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Por cambiar de plato en
Navidades, la cosa no quede. Que pensarlo no se lleva mucho tiempo y hasta
puede salir más económica y menos agotadora su elaboración. ¿Qué pensaría usted,
si, su señora le propusiera, que en vez del típico plato de pavo, pollo,
cabrito, pescado o mariscos, estas Navidades, reemplazarlos por un cuenco de
buen caldo de cocido o consomé y tras él, un exquisito plato de patatas con
huevos de campo, fritos, (condimentado todo ello, con aceite de oliva) y si
es posible, para darle más sabor a la comida, acompañarlos de algunas lonchas
de jamón serrano? Porque este año, no sé por qué razón, sobran medio millón de
litros de aceite de oliva, en España, una cantidad que no se envasaba y
se exportaba en bruto. Bueno, esto no viene a qué, en este escrito. Dejémoslo en
manos de quien le incumba, y continuemos con nuestro plato favorito para estas
Navidades, que no es para menospreciarlo.
Romperemos así una práctica
centenaria de comer y beber, hasta la saciedad, que junto a dulces navideños y
otras golosinas, con exceso los límites de comer y beber. Un apetito desordenado
que nos hace coger más peso y consiguientes indigestiones. Si bien, dicho sea,
que estas fiestas, dan ocasión a reunirse toda la familia y estrechar más los
lazos que les atan, quizás, por estar distantes los unos de los otros (no en
distancia solamente si no también en afecto y sentimientos), o por causa de
que las relaciones pudieran haberse enfriado, también es lógico admitir, que
proporcionan muchos dolores de cabeza, tantas fiestas, al final de la jornada.
Llevarlas a cabo, suponen un gran dispendio, cuyo trabajo se descarga en la ama
de casa, en estos días de Navidad, Noche Vieja, Reyes, porque ellas, son las
verdaderas artífices y organizadoras por regla general de estos ágapes.
Comilonas excesivas, que si bien generan regocijo entre familiares y amistades,
por otro lado, su coste como ya indico es lamentable, llegando a dejar la
cuenta corriente a cero, o empeñada a la familia y al ama de casa, extenuada de
tanto trabajar, pensar y cocinar.
Y refiriéndonos a este plato,
piénsenlo bien, ¿a que no está mal del todo? Siempre que haya huevos para
hacerlo y buen jamón, para cortar. Porque muchos habrán, que, en estas
Navidades, que ni siquiera este plato relativamente económico, lo puedan
lograr.
A mí, particularmente, que me
lo puedo permitir, dejaba mi cuenta corriente, en un estado lamentable. sabia,
la de ésta A señora, que agobiada de tanta glotonería y fiesta, en las mismas
épocas del año, rompe y cambia por un método más sencillo y practico, tolerable
al bolsillo y al estomago favorable. Aún así, sume usted, a comprar de
acuerdo al presupuesto que se tiene, almacenar, conservar, para
después, cocinar y cocinar durante todas las navidades, y solo oír,
mientras se yanta, decir, que bueno está todo esto o aquello. ¡Y es que no
compensa, señores!, este derroche tan cristiano de celebrar el nacimiento del
hijo de Dios, el de una familia pobre, que pasó la noche en un establo,
pasando hambre y frío. Comunidades llamadas católicas, que levantan grandes y
embombillados Árboles de Navidad, mientras, la miseria crece en el mundo.
Por otro lado las
multinacionales del consumo, aprovechan esta coyuntura, para hacer su “agosto”
estrujando al ingenuo consumidor llenos de prejuicios y antojos, observese el
despilfarro existente de nuestra sociedad, abarrotando toda clase de comercios,
haciendo gastos excesivo e innecesarios. ¡Y los Reyes!, no me refiero a los de
la casa real, sino a esos señores de oriente que traen juguetes (cuando no lo
cambian por armas), algunos de los juguetes, ya apartados con bastante
antelación. Y que me dicen de esa Alcaída, que presurosos, preparándonos
estaban, una desagradable sorpresa, quien sabe si por Reyes.
Testigos algunos fuimos, de
aquellas navidades de principios de siglo pasado cuando en nuestras casas se
levantaban reducidos nacimientos con sabor navideños, y adornos de un valor
económico bajo, que estaban al alcance de todos. Mientras curioseabas como “a
los lejos”, llegaban esas tres grandes figuras de los reyes magos montando sus
respectivos camellos, siguiendo la estrella, que les conduciría al portal de
Belén, podías oír al pavo o pollo emitiendo sus ruidos peculiares, atado/s al
balcón, con un recipiente de cereales lleno, para que engordara; o bien,
reparabas en la señora de la casa, como irritada, en ese ir y venir, cogía al
pavo por encima su falda y procuraba abrirle con fuerza el pico, para que
engullera los granos de maíz, no fuese a ser que por no comer, se les muriera.
Tiempos de pandereta, zambomba y villancicos, en el que la gente joven,
formando coros, tanto en ciudades como pueblos, recorrían casa tras casa, para
regalarles con sus alegres voces, villancicos, a los oídos de la gente que se
les acercara, y sí mientras tanto recoger podían algún aguinaldo, más contento,
aún, se ponía el coro. Unas mozas guapas y alegres, más vivas que altaneras,
que no rechazarían la copa de anís y torrijas que se les ofreciera. Y ahí
quedaba todo, sin esa necesidad de irse a la discoteca o romperse la testuz con
el coche de papa, por las carreteras, y la tripa llena de comida y vino. Gente
aquella otra, sencilla y consciente, que a la horas de hacer uso del sexo, como
natural, siempre ha sido en todo tiempo, si nadie se lo impedían, lo harían más
comedidamente, abrazando a su ser amado en lugar discreto.
Que haya paz y felicidad, en
estas navidades en todos los rincones del mundo y se ayude a quien lo necesite.
¡Ah y no se olviden de mi consejo: Huevos fritos con patatas fritas!
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