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Raúl Castañón del Río, un escritor asturiano enamorado de San Fernando: “yo no visito un lugar, lo vivo. A mi manera, pero lo vivo”

ENTREVISTA. Raúl Castañón del Río es autor del libro de relatos ‘Cuaderno andaluz’, que consiguió el premio Manuel Llano del Gobierno de Cantabria. Sobre la obra (“la visión del sur andaluz por el norteño que lo escribe”), en la que San Fernando tiene una fuerte presencia, hablamos con el escrito asturiano, que cada año vuelve a la Bahía.

ENTREVISTA. Raúl Castañón del Río ha ganado recientemente el Premio de Otoño de la ciudad de Chivas con su libro El arca del repasado, que verá luz en pocos meses. Un nuevo premio y publicación del escritor asturiano.

Enamorado de San Fernando, pasa unas semanas en la Bahía al menos una vez cada año. Con él, saludo a unos cuantos asturianos que viven en esta ciudad, con los que mantiene Raúl una estrecha relación y amistad.

Castañón es también autor del libro de relatos Cuaderno andaluz, que consiguió el premio Manuel Llano del Gobierno de Cantabria y que ha presentado también en la Bahía. Sobre este libro, en el que La Isla tiene una fuerte presencia, hablamos con el autor.

“cuando viajo a Andalucía me basta con estar, no necesito más”

El título del libro ya es bastante elocuente de por sí, pero conozcamos un poco mejor al autor. Un asturiano de Oviedo fondeado a ratos en San Fernando, ciudad que le atrae especialmente. ¿Es correcto? ¿Es explicable?

Es correcto, tanto en forma como en fondo y en fondeadero isleño. Los enunciados son ciertos, la explicación, sin embargo, ya es más complicada de precisar. Sucede que yo en Andalucía en general y en San Fernando en particular, me encuentro siempre muy bien. Y es una suerte conectar así de bien con un lugar. No tengo raíces ni familia allí, pero sí un vínculo afectivo unipersonal importante. Y de ahí viene la razón de ser del libro, de intentar clarificar entre líneas el quid de esa cuestión. Que llegue, que sirva o no la explicación, ya dependerá también de cada lector. Comunicar consiste siempre en llegar.

Hablando de llegar, ¿puede decirnos cómo llega a tierras gaditanas alguien de la otra punta de la península y sin vínculos familiares aquí?

Puedo, puedo. Cronológicamente llegué por primera vez en 2006 a la Bahía de Cádiz, en un viaje organizado con base en El Puerto de Santa María. Seis años después, caí por casualidad en San Fernando. Era otro viaje organizado, por el puente de diciembre de 2012. Recuerdo que el hotel estaba previsto inicialmente en Conil, pero al final cerró esas fechas por baja ocupación o algo así, y la agencia lo cambió por otro muy céntrico en San Fernando. Y ahí me enamoré yo de La Isla, en medio de un temporal de frío con un ambiente prenavideño que me pareció muy cálido. Eso me llegó emocionalmente y con el tiempo lo reflejaría a mi manera, mal que bien, en ‘Reyes de cera mágica’, el relato de cierre de Cuaderno andaluz, que es puro San Fernando. Vamos, que la dirección del hotel de Conil y la agencia de viajes asturiana, sin conocerme de nada, me hicieron un favor impagable rectificando la localidad de destino. Siempre recordaré aquel viaje como uno de los mejores de mi vida. Puente de la Constitución en Cádiz: la Constitución y San Fernando de Cádiz –como dicen los ferroviarios de Renfe–. Imagínese si no estaba destinada a acabar bien la aventura.

Ya que estamos con los viajes, su Cuaderno andaluz los ensalza sobremanera. ¿Podemos considerar el libro un cuaderno de viajes?

En parte supongo que sí, pues todas las historias del libro son inspiraciones viajeras sustanciadas a través de distintas poblaciones y personajes. Aunque Cuaderno andaluz es un libro que también tiene mucho de viaje interior, de evolución personal, de autoconocimiento aplicado. Incluso se intercalan consejos viajeros prácticos sin caer en manuales o guías. Se sugiere el aprovechamiento de medios y del viaje en sí, acogerse al lugar de destino con provecho, rehuyendo las pulsiones del turista y los tópicos. Es que a mí cuando viajo a Andalucía me basta con estar, no necesito más.

