Año III

 

  

 

 

 PORTADA

 Noticia del día

 Cádiz

 Jerez

 San Fernando

 El Puerto

 Chiclana

 Puerto Real

 Rota

Participa AQUÍ en la encuesta

 El Mundo

 Deportes

 Toros

 Opinión

 Cartas al Director

 El Derrotista

 Servicios

 Reserva Hoteles

 El Tiempo

 Prensa/TV/Radio

 Entrevistas

 A Fondo

 Foto-Noticias

 Bahía Cultural

 Carnaval366Días

Escribe aquí tu CARTA AL DIRECTOR

 Suscribirse

 Patrocinadores

 Publicidad

 Quiénes somos

 Contacto Prensa

 Hemeroteca


 

 

 CONTRACORRIENTE

Generación botellón

 RAMÓN REIG

 (Periodista y Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla)

ramonreig@us.es

 

RAMÓN REIG

A principios de diciembre entró en vigor lo que conocemos como ley anti-botellón. Me gusta, ya era hora de que les dieran azotes en el trasero a los niños y niñas esos, idiotas, mediáticos, pijos, prepotentes e ignorantes, que no tienen huevos ni ovarios para enfrentarse a la vida y se dedican a enguarrarlo todo con sus pinches botellas de cerveza, sus vómitos y sus excrementos. A veces he mostrado comprensión por ellos pero se acabó, se puede beber y disfrutar, pero sin joder al prójimo ni ensuciar la vía pública, la res pública. Ahora, a ver si hay agallas para aplicar la ley y terminar con estos papanatas mimados, porque, como los niños votan, son una especie de lobby de poder sin más poder que su inmovilismo y su pasoteo. Su gran aportación a la historia es el botellón, sus principios, el egocentrismo y el chuleo, unos principios que ni saben defender porque en cuanto llegan los guardias a impedirles que beban se cagan pero de miedo y se largan con viento fresco. No tienen ni media hostia. Los niños, con  quien mejor están, es con sus padres y a estos que los aguanten sus padres.

 

En Francia, miles de jóvenes protestaron por los precios de las viviendas y los contratos basura mientras que otros lo hacen por las discriminaciones de que son objeto. Los nuestros no, tienen asegurada la papa gracias a los papás, llegan a casa cuando ya es de día, se acuestan a dormirla y cuando se levantan tienen la comidita preparada, se duchan, meten los calzoncillos o las bragas en la lavadora y mami los lava. Luego, a comer, no hay motivos para irse, los cuidan, no vayan a frustrarse y se suiciden. Como hay precariedad laboral y carestía en la vivienda, ya tienen una excusa de peso para seguir con el cuento unos años.

 

Si acaban la carrera y pueden agenciarse una beca Erasmus, lo harán, el caso es seguir mareando la perdiz con tal de no mirar a la cara a la vida y de no mirarse al espejo ellos mismos. Las becas Erasmus son una excelente idea pero un excelente fracaso. Como muchas cosas que hacen los políticos, consisten en que, en un momento dado, los políticos tuvieron la idea de que había que darles mundo a los niños de la universidad para que fueran de acá para allá en la Unión Europea. Pero no dotaron a la idea de presupuesto suficiente. Entonces, un alumno llega a casa y le dice a sus progenitores que le han concedido una beca para irse a una universidad de Inglaterra, Irlanda, Francia, Italia, Alemania, etc. En teoría, es una buena noticia y un orgullo hasta que se enteran de que la beca es de pitiminí, es una beca de la señorita Pepis, porque cubre apenas un tercio de los gastos que el “afortunado” va a tener en la ciudad donde esté la universidad de destino. El resto deben aportarlo los papás, de esta forma estamos ante una discriminación evidente porque se trata de una ayuda, no de un a beca, y esa ayuda es, sobre todo, para los más adinerados porque los que no lo sean o lo sean poco, o renuncian o ahí tienen ustedes a los padres apoquinando otra vez, con gran esfuerzo.

