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 CONTRACORRIENTE

¡No le dejan a uno!

 RAMÓN REIG

(Periodista y Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla)

ramonreig@us.es

 

RAMÓN REIG

Ahora que estamos en verano y que tengo medio siglo de vida bien despachado, a mí lo que me apetece de verdad es contar mis batallitas, hablar de los amores de verano, de las canciones de verano, de “Eva María” y Fórmula V o de “Un rayo de sol, oh, oh, oh” y Los Diablos o de aquello de Los Brincos: “La otra noche, bailando estaba con Lola/ y me dijo que se encontraba muy sola”/. No es muy imaginativa la rima pero no veas el efecto que surtió, más que eso de “Ey, Macarena, aaaaaaaaaaah”. O el “Aserejé”, que ahora con tal de no hablar en castellano –aunque sea a base de sola-Lola- no sabemos ya qué inventar. Cuando llegué a la Universidad procedente de esta profesión canalla y maltratada pero apasionante cual es el periodismo, me encontré en clase a un montón de Evas Marías. “¡Coño! ¿Qué es esto?”, le pregunté a unas alumnas evasmarías. Y me respondieron: “Eso pregúntaselo a nuestros padres que nos tuvieron cuando estaba de moda la cancioncita”.

 

El caso es que sigue estando de moda. Lo bueno de este capitalismo que arriesga poco porque quiere tener ganancias a corto plazo, es que, como no estimula la creación para no arriesgar, precisamente, tira de canciones antiguas, sin derechos de autor apenas y con éxito asegurado, y eso nos une a varias generaciones. De todas formas, la creatividad humana sigue existiendo porque la llevamos en los genes, solo que ahora, la de verdad, va todavía más al margen del mercado, siempre ha sido así pero en estos momentos se observa de forma mucho más acusada. En los noventa, por ejemplo, se inventaron esa tontería de película, “Gosth”, con Demi Moore y su novio fantasma, y le colocaron la canción de los Righteous Brothers, “Melodía desencadenada” una canción de 1957, aproximadamente, que incluso era la segunda versión que el dúo grabó. Pues ya todo el mundo como si aquello fuera nuevo y alucinando. Si algún carroza-pureta entona esa misma canción en una reunión de jóvenes lo llaman antiguo pero como la ha bendecido Hollywood entonces eres moderno y la canción es maravillosa. Aún así, resulta que el mismo tema lo empleó José Luis Garci  en 1978 en su película “Solos en la madrugada”, pero como no se trataba de Hollywood, nadie se enteró y aunque se hubieran enterado es lo mismo: si la utiliza Garci es un pureta, si lo hace Hollywood y la Moore, es moderna. Por cierto, que en el filme de Garci, que narra las relaciones entre un pureta de los cincuenta y una niña bien y progre del sesenta y ocho, el pureta (José Sacristán) le dice en una ocasión a la niña (Emma Cohen), que intentaba dar demasiadas lecciones: “Nos ha jodido la niña moderna”. Qué bien dicho estaba aquello, porque la moza lo estaba jodiendo en una doble vertiente: vaginal y mental.

 

Pues de esto y de más es de lo que me gustaría charlar a mí en estas columnas pero es que no me dejan en paz los acontecimientos. Cómo me gustaría volver a la niñez, la primera vez que me llevaron a la playa, a Matalascañas, como estaba mandado en aquella Sevilla (todavía hay sevillanos idiotas que, sin pasar de Matalascañas o Chipiona, dicen que Sevilla es lo mejor del mundo), pues aquella primera vez que en el barrio se organizó una pequeña excursión -en tren- a Matalascañas, lo que más recuerdo es a Antonio, un vecino que trabajaba en los ferrocarriles como guardagujas. Al regreso, el hombre no hacía más que quejarse de lo quemado que iba –en su totalidad- y de lo apretado que le quedaba el meyba y de cómo le aprisionaba los testículos el calzoncillo interior del meyba, con sus elásticos. Pero lo decía a voz en grito mientras que el resto del personal se reía y él el primero. Así que mis dos primeros recuerdos del mar son el meyba de Antonio y el peñasco de Matalascañas, cómo no recordar aquello. Nadie me supo explicar qué cojones hacía ese peñasco allí tirado en el mar cuando no había ningún otro peñasco en toda la playa. Qué ignorantes éramos entonces con esto de la historia. Ahora ya lo sé: aquel peñasco es la piedra del mechero de Júpiter que se le cayó en el mar cuando estaba bañándose con su meyba de Galerías Preciados. Lo que acabo de decir puede que sea ininteligible para un lector joven, debería colocar notas a pie de página para que se entendiera mejor, pero que se vayan a tomar viento los jóvenes, que todo se lo damos hecho: que se curren la comprensión de un texto o que no me lean, me importa un pito, no es mi problema, es el de ellos. Yo no estuve en las guerras médicas y sin embargo sé de qué iban: los inspectores de la Seguridad Social se enfrentaron a los médicos que estaban al mismo tiempo en dos y tres sitios diferentes pasándose la ley de compatibilidades por el fonendo. Y ganaron los médicos, que son como Dios y son la hostia, tienen el don de la ubicuidad: pueden estar al mismo tiempo en un hospital de la SS, en una clínica privada operando y en una gran empresa examinándole las amígdalas a los empleados.

 

¡Pero no es esto lo que quería escribir, maldita sea! Quería escribir del alto el fuego en Líbano. Se conoce que como ya han derribado bastantes edificios, ahora han parado un tiempo (es un decir) para que los topógrafos vayan tomando medidas para la reconstrucción que, por supuesto, corre a cargo de empresas occidentales, con dinero público. Eso sí, todo sea por la paz. Donde había bloques ahora levantarán casas adosadas con muritos de un centímetro y una tienda de hamburguesas en la esquina, más un club social con TV para que la gente vea “Los Diez Mandamientos” o “Batman”. Y quería escribir de los incendios. Les quería contar que cuando Zapatero repartió hace dos años las carteras ministeriales, a Cristina Narbona le dio una que se llamaba Ministerio del Ambiente. Ahora, mediada la legislatura, la susodicha cartera ha pasado a atender por Ministerio de Medio Ambiente, como es lógico, por otra parte. Al final puede que se llame Ministerio sin Ambiente, con lo cual, en el siguiente gabinete habría que crear el Ministerio de Recuperación del Ambiente. Le corren malos vientos a la ministra, le corren malos vientos a todo el planeta. La madre Gaia va a necesitar un enorme frasco de Ambipur para refrescar el aire. Quería haber hablado de todo esto pero ahora ya se me ha terminado el espacio, de manera que la cosa se va a quedar así, ¿eh?


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