Año III

 

  

 

 

 PORTADA

 Noticia del día

 Cádiz

 Jerez

 San Fernando

 El Puerto

 Chiclana

 Puerto Real

 Rota

Participa AQUÍ en la encuesta

 El Mundo

 Deportes

 Toros

 Opinión

 Cartas al Director

 El Derrotista

 Servicios

 Reserva Hoteles

 El Tiempo

 Prensa/TV/Radio

 Entrevistas

 A Fondo

 Foto-Noticias

 Bahía Cultural

 Carnaval366Días

 Suscribirse

 Patrocinadores

 Publicidad

 Quiénes somos

 Contacto Prensa

 Hemeroteca


 

 

 LAS CARTAS DE DON MANUEL

Cuando nos volvemos jueces

 MANUEL RUBIO

 

 

FOTO: MANUEL RUBIONo es mi deseo introducirme en un campo, que de “derecho”, solo le pertenece a la Jurisprudencia, ni tampoco hablar de ese gélido código penal, donde bien tipificados y enumerados se hayan toda clase de delitos y faltas con sus correspondientes sanciones, ni tampoco  de las tres evidentes causas por las que estas se aplican, ni de los mecanismo a seguir por el poder judicial, cuando emite sentencia, aumentando o disminuyéndolas, según las agravantes y eximentes en el momento de cometerlo.

 

Largo y pesada tarea se haría ésta, para mí, un profano, carente de los suficientes conocimientos,  que satisficiera al  lector, hoy más ilustrado que ayer en toda clase de materias. 

 

Pero opinar deseo, si me es permitido, de aquellas injusticias que se cometen en este globo terráqueo, cuando se dicta sentencia, saltándose las reglas por las que se rige el país, por estar sus leyes, sujetas a ideologías política, religiosas y hábitos, conectadas con ellas; discriminando a las personas por razón de sexo, raza o ideologías

 

Por supuesto, que en muchos lugares de la tierra, se da la circunstancia de que son desproporcionados los castigos que se imponen, comparándolos  con otros delitos de mayor cuantía (gravedad), cuando una persona  ha sido sancionada sin pruebas suficientes, llegando incluso, hasta la pena capital, por el simple hecho de manifestarse públicamente, guardar unos principios o sostener unas ideas,  allí será, donde la justicia  es administrada   por  dictadores, tiranos, que oprimen al pueblo, para prevalecer aquellos en el poder. Testimonios mil llevados a la practica en antaño y aún, hoy se siguen dando en muchos lugares de la tierra, cuando se practican juicios sumarísimos, sin las suficientes garantías, o pruebas de defensa insuficientes o adecuadas, que ampare legalmente al acusado. La horca o el tiro en la nuca,  por no ser adeptos a sus consignas, ideologías políticas o religiosas, se dan todavía en países asiáticos. Como el empleo de penas  excesivas, para amedrentar y sumir a un pueblo en un estado de obediencia permanente. O cuantas veces, aquí o allí, un indigente ha robado tan solo para comer él y su familia y se le han aplicado penas elevadísimas. Pero aún más grave es, cuando el poder de juzgar,  se lo toman aquellos agentes encargados de la seguridad, aplicando arbitrariamente, castigos corporales o psíquicos a los detenidos, sin necesidad, llegándoles a causar  daños irreparables. O incluso por un exceso de animadversión o ira,  hayan llegado hasta producir  la muerte. Procesos de los cuales, la prensa, se hace eco a menudo de ellos y son denunciados ante el mundo entero. Hace poco se nos dio testimonio de ello, en “países civilizados” como  los EEUU, Reino Unido e incluso en España, en fechas tampoco muy  lejanas, países libres que gozan de “toda clase de libertades y de garantías constitucionales, los ciudadanos.

 

Por último me produce cierta consternación, la de aquellos pueblos islámicos, donde rige una administración caduca, de tinte religioso, implacable, que  permite incluso que sea el mismo pueblo quien aplique “la ley”, lapidando a una indefensa mujer, cuyo delito no fue otro, que el haber sido seducida por sus mismos ejecutores, sin que estos, reciban castigo alguno, por ello.

 

Y es que solo cuando las injusticias nos salpican, es cuando llegamos a conocer lo insoportable que supone vivir de tal manera, siendo entonces cuando valoramos una democracia, en un estado de derecho, justa, para cuando alguien incumple algún articulo de la Constitución, se ponga en marcha los resortes necesarios para corregirlo..

 

Y para concluir diré que son varias las causas que alteran el orden social y buena convivencia, y una de ellas para mi primordial, es la falta de reprimir con contundencia todos los delitos y en especial  el del terrorismo, causante este último,  de un  continuo estado de malestar en la población. Y como ya anuncie  en otra ocasión, se les permitan a sus componentes,  que opinen, se reúnan  y se manifiesten. Señores las libertades de nuestra  democracia, nunca debieron llegar hasta ahí. Odia el delito compadece al delincuente. Solo que éste último tenga derecho a expresarse, con asistencia de un abogado o letrado ante los tribunales, para su defensa, si así lo desea.


ARTÍCULOS ANTERIORES

ÚLTIMOS TITULARES                                             Imprimir esta página

  Portada Principal © DIARIO Bahía de Cádiz (BC) Aviso Legal 
Publicidad -  Poner como página de inicio  -  Añadir a Favoritos  -   ¿Quiénes somos?

 

 

Publicidad         

 

C/Profesor Antonio Ramos, 12, 3ºIZQDA - 11.100 San Fernando (CÁDIZ)
Redacción: redaccion@diariobahiadecadiz.com  Dirección: danyprensa@yahoo.es   Teléfono: 658 685 782