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Llegado
ha, la primavera, y con ella el estío de las noches cálidas y serenas, tiempo en
que los enamorados, se vivifican estos días, para comprometerse entre ellos.
Amor, un manjar tan deseado, que si con el sexo,
en acertadas proporciones, son mezcladas, se obtendrá poción maravillosa, que a
todo enamorado le imprimirá ánimo y entusiasmo. Tan ardoroso puede llega a ser,
en cualquiera de ellos, este sentimiento cuando lo percibe, que le hará
enaltecer, y hasta, se le escabullirá, algún que otro suspiro o sollozo.
Latirá el corazón más apri(e)sa, mientras, el
lozano mancebo, usará, elocuencia algo más menguada, en su declaración a la
dama, y hasta podrá incluso balbucear o perder palabra, que expresar hubiese
querido a su amada. Sin embargo, el varón maduro, con un ritmo de corazón ya
controlado, y en practicas amorosas, quizás, más versado, seguro estoy, hallará
palabras de persuasión, tan tiernas, que seduzcan a su pareja.
Ellas, al igual, sentirán, sus íntimas sensaciones
¡Y si no, observar el brillo de sus ojos y la sonrisa marcada en sus rostros,
tan llenas de gozo, que irradian alegría!
Llegada la noche, se embriagaran de un amor, que
jamás echaran en olvido, mientras vivan. Y como, saciados, no quedaran, se
citaran para otro siguiente día, y así, poder seguir consumiendo este néctar
tan maravilloso de la vida.
A lomos del brioso corcel,
cabalga, el taciturno sexo,
que evadido se ha, de su ser
donde se encontraba preso.
Con las riendas de la pasión,
lo guiará, por prados y paseos,
al galope, con ilusión
y como no, lleno de deseos,
En el silencio de esa noche, bella,
encontrará un refugio, silencioso,
donde él, acomodará, a su doncella,
y la adornará, con la gran estrella.
Una, que riela, en un caudal ocioso,
La noche transcurrirá con placidez.
Mientras dos almas, enamoradas,
gozarán la noche, con esplendidez
en una tierna eufonía a la vez,
de mil caricias y tiernas miradas.
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