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Cádiz ‘abre los brazos’ al Open Arms: “nunca, pese a necesidades históricas, faltó un puñado de arroz en el puchero para un necesitado”

“No quiero el día de mañana tener que explicarles a mis hijos que no hice nada ante la injusticia a la que someten al barco humanitario y a quienes huyeron del hambre y la miseria”. Es parte de la carta que el alcalde de Cádiz ha trasladado al presidente español, en la que ofrece la capital gaditana como punto donde pueda atracar el Open Arms, que permanece en el Mediterráneo desde hace días con más de 150 inmigrantes rescatados. “No se puede permanecer de brazos cruzados”, defiende González Santos, aludiendo a la pobreza endémica que sufre la ciudad pero a la vez a la solidaridad de sus vecinos.

“Nuestra labor en el municipalismo no acaba cuando termina la localidad, sino que tenemos un papel internacional y global en la búsqueda de una sociedad más justa”, reflexiona el alcalde de Cádiz, José María González ‘Kichi’, en el escrito que acaba de enviar al presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, ofreciendo la capital gaditana como punto de espacio donde pueda atracar el Open Arms.

Este buque se encuentra en alta mar desde hace días con 151 inmigrantes (31 menores) rescatados en tres operaciones distintas en el mar Mediterráneo, a la espera de recibir autorización para desembarcar en un puerto seguro; Italia y Malta se niegan a recibirlos, y España se desentiende hasta el momento.

Ante esta situación, el primer edil de Adelante Cádiz ha ofrecido la ciudad para que el barco Open Arms (de dicha ONG dedicada a “proteger las vidas de quienes huyen de la guerra, el hambre o la persecución en el Mediterráneo central”) pueda atracar y así desembarcar a las personas inmigrantes que lleva a bordo. En la misiva, cita a la ‘Divina Comedia’ argumentando que “los confines más oscuros del infierno están reservados para aquellos que eligen mantenerse neutrales en tiempos de crisis moral”, para referirse así a “quienes en situaciones en las que es moralmente obligatorio tomar partido, optan por mantenerse al margen y por ponerse de perfil”.

A juicio de González Santos, “permanecer de brazos cruzados” en una situación en la que más de 150 personas llevan 12 días en un barco en mitad del mar, a más de 10 millas de cualquier costa, “acusando a quienes luchan por un mundo mejor de no enfrentarse a decisiones importantes, como si enrolarse a salvar vidas en mitad de las olas fuese una decisión nimia; es situarse junto a los Salvinis, Le Pens y Abascales y a las voces que quieren llenar nuestra fronteras de insolidaridad y alambres que hieren la piel hasta dejarlas jirones”. “Ignoran que el hambre y el miedo no entienden de nacionalidades y procedencias y menos aún en las madrugadas oscuras a la deriva, subraya el alcalde.

De este modo, según desvelan desde el Ayuntamiento en un comunicado remitido a DIARIO Bahía de Cádiz, se ha propuesto tanto al presidente del Gobierno español como al ministro de Fomento y la Dirección General de la Marina Mercante, que el barco pueda atracar en el muelle gaditano, con el objetivo de que “estas personas, tanto la tripulación como los náufragos, puedan desembarcar, personas que atraviesan una situación vital límite y que no pueden esperar más”.

“CÁDIZ SIEMPRE FUE UNA TIERRA SOLIDARIA”

En su carta, José María González no pierde de vista que “Cádiz, por esa pobreza endémica de paro y desempleo al que nos sometieron, nunca será el destino final de quien viene a buscarse la vida”, pero “no existe una ciudad más significativa para volver a empezar que ésta, que abrazó el mundo con su mirada abierta, inclusiva y solidaria”.

Y advierte a su vez a las “voces racistas de la extrema derecha” que “no se puede normalizar, por culpa de quienes no tomaron partido, que un barco cargado de vidas permanezca olvidado a la deriva en mitad del mar”.

“No quiero el día de mañana –remarca este político de Podemos- tener que explicarles a mis hijos y a mi hija que no hice nada ante la injusticia a la que someten al barco humanitario y a quienes huyeron del hambre y la miseria. No quiero que ningún vecino mire al pasado con la conciencia intranquila y me (nos) recuerde que esta tierra siempre fue una tierra solidaria, que no crecimos con vallas y fronteras sino en patios de vecinos con las puertas abiertas y en los que nunca, pese a las necesidades históricas, faltó un puñado de arroz en el puchero para quien lo necesitara en ese momento”.

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