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 LAS CARTAS DE DON MANUEL

Hilvanes

 MANUEL RUBIO

 

 

FOTO: MANUEL RUBIO

No se por qué, he admirado a todos aquellos, que de su profesión hacen un arte. Artesanos se les llaman, porque emplean todos sus conocimientos y esfuerzos para superarse en el trabajo que realizan.  Uno de ellos, es el buen sastre, que tras estudiar la tela y con la tiza trazar las líneas por donde la ha de hilvanar, para acto seguido, con  la maquina coserla. Todo, dentro de un orden y tiempo, que el establecerá, de forma pausada y ordenada. Porque  trabajo y  tiempo, son todos suyos, y más si no se depende de nadie.

 

Si temerosos, se sintieran  éstos artesanos, a la hora de emprender el trabajo, por el solo hecho, de que no vean claras sus ideas o  pudieran fracasar, no responderían ni lo terminarían jamás fielmente, sería  un fracaso y de continuar así, tendría que terminar cerrando el taller. Por eso, su imaginación y talento, estarán siempre activos, como lo hace  el conductor de un vehículo, pendiente y centrado en todo momento, en su trabajo. En cada puntada que dé.

 

Pienso yo, que algo similar ocurre, en nuestras vidas, cuando alguien se queda estancado, por  temor a correr riesgos; “porque presiente”, no podrá superar el paso que va a dar. Se le suele llamar miedoso, pero yo no desearía llamarle así, porque lo que le impulsa a una persona a comportarse de tal forma, son además de otras muchas causas, la inseguridad y la inexperiencia.

 

En cierta ocasión, me  pregunté a mi mismo, cual sería la posición más adecuada a tomar, cuando  a uno, le ocurre tal cosa y no se atreve a  seguir hacia adelante;  y  pensé,   que sería algo similar a cuando nos sentimos  con miedo y el  terror nos deja  paralizado. Solo  una rápida e inteligente decisión, que suele durar escaso tiempo, quizás segundos, sea, la que le de la oportunidad, de tomar o no, dicho paso, porque de no aprovecharlo,  puede depender su propio  destino y a veces, la de  los que le rodean. Pararse, equivale a dar un paso hacia a tras y es irreversible, “si es que, no se  sale huyendo de pavor”. Tomar las de Villa Diego.

 

Por supuesto, no son los buenos consejos y ánimos de otros, los que ayudan  al  indeciso a salir a adelante, será necesario, se provea de unas buenas dosis de optimismo y  sobre todo, convencerse a si mismo de la importancia tiene esta decisión y lo que le va a reportar  Cuantas veces, son,  los vanos prejuicios, el mal estado de ánimo, salud, el poco afán por recuperarse o superarse, lo que pone frenos a tal decisión. Cuando alguien  opta por realizar un trabajo o proyecto, o como decimos corrientemente, quiere embarcarse en alguna clase de tarea o aventura, no lo hace por  puro capricho, sino por una necesidad perentoria.  Ese último plazo definitivo, que se concede para tomar una determinación, que de no actuar apresurado,  le hará perder esta oportunidad que se le ofrece, es la clave. Y  no me refiero simplemente, al trabajo o estudios o negocios, sino cualquier otro proyecto, que se tenga entre manos.

 

Las vicisitudes, por las que  se pasan, a la hora de tomar una determinación, requieren antes, un examen previo e inteligente, por el  sujeto activo,  para llevarlo a cabo, porque si la duda continua, y el tiempo se extingue, se  pierde lo proyectado y  hasta puede llegar otro, que corra más que él y se le adelante, dicho sea  le arrebate lo que anhela, aunque en  derecho pudiera  corresponderle a él. Y si por el contrario, si se corre demasiado, influenciado por el miedo a perder la ocasión, también puede ser contraproducente y desvanecerse todo, al sufrir éste algún descalabro, en ese correr atolondrado. Como también pudiera suceder,  con la vacilación, en ciertos casos, que puede dar lugar a que sea   contraproducente,  al poner en tela de juicio su madurez. a la hora de reaccionar. Y esto, es también aplicable a cualquier clase de relación sentimental entre las personas, que incapaces de tomar una rápida decisión, la demoran una y otra vez, por el hecho de  estar influenciado por aquellos que los han instruido y  el miedo, cuando al romper estos lazos que les une, pueda acarrearle, serios disgustos.  El hecho de pensarlo, le hace cerrar toda clase de deliberación, porque siente pánico, cabila, que tal determinación si le  falla, le hará encontrarse solo/a, sin el apoyo de aquellas personas cercanas, en las que tiene depositada toda su confianza.  Porque una vez, lo hayan abandonado, quede a su suerte  y se sienta perdido. Todo ello, por  no tener un criterio propio y  fijo sobre las cosas. Y no hablemos de esos otros, veletas, sin rumbo  ni ideales, ni  proyecto de futuro que les satisfaga, para estos, si  las cosas les fueran mal, - porque ni ellos mismos conocen lo que anhelan,  ni por qué deben regirse, y aún peor, si por ventura, éstos tomaron en alguna ocasión, providencia alguna y sus logros se les vinieran abajo- echarían todo a perder, culpándose así mismo por su la mala suerte. Personas insegura(s), que necesitan estar impulsados por otros que les apoyen y alienten, gente acostumbrada a que le fallen sus proyectos, y solo viven  esperanzados, en que un golpe de suerte les haga mejorar.

 

En fin, temerosos, asustados, desanimados o acobardados, de ellos, nunca será el mundo, sino de los que se arriesgan y fijan un criterio basado en la razón y la ambición de superarse,  los primeros, serán del montón, porque siempre necesitarán alguien que les guíen, sin llegar a prever, donde  sus preceptores, desean llevarlos.

 

Para el artesano, el orden, es un método siempre organizado y disciplinado que hace funcionar la forma de cómo debemos conducirnos a la hora de actuar. Es un fin inteligente que evita el caos, necesario, para que todo funcione con cierta corrección y regularidad y de buenos resultados. Todo orden requiere un sacrificio y confianza en si mismo. De aquí, que muchas empresas, hayan fallado por culpa de ello. Para la  persona disciplinada, no existe la duda, y hasta el trabajo lo realizará con más confianza. Sí, con más seguridad y a la larga, le resulte más sencillo y confortador.

 

El hilván, ese hilo frágil que solo sirve para marcar, por donde otras puntadas deberán coserlo definitivamente,  dejará  los dobladillos  bien seguros y con ello, la prenda terminada, por lo que este hilván,  hará culminar felizmente su trabajo. Antes habrá sido necesario -repito- hilvanarlo todo en la mente, con seguridad y apreciación, para llevarlo a cabo felizmente.


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