 

Desde el punto de vista académico, ni los profesores de la universidad emisora ni los de la receptora sabemos en realidad qué están haciendo los alumnos por esos mundos de Dios. Los buenos estudiantes aprovechan la experiencia; los más, en absoluto, disfrutan de un recreo turístico pagado y después les convalidan asignaturas. Así hace una carrera hasta el que asó la manteca. En el fondo, nos están tomando el pelo a todos pero los jóvenes son jóvenes y, por tanto, qué guay, irse por ahí a costa del erario público y el paterno. ¿Qué aprenden idiomas? ¿Aprenden a valerse por sí mismos? Menos da una piedra, pero eso se aprende en una academia, trabajando en la ciudad de origen y luego en verano yéndose a gastarse el dinero en cursos especiales, o trabajando en verano y estudiando.

 

Los capullos que van a emborracharse y a ensuciar las rúas suelen ser los niños a los que se les da todo, menos un cosqui, desde que vienen al mundo. Crecen en un entorno falso, con la ilusión de que todo les debe ser concedido, de manera que no están acostumbrados a sudar la camiseta para conseguir objetivos y menos objetivos altos y duros. A la menor contrariedad se nos deprimen, miren por donde, toda la vida huyendo de que el niño se nos deprima y se nos frustre y lo que estamos sembrando son deprimidos, cobardes y gente antisocial e incluso violenta porque el cobarde reacciona con la violencia y en grupo. A los seres humanos no se les puede quitar la ilusión de cazar, la necesidad de explorar por uno mismo porque entonces mueren en vida. Los niñatos de la botellona no tienen más que fachada pero cuando se escarba en ellos se derrumban como una estatua de arena. Hay que sentir compasión por estos desgraciados pero, como les falta humildad, al final cabrean hasta al más tolerante. Y no, niños, no, en las calles no se bebe, en las calles no se emborracha uno ni se mea. La calle es como esa habitación tan bonita –que no te has hecho, te la han hecho- donde tienes tus carteles, tu PC y tu TV. La calle, las plazas, son el resultado de cientos de años de historia. Las calles y las plazas tienen un sentido porque reflejan la vida misma de nuestra cultura: lo peripatético, el ágora griega, el foro romano, el zoco árabe, y no vais a llegar vosotros con vuestra cabeza vacía, vuestros bolsillos llenos y vuestros coches de papá y de la publicidad, a mancillarlo todo.

 

Alberti se meó en la pared de la Real Academia de la Lengua pero Alberti se tenía ganada esa micción y aún está de actualidad si uno piensa que existen académicos como Juan Luis Cebrián. Vosotros no sois ni media suela del zapato de Alberti, ni un cuarto de pelo de sus greñas blancas, vosotros sois nada y para mearse en la calle (una o dos veces, no más, incluso Alberti) hay que hacer currículo y no dar por el culo, que es lo que hacéis con los vecinos y la sociedad. Sólo deseo que se cumpla la ley, que ésa es otra, porque en los papeles el mundo está arreglado desde hace siglos. Como no habéis dejado de fastidiar por más que se os ha dicho, se os han aplicado medidas drásticas, como a los niños pequeños, y ha habido que deciros: “Esto se hace así porque a mí me sale de las narices”.

 

Espero ahora que no se nos suiciden los nenes de pura frustración. ¿Mira que si se ponen a pensar y le exigen al Estado, con firmeza, aquello a lo que tienen derecho? Pensándolo bien, ¿no hubiera sido mejor dejarlos con la botella en plan estatuas primero y zombis después, como hasta ahora, porque nuestras ciudades eran, por la noche y en determinados días y lugares, las ciudades de los muertos vivientes? No pasa nada, luego se levantan los otros muertos vivientes, los adultos, les limpian los mocos, les cantan una nana, y a dormir, que viene el coco de la vida.


ARTÍCULOS ANTERIORES

ÚLTIMOS TITULARES                                    Imprimir esta página

  Portada Principal © DIARIO Bahía de Cádiz (BC) Aviso Legal 
Publicidad -  Poner como página de inicio  -  Añadir a Favoritos  -   ¿Quiénes somos?

 

 

Publicidad         

 

C/Profesor Antonio Ramos, 12, 3ºIZQDA - 11.100 San Fernando (CÁDIZ)
Redacción: redaccion@diariobahiadecadiz.com  Dirección: danyprensa@yahoo.es   Teléfono: 658 685 782