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‘Dreadstar’, de Jim Starlin


A principios de los años 80, en plena fiebre por las historias espaciales gracias al éxito sin precedentes de la saga cinematográfica de Star Wars, nacería una de las más brillantes series de ciencia ficción vistas en un cómic.

Tras destacar durante toda la mitad de los años 70 en series como Sang-Chi (las artes marciales también estaban muy de moda por la serie televisiva Kung-fu y las películas de Bruce Lee), el dibujante y guionista Jim Starlin ya había dejado muestras de su creatividad en esta vertiente cósmica de los cómics en series como Warlock o Capitán Marvel.

Este Jim Starlin en plena ebullición creativa se lanzaría a crear la que sería una de sus obras más personales y redondas, la saga de Dreadstar.

El personaje de Vanth Dreadstar apareció por primera vez en la revista de Epic Illustrated # 3 (otoño de 1980), en la aventura, la ‘La Odisea de la Metamorfosis’. Su debut en solitario se produciría en Epic Illustrated magazine # 15 (diciembre de 1982). Ese mismo año, y tras 3 novelas gráficas, estrenaría su propia serie, titulada Dreadstar, publicada también por Epic Cómic, un sello editorial perteneciente a Marvel Cómics.

Esta serie se publicaría justo entre la llamada Edad del Bronce de los cómic-books norteamericanos, que se sitúa oficialmente entre principios de los años 70 y mediados de los 80 y se caracteriza por ser el momento de “crecimiento” de los cómic-books, en el sentido de que las tramas se vuelven más adultas, y la llamada Edad Moderna de los cómics, que se caracteriza por que las historias se vuelven más sombrías, con más anti-héroes y más ambigüedades éticas. Y en Dreadstar vamos a encontrar características de ambos períodos.

El primer número de la serie regular, como ya decimos, se publicaba en 1982, con guión y dibujo del propio Jim Starlin, y en ella se nos narrarían las aventuras del guerrero rebelde Vanth Dreadstar, el último superviviente de la Vía Láctea, en la llamada Galaxia Empírica.

Lejos de la confrontación épica y casi alegre entre la Alianza Rebelde y el Imperio Galáctico de Star Wars, el conflicto entre la Monarquía y la Iglesia de la Instrumentalidad es una alegoría muy evidente de la política de bloques de la Guerra Fría y las luchas que enfrentó a los güelfos, partidarios de la Papa de Roma y los gibelinos, seguidores de los emperadores alemanes en la Italia en los siglos XII y XIV

Dreadstar es un Space Opera, que, como ya decíamos, está claramente influenciado por las películas de Star Wars, (un grupo de rebeldes, cuyo líder esgrime una espada de energía, y que, en esta ocasión, no se enfrenta a uno, sino a dos imperios galácticos), aunque con un tono “sucio”, oscuro, realista, devastador, y en el que no existe una diferencia clara entre el blanco y el negro, donde los “héroes” y los “villanos” se mueven en una zona gris.

Su periodicidad bimensual y sus 32 páginas fueron idóneas para que Starlin pudiera desarrollar la historia con la pausa que la trama requería, porque quien esperase un producto de consumo rápido y fácil digestión, no podía estar más equivocado.

En Dreadstar nos veríamos inmersos en una compleja trama, con personajes profundos y bien caracterizados. Y es que junto a Dreadstar conoceremos a toda una galería de personajes inolvidables. Empezando por sus compañeros: el contrabandista charlatán Skeevo, el sabio y poderoso hechicero Syzygy, la mujer que cambiaría el corazón de Dreadstar y poderosa “tecnópata”, Willow, o el valeroso e intrépido hombre-gato Oedi; y villanos” como Z, cuyo aspecto recuerda mucho al de un Darth Vader de color escarlata, o el temible Señor Papal, personaje a la altura de los más grandes villanos cósmicos, como el mismísimo Thanos, por decir un personaje creado por el propio Jim Starlin.

Y en medio de esa impresionante historia, llena de aventuras, traición, amor, asaltos a bases espaciales y luchas sangrientas, nos encontramos una serie que estaba viva, que crecía y maduraba, que sorprendía con lo inesperado pero que siempre nos dejaba intuir que todo formaba parte de un gran plan, que se iba rebelando poco a poco ante nuestros atónitos ojos. Vanth se convierte en una especie de salvador y guía para la gente de la Galaxia Empírica, pero no por altruismo, sino porque necesita calmar su conciencia y porque se siente responsable de la destrucción de su galaxia y de la muerte de miles de millones de seres. Dreadstar es una historia de culpa, pero también de redención.

Gráficamente, Jim Starlin, pese a sus carencias, nos ofrecía un dibujo siempre efectivo, demostrando que quizás sea uno de los mejores coreógrafos de batallas dentro del mundillo, aunque donde realmente destacaba era en la narración vibrante y minuciosamente cuidada.

Tras 26 números en Epic, a partir del número 27, pasaría a ser publicada en First Cómics, hasta su cierre, porque hasta las mejores fórmulas se agotan, y esto ocurrió con Dreadstar.

muestras de agotamiento

Jim Starlin empezó a dar muestras de agotamiento, o tal vez aburrimiento, o exceso de trabajo (nos negamos a creer que fuera por falta de ideas tratándose de alguien como Jim Starlin). Fuese cual fue la causa, la serie empezó a mostrar síntomas de agotamiento: muertes y resurrecciones, vueltas de tuerca, un giro del protagonista a lo superheróico (con cambio de uniforme incluido y con diseño muy parecido al de cierto superhéroe Kree llamado Mar-Vell), etc.
La evidencia de que esto era una realidad llegaría con la introducción de nuevos dibujantes, a partir del número 33, y de un co-guionista, a partir del número 40, que, quitarían carga de trabajo a Jim Starlin.

Así, en el número 41, y por recomendación expresa del propio Starlin, aparece Peter David como colaborador en los guiones, y un novato Ángel Medina a los lápices.

Quizás llegados a este punto la serie debería haber llegado a su fin, en vez de intentar estirarla y aprovechar un poco más su éxito y popularidad. Pero ya fuera por presión editorial o por la auténtica creencia de que aún quedaban historias por contar, lo cierto es que la inyección de sangre nueva y los nuevos rumbos tomados por Peter David (con nuevos objetivos y nuevos enemigos) fueron suficientes para que la serie aguantara hasta el número 64 (Starlin abandonaría la serie en el número 57). Peter David puso la guinda en el pastel con un último número muy peculiar donde daría rienda suelta a su vena cómica, en el que enfrentaría a nuestro héroe con una parodia de cierta famosa tripulación con un vulcaniano entre sus miembros.

Tras un breve regreso en forma de miniserie de 6 números en 1994, de la mano de Peter David y Ernie Colon, bajo el sello Bravura de Malibu Cómics, el telón cayó definitivamente para esta serie que tuvo el mérito de lograr dejar su pequeña marca en una década que, si por algo destaca, es por su gran cosecha de clásicos. DIARIO Bahía de Cádiz

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