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Se llama Benjamín Gómez y es de La Isla.
Cariñosamente por todos conocido como “Puyita”, lo que en absoluto le molesta,
que luciría hasta su primer, hasta ahora, cambio de escalafón. Como casi todos
los de por aquí, de momento, tampoco es profeta en su tierra, aunque jamás
perderá la esperanza de serlo. Niño torero prodigio desde sus inicios, todos
auguraban, augurábamos, un futuro espléndido en su carrera que parecía
difuminarse tras su debut con caballos. Y es que el encuentro fue duro; cuatro
cornadas en una temporada son para retirar a cualquiera, entonces surgió la
casta. Su esfuerzo que no se reflejaba en más festejos le hizo conocer la
paciencia. A pesar de todo,
no
cejaba en su empeño, entrenaba y entrenaba, hasta que desarrollo la constancia.
Todas estas virtudes que una vez cultivadas mantiene junto con la sencillez,
condición innata desde su nacimiento. Es lo que se dice una buena persona. No le
gusta llamar la atención, no va a ningún sitio sin que antes lo inviten, respeta
y habla bien de todos sus compañeros de profesión, no existen palabras más altas
que otras en su vocabulario. El invierno lo pasa casi de ermitaño, allá en
Cantarranas, madruga y hecha a andar, no tiene miedo al agua y camina bajo la
lluvia que “es buena para el campo”, lo que molesta más el levante que
“por aquí pega tela”, pero en estos casos “me voy al pabellón cubierto”.
Por la tarde más, carrera continúa, más capote y más muleta, sobre las nueve
y media en cama con un libro torero hasta que le vence el cansancio y coge el
sueño.
“¡Que capote!”
comenta mientras vemos a Paula en Tendido Cero. Su toreo es sin duda un reflejo
de su carácter. Todo lo gana a base de esfuerzo y constancia, como las orejas
tarde tras tarde, jamás utilizó el desplante, el rodillazo, los pases de cara a
la galería para conseguir un trofeo como tampoco permite a sus subalternos
animen al público a su reclamo. Pase a pase, firme frente al toro, con la “pata
pá lante”, así sí.
Era finales de junio, la temporada pasada, y
apenas se había vestido de torero. “Vamos a acabar entre 30 y 40 tardes”
me decía su ayuda, “el Fiebre”. Hoy reconozco mi incredulidad. El caso es
que todos sabemos que en la actualidad los carteles se hacen pronto, por eso que
dudara en el número de festejos. Lo tarde en encontrar una persona del toro
próxima a las empresas fue el gran handicap para no colocarse en las principales
ferias de novilladas, como Arnedo o Algemesí, en mejores plazas e incluso más
tardes. A pesar de ello, ha participado en cuatro concursos rebañando con tres
que trajo para casa, Villa del Prado, Méntrida y Azuqueca de Henares. Tranquilo
y sosegado en absoluta alardea de ello, como tampoco recrimina su ausencia en
ciertos carteles, “Este año será, si Dios quiere”, dice con media
sonrisa. No se excede en palabras, que éstas se las lleva el viento, pensará. Su
lenguaje está en el capote y en la muleta con los que se gana los carteles, como
sucedió en Torrejón de Ardoz donde un “triunfo”, sin orejas, le valió para ser
contratado ocho tardes más en otras tantas plazas. Que pena, a las puertas de
Madrid.
En su tierra muy pocos han tenido en cuenta su
temporada, tal vez porque sólo actuó una tarde de las 35 en Andalucía y para
colmo en Jaén, no podía haber sido más lejos. Sabe, que las empresas buscan
toreros con apellido y de la prensa del corazón, que “son los que le llevan
gente que ocultan el cemento de la plaza”, lo comprende y hasta los exculpa.
Sin embargo, espera este año le den una oportunidad en su casa, junto a sus
paisanos. Es realista, vive con los pies en el suelo, no sueña despierto
imposibles quimeras, sin embargo no puede evitar hacerlo en sueños lo que no es
reprochable, no sabe que se va a encontrar en el futuro, lo que sí tiene claro
es con qué no le gustaría encontrarse.
Dicho todo esto, sólo me queda recordar que se
llama Benjamín Gómez, antes “Puyita”, y es de La Isla. Suerte torero. |
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