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Espías los hay, de muchas clases: Por fanatismo,
ideales, obediencia, lucro, chantaje, y dentro de ellos, de todas las categorías
y procedencias. Hablar de este colectivo, nos llevaría largo espacio y tiempo.
Somos muchos, a los que nos atrae, los relatos
sobre espionaje y vida de sus personajes. Y es, porque, nos impresiona lo
arriesgada y poco segura que esta profesión es. Semejante a la del torero,
pero, en este caso, sin saber por donde andan los cuernos del toro. No usa traje
de luces, sino uno, que se asemeje, al estilo y cultura del lugar que opera.
Hombre, preparado, instruido en centros especiales, con un buen don de gentes,
que le hace mezclarse fácilmente con la población. Inteligente, activo, y frío y
con un gran abanico de conocimientos e intuición para resolver los problemas que
le van surgiendo. Vivo, observador y cauto, a todas las horas del día,
tanto, que por un descuido, puede quedar al descubierto y costarle “el cargo”
por no decir la vida. Disciplinado, con las consignas recibidas de sus
superiores y correcta interpretación a la hora de aplicarlas. El “buen” espía,
además de reunir las cualidades anteriormente mencionadas debe ser un hombre sin
escrúpulos y dispuesto a eliminar por el medio que sea, todo obstáculo que se le
interponga o impida su tarea.
La vida para él, como se suele decir en La Gran
Bretaña, no vale ni un penique. Un empleo temporal, que sin previo aviso puede
ser relevado en un santiamén de su cargo, empleando un sinfín de
procedimientos. Su desgracia se puede achacar, a una simple equivocación o
percance, o no haber sido fiel a las consignas recibidas.
Espías, siempre los ha habido en todos los países
y se hasta dado el caso de familias enteras dedicado a ello, Espías agregados a
embajadas o consulados, que disfrutaran de gran inmunidad, pero aún así, en
cualquier momento, también pueden ser relevados, sustituidos, o eliminados, por
ser pocos competitivos o dudosos para los que les trabajan
En el caso de Alexander Litvinenko, yo
personalmente no entiendo como a este ex agente de la KGB, (actualmente
llamada esta organización en Rusia SFS), mientras comía, en aquél
restaurante chino, quizás, con algún contacto, que le estuviera pasando
información, le introdujeron en su cuerpo, esa ponzoña (Polonio 210).
Aunque hospitalizado y vigilado bajo medidas, de alta seguridad, falleciera,
completamente desfigurado, por el efecto de la radioactividad.
Se especula, en el caso de Alexander, su
“ejecución”, fuera debido a haber hecho, antes, declaraciones acerca de los
rusos y su s formas de actuar en Chechenia y otros lugares, o bien de cómo
fueron eliminadas otras figuras de las altas finanzas en la URSS, que de “modo
accidental”, el gobierno en su día, informó habían fallecido. Pero, lejos de
estas especulaciones que doy por fundamentadas, opino: “Que el espía es
un cargo caduco, unos más que otros (en este caso, unos tres años). Y es
que en el momento en que se salen de su atribuciones u obran por iniciativa
propia, se saltan las reglas del juego o pierden credibilidad, son eliminados
fulminantemente”. “ O también, el caso del espía doble, - que suele darse a
menudo cuando son descubiertos- serán sus “nuevos jefes” quienes procedan a
prescindir de él, porque no les es útil o desconfían de él. Entonces, será
aprovechada esta coyuntura para culparse unos a otros.
Si en cualquier momento, durante su trabajo, la
conciencia de alguna de ellos despertara y se dejara llevar por la razón la
moral y buenas costumbres, sería cuando toda su carrera se iría al traste.
Un juego bastante sucio, este de espía, practicado
por muchos países y organizaciones.
Y termino esta mi opinión, contemplando, a los que
por motivos honorables, dieron la vida, en el cumplimiento de este trabajo, y
quedaron en el anonimato, sin llegar a saberse jamás de ellos, ni de sus
actividades, ni procedencia, porque, cuando “desaparecieron”, con ellos, se
cuidó, hacer desparecer también su identidad.
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