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Los yerros propios son silenciados, pero como
fantasmas, se evaden de las mazmorras que les apresan, para atormentar a sus
guardianes. Los aciertos por el contrario son libres y, como atuendos de gala se
muestran con agrado.
El dulce pastel de la vida, aderezado con los
mejores y exquisitos aromas del afecto, el amor y el cariño, tiene una especial
cochura y una exacta temperatura, según en el horno del hogar donde se cueza,
clave esencial, para esta determinante textura. Son tantos los ingredientes que
lleva tal pastel, que nos sería difícil catalogarlos. Solo podríamos añadir qué,
cada morada tiene su fogón, molde, repostero y receta. Y por lo tanto existirán
también, diferencias de apreciación y como no, de gustos.
Cada pastelería su hornero,
docto o inexperto
Pero eso sí, pastelero.
Patrimonio de todos los miembros que componen
una familia es, dominar y evolucionar y mejorar su fórmula. Acarrea una especial
destreza, saberla perpetuar de una generación a otra, sin que sufra deterioro o
merma. pero esto, dependerá de nuestra habilidad o arte
Nuestra buena memoria, es posible que aún
recuerde, como ya, desde nuestros tiernos años de existencia, captamos, las más
variadas y diversas semblanzas familiares, que de ellos supimos absorber, bien
porque nos hubiesen sido narradas o porque con su ejemplo nos enseñaron.
Sensaciones, que impactaron en nosotros de forma afectiva muy especial. Y
mientras todo esto, estaría sucediéndonos, el contacto familiar y la sinceridad
de las palabras de nuestros bienhechores, que nos educaban, irían labrando
nuestra personal condición y estilo de vida.
¿A quién no le gusta, qué de virtudes y gozos,
colme su existencia, y no, de desgracias, vicios, debilidades, adversidades e
infortunios? Pero por desdicha, esto último también formará parte de nuestra
existencia, querámoslo o no.
Mas, aportar quiero, antes de continuar, esta mi
reflexión particular: Y es, que cuando una familia sincera y virtuosa, se guía
por las reglas de moralidad y buenas costumbres, sus reveses mermaran, a la vez
que su existencia discurrirá con más sosiego y quietud. Salvaguardando esta
conducta, la aparición de contrariedades disminuirán en cantidad y
aspereza, al imperar por encima de todo, la razón y el sentido común y el
respeto a los demás; sin embargo, si se elige, una vida fácil, y placentera sin
reparos; como toda emoción incontrolada fuerte, deja a la larga, una sensación
de vacío y una estela de percances de sabor agridulce.
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