIO Bahía de Cádiz


La apuesta cinematográfica de la semana que viene:

‘Venom’. Solo apta para amantes del cine de superhéroes y acción. La esperada película del alter ego de Spiderman llega por fin a las pantallas. DI

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