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El primer paso, se dio aquella noche, cuando sin
sospechar cuan delicada podía ser su proposición, uno de los cónyuges, molesto
ya de tener su cuerpo tan pegado al de su consorte, se despierta y medio
adormecido/a le pregunta: ¿No te parece que en vez de una almohada deberíamos
usar dos? Mañana hablaremos de eso, - le dice la otra parte,- ahora tengo sueño.
Y como a la mañana siguiente, ninguno de los dos
recordara tal propuesta, quedó en el olvido, por lo que todo siguió igual. Pero
e aquí, poco después, cuando profundamente dormidos ambos estaban, con las
narices pegadas, una a la otra, un ronquido de uno de ellos, despierta al otro,
que inconscientemente con la mano “desplaza cariñosamente hacia atrás la faz
roncadora” al tiempo, que retrocede con sigilo. Y como si de una orden se
hubiese tratado, ambos, giran de posición y se dan la espalda, hasta despertar a
la mañana siguiente, que el perjudicado, por discreción tampoco hizo comentario
del incidente! Las noches se sucedieron unas tras otras, hasta que se produjo,
el trompazo o sacudida, que colmó ya la paciencia. Asido la/e tenía por la
espalda, cuando una ventosidad rompió el sueño del que atrás se hallaba, que
ante el ruido emitido, se vio obligado no solo a replegarse, si no a, aislarse
cuanto pudo de la molesta pestilencia, al mismo tiempo que, se liaba la sabana
alrededor del cogote, antes, de que la pituitaria detectara el hediento olor
emitido. Tardó más en reconciliar el sueño, pero durmió hasta la mañana
siguiente que nada más despertar, ojo avizor, esperó a que su amor también lo
hiciera, para comunicarle sin dilación, lo que aquella noche hubo pensado -sin
hacer referencia al incidente-: ¿Qué te parecería cariño, si en vez de una cama,
cada cual, tuviese la suya? ¡Claro, en el mismo cuarto y contigua la una a la
otra, incluso amarraditas, si así lo prefieres, por si se terciaria…? La otra
parte, que hasta entonces había estado conteniéndose, por prudencia, con
mojigata sonrisa, como si de acuerdo hubiera estado le contestó afirmativamente.
Se llevó a cabo, por supuesto, el proyecto, porque
estos acontecimientos, ocurren a menudo entre parejas, incluso bien avenidas, y
no tendrían mayor importancia, si no se profundizara o se le buscara enredada
explicación. “Ya que las cosas ocurren, porque tienen que suceder” y como
siempre, es nuestra mente la que rige nuestro cuerpo, la cual, buscará el mejor
acomodo a este, ya que el amor como el sexo, es una combinación que adormece los
sentidos, de la persona, que ebria en deseos busca solo la felicidad para
ambos. Y hasta que tal estado de inconsciencia no transcurre, no se ven claras
las cosas, son como nubes que empañan y no deja ver la realidad. Todo,
resultado de esa combinación química que se lleva en cerebro para que la
especie siga perpetuándose. Tendrán que ser los años, los que en ese continuo
contacto y entendimiento, sea el que genere el verdadero amor entre la pareja,
pero aún así, si alguno de los dos fallase, transcurrido un tiempo se iría todo
al garete. Veámoslo con un ejemplo: Si por un infortunio, el dedo gordo del pie,
hiciese su aparición por el fondo de las sabanas, ya éste, no se vislumbraría
tan agraciado como se advertía en un principio, sino más grotesco y ridículo,
como engarrotado, que bien por la edad o porque “la visión haya cambiado, se
tiende a huir de él. Y si dichos “pinreles “anteriormente tampoco olían a
quesos” ahora si se advierte como ventean. ¡El olor a cuerpo humano, no se
detesta hasta que palidece todo amor y ternura que dio como resultado, que ambos
se quisieran profundamente. A partir de tan desafortunado incidente, cuando
descubierto se ha la realidad, hay que andarse con mucho delicadeza, más bien
diría, prudencia, porque o se aceptan estos contratiempos con todas sus
consecuencias o se les rechazan de plano y con ello incluida la pareja. Por
ende, hay que considerar este caso de la doble cama, como un precedente de
buena voluntad, para que el matrimonio no se malogre y perdure. El uso de dos
camas, bien amaraditas, una con la otra, pueden ser consideradas como una de
matrimonio, pero con la ventaja, de dormir más holgadamente, pudiéndose
“desliar” en cualquier momento.
Que el mantener relaciones largo tiempo, es una proeza
exclusiva, de personas de talante y firme tenacidad que demuestran con ello, a
la vez, seria lealtad y férrea unión. Por eso: “Monta tanto o tanto monta, ella
como él”. Mas, yo añadiría, terminado el viaje, se descabalgue cuando los
corceles, parado hayan, no fuera a ser, que en este galopar, alguno de los que
cabalgan, al echar pie a tierra, antes de tiempo, se rompiera un hueso.
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