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 LAS CARTAS DE DON MANUEL

Que hubiera sido de… esto o aquello si…

 MANUEL RUBIO

 

 

FOTO: MANUEL RUBIO

“La promesa que movió a Sancho a servir a Don Quijote, fue la que éste, le prometiera que, si ganaba alguna ínsula, le dejaría ser gobernador de ella”.

 

Que hubiera sido de Don Quijote de la Mancha, el caballero de la triste figura,  sin su escudero Sancho Panza, a quien tantos consejos y promesas, le inculcó y prometió, a cambio de, sus servicios, como escolta y ayudante de él. O las relaciones del ciego, gran maestro del lazarillo, a quien tanto fustigó y sin cuya compañía ambos no se hubiesen “beneficiado” mutuamente. Ayuda, asistencia o prestación de servicios demandados por el ser humano, bien de forma voluntaria o retribuida y que sin ellos, la mayoría de la humanidad,  no podría haber llevado a cabo ciertos cometidos, con éxito.

 

Servicios, que  hacen  cambiar la trayectoria de la vida de una persona, tanto al que los presta, como al que los recibe y por supuesto, con resultados y beneficios, muy heterogéneos, diferentes en provecho y calidad en cada una de las partes. En el caso de Don Quijote, si no le hubiese persuadido al bueno de Sancho Panza, su criado, para que le acompañase,  no hubiera culminado “con éxito”, algunas de sus aventuras y como consecuencia de ello,  hubiésemos contemplado, a nuestro hidalgo caballero, hablando consigo mismo, y sin que sus correrías, hubiesen tenido la fuerza que amo y escudero, juntos, le imprimieron, y dieron mientras cabalgaron.`por esos parajes de la Mancha o Sierra Morena. Sin embargo, Sancho su escudero, tampoco hubiese tenido la oportunidad “de haber sido ilustrado” por su señor, “acerca de los peligros que correrían ambos cuando se enfrentaban a sus más fieros y tenebrosos enemigos”, que los hallaban  por doquier venta o camino que pisaban  Y fue el caso, que siendo Sancho, tan cerrado de mollera, (según el caballero nos confesó, porque tenía la inteligencia de un ladrillo)  nunca hubiese llegado a ser, Don Sancho, gobernador de la ínsula Marataria, sin su señor. Sancho en este pasaje, se muestra audaz y juicioso e impone una lección de cordura a aquellos nobles ociosos y desalmados, a los que eligió Cervantes para satirizar a la nobleza española”. No fue así para Don Quijote, que una vez tachado de loco fuese enjaulado y devuelto a su casa, acompañado por sus tres mejores amigos, el licenciado, el cura y el peluquero.  Aunque mala suerte también correría en otras ocasiones el desgraciado de Sancho Panza,  al  que mantearan, palearon y se mofaron  de él, con creces. Por lo que nunca, por estas y otras cuitas,  las relaciones entre ambos, dieron fruto alguno y si muchos rompederos de cabeza, volviendo a sus hogares, con las bolsas vacías y  mucho que contar.

 

Aplicar  estos  episodios cervantinos,  a todo tiempo y lugar de nuestra sociedad, es lo que deseo, donde, unos, usan lanza y yelmo de caballeros y otros por comodidad o falta de luces hacen el papel de escuderos, para luego juntos recorrer caminos inhóspitos y a veces peligrosos y poco gratos,  donde el mayor enemigo del hombre, es él mismo, sus ambiciones e intereses, ególatra ya de por sí y egoísta, por creerse el centro del mundo. Es sumamente de importancia para el individuo, que halle una relación interpersonal, para poder vencer los muchos obstáculos que se le pueda presentar durante ese cabalgar sin tregua. El apoyo o ayuda de otros, siempre será de interés por ambas lados, tal especificaba arriba. Y siempre nos será extraño, porque sorprende,  ver alguien, que de forma altruista o humanitaria, se ofrezca a entregarse a su prójimo, sin recibir nada material a cambio, siendo estos últimos, considerados, por no entenderse lo que les mueve a tomar tal postura, como unos extraños jinetes solitarios, aislados del mundo. Mientras en la humanidad batallarán sin descanso, unos cabalgando, otros a pie o en jumentos, en busca de la panacea de oro, u otras gemas sobrenaturales, que al estar en su poder, creen, les aliviará la fatiga y el ajetreo diario del camino. Serán altos en el trayecto, los descansos en posadas en las que se alojen, o lugares, a campo abierto, para reposo, cuando interrumpen su galopar sin tregua y doloridos,  darle desean, un descanso al cuerpo y al espíritu reconfortarlo con la savia que éste le demande. Por lo que esas paradas, suelen ser de muy corta duración, por temor a qué, alguien, les coja la delantera. Galopará el “caballero” por tener una buena montura y tras él, o junto a él, su escudero, siempre al trote borriquero, amparado por  su caballero y que no, le impedirá a éste último, se trague todo  el polvo que tras sí va dejándole por el camino. 


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