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 LAS CARTAS DE DON MANUEL

Madre natura

 MANUEL RUBIO CERVILLA

marucer@mail.ono.es

 

FOTO: MANUEL RUBIO

Seas creyente o agnóstico, en  ocasiones, consciente eres de que la vida vale poco, no solo por “los cuatro días” que vulgarmente se dice, vamos a vivir, sino, porque, los periodos de desasosiego y malestar siempre superan a los de bienestar, paz y sosiego. Llegado este caso, el primero, el creyente, dirigirá  la mirada a su dios, y si éste dios, le es propicio, se lo agradecerá, pero si el malestar que le embarga es intenso y difícil de superar, admitido también será con cierta resignación y conformismo, al estimar, que con ello, se redimirán “sus muchos yerros cometidos”. En el segundo caso, el agnóstico, no admitirá, esta coyuntura malévola, que la existencia le muestra, porque no recompensa en nada y le daña, por lo que luchará con rabia contra estos “contratiempos”, sin culpar a nada ni a nadie sino a su la mala suerte o quizás por haber nacido fuera de lugar. Sin embargo, los momentos “buenos” los aprovechará y procurará le sean duraderos, por lo que se  vanagloriará en este caso, de su buena suerte y  elogiará a sus procreadores.

 

Unos y otros, cumplido un tiempo, como ya en ocasiones anteriores he comentado,  pronto, olvidaran lo malo, y procuraran gozar y retener lo poco bueno que hubieron conseguido. Todo, estará en función del valor material o espiritual que cada cual, les de a tales “eventos”.

 

Pero tan efímera es la vida, que si somos conscientes de ello, estos sucesos, que por designio divino o del azar, nos  han tocado vivir, la experiencia, nos enseñará, que, el no adaptarse a ellos, (o sea,  no admitirlos),  aumentará nuestras desdichas y restará felicidad a nuestra existencia. Por lo que, unos y otros, (creyentes o no) con o sin resignación, las aceptaremos tal nos vayan sucediendo estas situaciones benévolas o nocivas.

 

Y si digo, fugaz es la vida, no lo hago solo pensando, en el poco valor de nuestra naturaleza, sino la del lugar donde nos hallamos, un satélite más, (la tierra), expuesta a sufrir las mismas alteraciones que cualquiera otra estrella del espacio. Hasta llegado su momento, que toque a su fin y con ella la extinción de sus habitantes, si antes, nuestra especie no se ha esparcido por otros mundos. Pero mientras tanto, hoy, aquí en la tierra, junto a sus múltiples elementos: tierra, fuego, aire y agua nos estarán amenazando y azotando, como una señal de lo precaria que es la vida.

 

Conocer  debemos su fiereza

de cómo nos da la vida y sustenta

a pesar de lo mal que nos  sienta

Mas esa es la Madre Naturaleza

 

¿Pero se actúa, con sabia firmeza,

cuándo, un caos de estos se  presenta.

ya que a todos, por igual, no se enfrenta?.

El pobre, lo sufrirá, con más dureza.

 

¡Y, no despertéis su ira apagada,

porque, desbordará  ríos y  mares

Y avivará el fuego de sus volcanes.

 

Y en cuanto a su conducta despiadada

Devastará aquello, que más amares

Con fuertes terremotos y  huracanes. 


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