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Aquel abuelo de mi tutoría

CARTA AL DIRECTOR enviada por: Encarnación Martínez Galindo, de Málaga

En una reunión de tutoría con padres, hace ya equis años, en la que hablé de los buenos profesores que daban clases a sus hijos y de la organización del colegio, entre otros temas, mencioné la cultura que deben tener los alumnos para hacer un buen comentario de texto, exigido en la antigua selectividad y actualmente PEvAU.

Comenté que todas las materias eran importantes para hacer un buen comentario. Que en un momento dado haría falta echar mano de unas matemáticas, física o química para ser más exactos; de una geografía, para ubicarse mejor; de una filosofía que nos ayuda a entender nuestro propio pensamiento; de una historia para conocer las vivencias de nuestro pasado, sus causas y consecuencias; de una biología que nos pone en contacto con la madre naturaleza y de una lengua y literatura española, inglesa o francesa que nos hace poder comunicarnos e interiorizar el gran legado aportado por escritores de todos los tiempos, etc.

También les hablé de que sus hijos tendrían además que estar al tanto de los acontecimientos políticos, sociales, artísticos y económicos actuales y comenté que nuestros abuelos (los míos y los de nuestra generación) podrían no tener la ayuda para engrandecer sus conocimientos de las diferentes asignaturas, pero tenían una cultura general que en parte las englobaba a todas, dado que, en una guerra o posguerra estaban todos pegados a la radio, siempre que no se les cortara la comunicación, para saber qué pasaba en el mundo. Esto les hacía ser ávidos, reflexionar, pensar, hablar y escribir con prudencia y acertadamente.

Terminada la reunión y después de algunas preguntas de algunos padres poniendo interés por la marcha escolar de sus hijos y cuando todos ya se habían marchado, se me acercó un abuelo (cuyos nietos estaban en el colegio y uno de ellos en mi tutoría) y me dijo: “Gracias señorita. Me ha costado llegar hasta el colegio acompañando a mi hija, pero hoy sus palabras me han dado vida y devuelto honor. Me alegro de haber venido”. Sonrió, me dio la mano y agachó la cabeza un instante. Lo vi marchar pausado.

Hoy, que estamos confinados y tratando de que los alumnos no pierdan el ritmo escolar mediante comunicación telemática, con la insuperable ayuda de los padres y madres y conociendo los datos de los fallecidos (y ya sabemos quiénes son los más vulnerables) mi caprichosa memoria me ha llevado a recordar aquél episodio tutorial. Hoy, puede que volvamos a entender lo que es estar atentos a la radio o a la televisión, que seamos más reflexivos y prudentes y que tengamos más cultura general. Da vida y honor. DIARIO Bahía de Cádiz

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