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No se por qué, he admirado a todos aquellos,
que de su profesión hacen un arte. Artesanos se les llaman, porque emplean todos
sus conocimientos y esfuerzos para superarse en el trabajo que realizan. Uno de
ellos, es el buen sastre, que tras estudiar la tela y con la tiza trazar las
líneas por donde la ha de hilvanar, para acto seguido, con la maquina coserla.
Todo, dentro de un orden y tiempo, que el establecerá, de forma pausada y
ordenada. Porque trabajo y tiempo, son todos suyos, y más si no se depende de
nadie.
Si temerosos, se sintieran éstos artesanos,
a la hora de emprender el trabajo, por el solo hecho, de que no vean claras sus
ideas o pudieran fracasar, no responderían ni lo terminarían jamás fielmente,
sería un fracaso y de continuar así, tendría que terminar cerrando el taller.
Por eso, su imaginación y talento, estarán siempre activos, como lo hace el
conductor de un vehículo, pendiente y centrado en todo momento, en su trabajo.
En cada puntada que dé.
Pienso yo, que algo similar ocurre, en nuestras
vidas, cuando alguien se queda estancado, por temor a correr riesgos; “porque
presiente”, no podrá superar el paso que va a dar. Se le suele llamar miedoso,
pero yo no desearía llamarle así, porque lo que le impulsa a una persona a
comportarse de tal forma, son además de otras muchas causas, la
inseguridad y la inexperiencia.
En cierta ocasión, me pregunté a mi mismo, cual
sería la posición más adecuada a tomar, cuando a uno, le ocurre tal cosa y no
se atreve a seguir hacia adelante; y pensé, que sería algo similar a cuando
nos sentimos con miedo y el terror nos deja paralizado. Solo una rápida e
inteligente decisión, que suele durar escaso tiempo, quizás segundos, sea,
la que le de la oportunidad, de tomar o no, dicho paso, porque de no
aprovecharlo, puede depender su propio destino y a veces, la de los que le
rodean. Pararse, equivale a dar un paso hacia a tras y es irreversible, “si
es que, no se sale huyendo de pavor”. Tomar las de Villa Diego.
Por supuesto, no son los buenos consejos y ánimos
de otros, los que ayudan al indeciso a salir a adelante, será necesario, se
provea de unas buenas dosis de optimismo y sobre todo, convencerse a si mismo
de la importancia tiene esta decisión y lo que le va a reportar Cuantas
veces, son, los vanos prejuicios, el mal estado de ánimo, salud, el poco afán
por recuperarse o superarse, lo que pone frenos a tal decisión. Cuando alguien
opta por realizar un trabajo o proyecto, o como decimos corrientemente, quiere
embarcarse en alguna clase de tarea o aventura, no lo hace por puro capricho,
sino por una necesidad perentoria. Ese último plazo definitivo, que se concede
para tomar una determinación, que de no actuar apresurado, le hará perder esta
oportunidad que se le ofrece, es la clave. Y no me refiero simplemente, al
trabajo o estudios o negocios, sino cualquier otro proyecto, que se tenga entre
manos.
Las vicisitudes, por las que se pasan, a la hora
de tomar una determinación, requieren antes, un examen previo e inteligente, por
el sujeto activo, para llevarlo a cabo, porque si la duda continua, y el
tiempo se extingue, se pierde lo proyectado y hasta puede llegar otro, que
corra más que él y se le adelante, dicho sea le arrebate lo que anhela, aunque
en derecho pudiera corresponderle a él. Y si por el contrario, si se corre
demasiado, influenciado por el miedo a perder la ocasión, también puede ser
contraproducente y desvanecerse todo, al sufrir éste algún descalabro, en ese
correr atolondrado. Como también pudiera suceder, con la vacilación, en ciertos
casos, que puede dar lugar a que sea contraproducente, al poner en tela de
juicio su madurez. a la hora de reaccionar. Y esto, es también aplicable a
cualquier clase de relación sentimental entre las personas, que incapaces de
tomar una rápida decisión, la demoran una y otra vez, por el hecho de estar
influenciado por aquellos que los han instruido y el miedo, cuando al romper
estos lazos que les une, pueda acarrearle, serios disgustos. El hecho de
pensarlo, le hace cerrar toda clase de deliberación, porque siente pánico,
cabila, que tal determinación si le falla, le hará encontrarse solo/a, sin el
apoyo de aquellas personas cercanas, en las que tiene depositada toda su
confianza. Porque una vez, lo hayan abandonado, quede a su suerte y se sienta
perdido. Todo ello, por no tener un criterio propio y fijo sobre las cosas.
Y no hablemos de esos otros, veletas, sin rumbo ni ideales, ni proyecto de
futuro que les satisfaga, para estos, si las cosas les fueran mal, - porque ni
ellos mismos conocen lo que anhelan, ni por qué deben regirse, y aún peor, si
por ventura, éstos tomaron en alguna ocasión, providencia alguna y sus logros se
les vinieran abajo- echarían todo a perder, culpándose así mismo por su la mala
suerte. Personas insegura(s), que necesitan estar impulsados por otros que les
apoyen y alienten, gente acostumbrada a que le fallen sus proyectos, y solo
viven esperanzados, en que un golpe de suerte les haga mejorar.
En fin, temerosos, asustados, desanimados o
acobardados, de ellos, nunca será el mundo, sino de los que se arriesgan y fijan
un criterio basado en la razón y la ambición de superarse, los primeros, serán
del montón, porque siempre necesitarán alguien que les guíen, sin llegar a
prever, donde sus preceptores, desean llevarlos.
Para el artesano, el orden, es un método siempre
organizado y disciplinado que hace funcionar la forma de cómo debemos
conducirnos a la hora de actuar. Es un fin inteligente que evita el caos,
necesario, para que todo funcione con cierta corrección y regularidad y de
buenos resultados. Todo orden requiere un sacrificio y confianza en si mismo. De
aquí, que muchas empresas, hayan fallado por culpa de ello. Para la persona
disciplinada, no existe la duda, y hasta el trabajo lo realizará con más
confianza. Sí, con más seguridad y a la larga, le resulte más sencillo y
confortador.
El hilván, ese hilo frágil que solo sirve para
marcar, por donde otras puntadas deberán coserlo definitivamente, dejará los
dobladillos bien seguros y con ello, la prenda terminada, por lo que este
hilván, hará culminar felizmente su trabajo. Antes habrá sido necesario
-repito- hilvanarlo todo en la mente, con seguridad y apreciación, para llevarlo
a cabo felizmente.
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