Ahora que lo comenta, ya desde la sinopsis el libro incide en la intención de esquivar los tópicos andaluces. ¿Esto obedece a alguna razón confesable?

Claro. Yo es que voy un poco demasiado por libre. Desafortunadamente, en el resto de España muchas veces se percibe Andalucía a través de los tópicos, cosa que no va conmigo. Y cuanto más nos alejemos por el mapa, más se distorsiona una realidad. En el caso andaluz se tiende a pensar en los topicazos folclóricos, el calor, los toros, los humoristas de la tele… A mí nunca me ha interesado eso, prefiero impregnarme de la esencia del lugar, interactuar con la gente, tan natural y expansiva, con esa facilidad tan andaluza para charlar y para reír. Y eso siempre integra. Porque yo no visito un lugar, lo vivo. A mi manera, pero lo vivo. Puede decirse, simplificando mucho, que el libro es la visión del Sur andaluz por el norteño que lo escribe. Quizá en Cantabria también compartieron un poco esa perspectiva, o al menos les gustó mi forma de contarla, cuando premiaron Cuaderno andaluz en ese certamen tan consolidado.

“es como si ya estuviese empadronado aquí”

Sin embargo, tras esa primera edición cántabra del libro habría otra. Otro Cuaderno andaluz plenamente andaluz, que es este que nos ocupa en la reseña. Editado por LA Ediciones, un sello integrado en una editorial isleña.

Así es. Un Cuaderno andaluz editado en Cádiz, más concretamente en San Fernando, la capital inspirativa de mi Andalucía literario-personal. La edición santanderina del premio está muy bien en formato colección, pero yo quería ofrecer una alternativa personal, introduciendo los relatos con fotos de mis viajes. Más que ilustraciones, esas imágenes son inspiraciones visuales de algunas de las historias, además de un soporte narrativo. Por otro lado, también buscaba una impronta andaluza para el libro. Tuve la gran suerte de contactar, otros azares felices mediante, con el editor isleño Francisco Mesa, un grandísimo profesional y ya amigo. Merced a su sapiencia y paciencia se ha conseguido, creo, un libro muy digno para lectores particulares o bibliotecas.

Un libro compuesto de catorce historias localizadas en distintos puntos de Andalucía y contadas con mucho sentimiento. Incluyendo algún alter ego, tal vez.

Seguro. Mi otro yo andaluz se ha ido destapando y afianzando en cada viaje –el roce ya sabemos que hace el cariño–. Y así se pasea, impúdico él, por las distintas historias del libro. Es como si ya estuviese empadronado aquí. Y digo empadronado porque no puedo decir nacido, que nacido sí que me ha nacido aquí ese yo sureño. Las historias son catorce, pero en el fondo son todas una, una heterogeneidad conjuntada pese a los distintos argumentos y géneros. Se puede decir que es la disparidad que encaja, aunque ese encaje no haya sido premeditado. Más parece cosa del embrujo de aquí.

A tenor de su atracción por esta nuestra Bahía de Cádiz, es de suponer que no tardará en volver por estos pagos.

Bueno, a decir verdad a día de hoy no tengo prevista una fecha de revisita, pero puedo improvisarla en cualquier momento porque las ganas siempre están y no hay mejor motivo que querer. Mi última estancia sí tenía, por el contrario un objetivo definido. Fue para presentar Cuaderno andaluz en origen, en San Fernando. Un cumplimiento posible gracias a la colaboración logística del siempre periodista Rodrigo Mateos y a la musical de Alberto Rodway, con el respaldo de su tema Cádiz para la promoción audiovisual por redes sociales. En fin, una deuda saldada con la tierra y la ciudad que me inspiraron el libro. Y, como se dice en una de las historias, antes de irme ya estaba pensando en volver. Por eso volveré encantado a esta tierra de la Bahía que me llama tanto. Una parte de mí ya nunca se mueve de ahí, aunque sea en forma de deseo o de libro. DIARIO Bahía de Cádiz

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