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 LAS CARTAS DE DON MANUEL

Sin desearlo, nos persigue

 MANUEL RUBIO

 

 

No la elegiste, tú, te la encasillaron, entre las tantas cosas molestas que saturan la vida de uno y al no tener remedio, hay que amoldarse a ellas.

 

Se le llama propaganda de mercado, pegadiza como la más, tanto, que a veces es imposible apartarla de nosotros. Te la meten por un tubo, nunca mejor dicho, (a través  de la TV) y radio, vallas publicitarias, o allá, por donde vayamos, calles, vehículos públicos. Nos sacude a todas las horas, con la intención única, de convencer, que, el producto, presentado, es el mejor del mercado y de tal forma, uno, termine consumiéndolo.

 

Supone un quebradero de cabeza, llegada la hora de responder a tanta oferta, bebidas, cachivaches y otros productos, de cadenas de producción de marcas mil. Avispado habrá de ser el prójimo, para no caer en estas redes propagandísticas de las grandes empresas, incluyendo, entidades religiosas o política. Porque a la hora de elegir (comprar), no conociendo la marca a escoger, se suele pedir, aquella, más “sonada”. Cualquier comunicado o consideración que se le transmita al ciudadano de éste tipo, lleva implícito a veces, otra clase de mensaje, previamente todos, elaborados por la plana mayor de sus organizaciones o instituciones, conocedores en todo momento, cuales son las apetencias del público y necesidades, como aquello, más le atrae al indeciso consumidor, para de esta forma ser captado.

 

La propaganda es un procedimiento, asimismo, encaminado, a modificar la voluntad del comprador, con campañas de imagen y sonido, incluso con lema publicitario, incluyendo música, regalos etc. todo relacionado con el producto, que no solamente, ha sido promocionado por primera vez, sino, también de otros, largo tiempo, comercializados, siempre, haciéndoselos llegar, al posible consumidor, de la forma más atractiva,

 

Antes, en todo ello, se habrán invertido sumas fabulosas, con dichos fines, a sabiendas de que,  más tarde o temprano, muchos, responderán a esta llamada y será recuperado con creces, el capital empleado en ella,  Una oleada de ideas propagandísticas, dispuestas a captar (cazar) toda clase de público, sin haber sido solicitado por éste. Alguien comentó:  “Una mentira muy repetida, que llega a transformase en verdad”, yo añadiría, un lavado continuo de cerebro, que impacta  en aquellos que se dejan seducir. Si bien, cuantas otras veces, la palabra propaganda, no tiene otro significado propio o bien distinto, y hasta negativo.

 

Escribiendo y acordándome, estoy, de algo que ocurre en todo hogar, cuando la familia está viendo un programa en TV y lo interrumpen, para dar paso a la publicidad, esa propaganda, que le proporciona a la cadena pingues beneficios, ingresos substanciosos. Tanto es, lo que nos molesta, que para huir de ella, como medida previa, anulamos, con el mando a distancia, el sonido, evitando así, esa fastidiosa cantinela, que atormenta el cerebro. Mas, como el espectador, se halla frente una caja tan dominante, como es la TV, ésta, buscará otros caminos para introducirse  en las mentes del espectador, esta vez lo hará, a través del sentido de la vista, que distraída o por no saber donde fijarla, sigue pendiente al aparato, como si la cabeza,  estuviese  fija sobre los hombros. Pasmados, allí continuaran, sin aprovechar esos momentos de descanso, ni para echar una meada, o hacer otra gestión que se apetezca. No, allí permanecerán  sentados, y no es por falta de cálculo  para no perderse  el hilo del programa que se esté transmitiendo, sino  por la cochina dependencia que se tiene de esa caja tontina. Y es, que la publicidad tiene un poder de captación sobre el débil ciudadano, que le absorbe por completo. Por lo que una información transmitida tan a menudo, representa una carga emocional, que maltrata al que la percibe, incluso cuando se la “mejora” con motivos artísticos para que le sea más regalada a los sentidos.

 

Forman parte de esta red, aquellos otros, expertos técnicos, sobre esta materia o ciencia, que dispondrán de los medios suficientes para aleccionar también al personal de supermercados y sus empleados y hasta de cómo tendrán que ir colocadas las mercancías en los estantes, e incluso, exponer otros productos “de bulto” a sabiendas de que no se van adquirir, para que el consumidor opte por aquellos otros, más a la mano, que el comerciante, si desea, deshacerse pronto de ellos, exhibiéndolos, con notas tales como: ‘Rebajado’, ‘A mitad de precio’, ‘Tres por uno’ etc.-. A los  empleados, también se les enseñará a conducirse de forma educada y elegante, incluyendo, gestos corporales, o posiciones que le sean amenas al cliente, no sólo para un mejor entendimiento, sino para que su trabajo resulte más fructífero, dicho sea de otra forma, rinda más, como fin, se venda más. Por eso, los dependientes o encargados, que sean elegidos habrán pasado un examen y cursos adicionales con expertos psicólogos antes de ser calificados y clasificados, donde se les harán ver, “por el bien de ellos y de la sociedad en la  que trabajan” que toda esta preparación va dirigida a que sean “los números” (las ventas) las que priven, me explico, preparados para dar el máximo rendimiento a la hora de vender.

 

Sobre la propaganda y lo que esta influye en nuestra aquiescencia, estriba en los medios  de los que se dispongan, tanto para admitirla como para repelerla y de la presión que se reciba del exterior. Existen, grandes volúmenes de textos y escritos, de como un producto debe ser propagado, para que no ofrezca resistencia al que necesitando  de él,  no deje de adquirirlo.

 

Nos vapulean, una y mil veces, para captarnos, y no sólo cae el burgués, sino el económicamente débil, que dependiendo de un sueldo ajustado para vivir, se ve  avocado a gastar en perjuicio de su economía y cuantas veces, sin una necesidad perentoria, de adquirir dicho producto y a pesar de ser consciente de ello, se entrampará y se llenará de deudas, adquiriendo la mercancía anunciada. ¡Ha caído en la “trampa”, que se le ha tendido!


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