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¿Pesadillas navideñas?

CARTA AL DIRECTOR enviada por: Juan Antonio Sánchez Campos

Nos volcamos en demandar empleo, exigimos nuestro derecho a una vida laboral plena y sometemos a un análisis crítico a los agentes sociales, verdaderos impulsadores de crecimiento social. Estamos tan preocupados de buscar una alternativa a las colas del INEM que no nos damos cuenta de la pérdida de mano de obra que se lleva acometiendo desde hace ya algunos lustros por los países tecnológicamente progresistas, en una escalada sin freno más preocupada de no quedarse atrás en los mercados cada vez más productivos de las nuevas tecnologías, que en encontrar añadidos a la falta de recursos del Planeta.

Se está transformando el mundo laboral cubriendo de mano de obra barata la mayor parte de sus funciones, encaminados a un sueldo precario y a cubrir las necesidades más básicas para la supervivencia digna de las sociedades futuras. Nada es más cierto que la escasa participación en la vida laboral de profesionales que van pasando a artesanos en poco tiempo, escasamente cubiertas las mínimas plazas por miles de aspirantes cuyos estudios aun habiendo sido fructíferos en sus conocimientos se han quedado atrás en la demanda del mercado. La vida agraria, la interacción personal se están transformando en virtuales, en pantallas informáticas analizando números, interpretando costumbres y sumando necesidades a los menos afortunados. Las cualidades personales pasan a ser una mera anécdota en el expediente del aspirante, apenas conocido por la empresa que busca en un perfil procesado una plaza que ocupar, sin apreciar los valores intrínsecos del individuo en cuestión.

Y es que el conocimiento repercute en la convicción de la utilidad del hombre, al igual que la formación en las nuevas tecnologías se presenta como la heredera del obsoleto tiempo que se daba para el aprendizaje a pie de puesto; los becarios satisfacen las necesidades d la Patronal y acallan el rumor de los sindicatos, más pendientes de librar una batalla por su reputación y aparentar saldar cuentas con el Estado. Las estadísticas ambiguas se cruzan con el pragmatismo político mezclando intereses pero por el contrario, suprimen esperanza de vida laboral a los más atrasados de experiencia tardía y manos inexpertas en las nuevas demandas laborales bajo el estereotipo de individuos jóvenes, altamente calificados y propensos a las necesidades primordiales de crecimiento personal que les permita independencia económica y la oportunidad de formar una familia, sin tomar en consideración sus muy variadas cualidades.

El liderazgo se establece como único resorte de crecimiento, el éxito está por garantizarse siempre que se cumplan las normas del progreso. Unas normas que se sustentan en el ascenso constante hacía unos mercados cubiertos de alta tecnología, basados en las facultades de cada país por encontrar un puesto dentro del escalafón que le asegure la supervivencia vital de sus sociedades. Algo tremendamente difícil de enfocar a corto plazo desde la perspectiva actual es la escasez de medios para soportar las necesidades de esa parte de la sociedad cuyo tiempo de aportación mediante la cotización proveniente de su función laboral ya ha caducado.

La preocupación sobrevuela una parte considerable de individuos con serios problemas de abastecimiento en sus necesidades básicas, con una edad poco propensa a ser sometida a una somera inspección por parte de los empresarios necesitados de mano de obra y ven como estos se apoyan en los pocos medios de los más jóvenes, escasamente formados para surtir de ganancias sus balances empresariales. La cadena de supervivencia del medio laboral se cae a pedazos, oxidada por la carencia de medidas alternativas que sustenten un porcentaje de una sociedad que comienza a mostrarse seriamente escéptica tras más de media década en las listas del desempleo.

Las preguntas razonables saltan a la palestra y nutren la desconfianza ¿Se suprimen gastos de I+D+i para adecuar las estadísticas de población en edad laboral frente a la falta de empleo para poder mantenerla? No es ninguna obviedad pensar que somos números en un anagrama de grandes proporciones al que se debe analizar contundentemente para afrontar los riesgos futuros; estamos predispuestos a servir de mano de obra barata las necesidades del mercado, trabajar en pos de un futuro incierto, de una vida acelerada que no nos dejará tiempo para reflexionar detenidamente sobre el paso del tiempo; tan solo pasaremos a ser números añadidos a la sombra de una máquina programada para abastecer de riqueza las aspiraciones de quienes las mantienen y dejando en la oscuridad del anonimato a sus creadores.

Son las máquinas el sustento del mundo laboral, las que llegarán a mediciones exactas carentes de sensibilidad que arrojarán al cubo de la desesperanza a todos y todas aquellos que pronto pasarán a formar parte de ese mundo exigente en el que sin recursos perecerás rápidamente. El capital por encima de la supervivencia, el confort de estar subido a los primeros escalafones del progreso no cejará en su empeño por difuminar cualquier medida que no sea la de servirnos de la tecnología para nuestra vida cotidiana.

Lo que hace apenas veinte años era una utopía se está convirtiendo en una realidad palpable; somos esclavos de la tecnología, usuarios denostados de un progreso electrizante al que no podemos poner freno. Pero también somos quienes manejamos los mandos de la maquinaria del progreso, los que avanzamos en paralelo a una nueva versión de la vida en nuestro mundo y por ello, debemos seguir siendo animales racionales, dejando fisuras por donde escapar de la fuerza de las máquinas y no dejarnos dominar por ellas como puede llegar a ocurrir si antes no ponemos remedio.

Una maquinaria que está sometiéndonos a su antojo, llevándonos por caminos inexorables y desconocidos a los que no sabemos poner remedio; el uso de esta nueva tecnología nos convierte en seres dependientes, en individuos carentes de empatía, la interacción de las sociedades con sus intérpretes se desvanece en sus redes y apenas logramos manifestar algo de sentimiento cuando este nos lo indica un medio en cuestión creado para tal fin.

La supremacía de la especie humana está llegando a su fin, la creación de nuevos protagonistas venidos del avance tecnológico le esta quitando su lugar; el mecanismo diabólico del progreso viene pisando la supervivencia del medio en el que nos sentíamos seguros, a pesar de las calamidades causadas por nosotros mismos y del mal existente en nuestras conciencias. Ahora ya existen medios adaptados a las necesidades laborales, existe quien monitoriza una situación para que otro sea el que establezca quien de más de lo mismo, quién posea el favor de crear o eliminar, el que añada cotas de sentimiento proporcionadas a las exigencias de cada ocasión en particular y mantenga por si solo el funcionamiento feroz de su entramado.

No es el final de un año el que nos avisa con la última campanada de un reloj artesano al que ya le cuesta visualizar la hora, noes la uva numerada con los mismos dígitos de los meses que dura un aniversario la que nos permite soltar lágrimas mezcladas de tristeza, añoranza y cariño; es la empatía del ser humano la única capaz de generar sentimientos y por eso, aunque sea tan solo por eso, merece la pena seguir viviendo en la ignorancia de no haber llegado al final de una esperanza, de tener un objetivo, un horizonte al que avanzar y no plegarnos a las exigencias de un mundo demasiado alocado, enfermizo en su progreso y cautivador en sus redes.

Feliz todas las navidades de la vida, que no nos ocupe demasiado volver a abrazarnos sin tener como excusa una uva que nos surta hasta esperar otras nuevas. DIARIO Bahía de Cádiz

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