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 LAS CARTAS DE DON MANUEL

Pesadillas

 MANUEL RUBIO CERVILLA

marucer@mail.ono.es

 

FOTO: MANUEL RUBIO

Que si de fantasmas el otro día hube hablado, hoy, de pesadillas lo haré, si permiso me dais para ello, por ser un tema, arto importante y para los que las sufren, bastante agobiante, por no haber forma de remediarlo. Son fastidiosas  y “pesadas” (como el titulo indica). Veamos ayer, el cobrador de la luz, el agua, el gas o  prestamista o “litero” que tras cualquier esquina  acecha para presentarte el recibo. Y no hablemos de estos  últimos tiempos, “el tío del frac” de negro vestido, para impresionarte aún  más”. ¡Pero pesadillas!, los recibos de los bancos, un día sí, otro no, estos, si son de terror, sobre todo, cuando  vienen con recargo.

 

¡No! La pesadilla es algo más,  es una preocupación grave, Lo que se le suele llamar “la voz de la conciencia”  la que padece el individuo de forma continua, por causa de una situación o infortunio, en el que se encontró en alguna ocasión.  Hoy por hoy,  es, un mal que la  padecen millares de personas y entre ellas,  muchos  de los lideres de aquellos países, que toman decisiones harto responsables y luego, se les van de las manos, sin poderles poner  freno digno, que mitigue el daño que han causado a la nación que representa, y a los que, confiaron o creyeron en él, un  día.

 

La conciencia, como sabemos, es ese conocimiento interior, que se tiene del bien y del mal. Porque ambos, a pesar, de lo que muchos digan o crean, - nuestra conciencia - lo sabe diferenciar. Y desgraciado, de aquél que no sepa distinguirlos,  porque estará privado de estímulos sensoriales y  obrará sin hacer uso de la conciencia, en este caso, será su propia perdición.  

 

¿Cuántos han procedido con cierto albedrío, desatendiendo a  la razón, bien por antojo o capricho. O ejecutando ciertas ordenes recibidas, contrarias a sus principios? Y una vez, las han realizado, no han podido echarse a tras o enmendar la plana en forma alguna, de ese mal que han realizado Es a partir de este momento, cuando el motor de la conciencia,  se pone en marcha y reconoce el error cometido, Una propiedad del espíritu humano, en el que hace acto de presencia la pesadilla,  que  le perseguirá, allá donde vaya , de día o, durante la noche, entre sueños, haciéndoles despertar, con una sensación amarga, de que algo, le hace contener la respiración y le ahoga.

 

¿Ustedes no creen, que hoy más que ayer, estas pesadillas, las padezcan millares de personas? Y si no, contemplar a esos, que ordenan, masacres y destrucción de vidas y  hogares ¡y a sus ejecutores! cómplices directos, que en las más de las veces, reaccionan  por propia iniciativa, para satisfacer sus instintos criminales.  Pesadillas, que si alguna vez dejan de padecerlas, es porque, han perdido firmeza sus principios y escrúpulos, convirtiéndose en unos malvados.

 

Los hay de corazón laxo, demasiado relajados y poco sanos, que si bien  supieron  discernir entre el bien y el mal, éstos, por regla general, obran por  intereses o conveniencia propia, sin pararse a analizar sus determinaciones. Por lo que deduzco que la pesadilla, es patrimonio, más bien de aquél humano, que “aun” tiene conciencia.

 

A veces también especulo, si la Pesadilla puede ser, uno de los tantos castigos que recibe el hombre en la tierra, porque, ese purgatorio en llamas del que se nos habla, sea, justamente, este, la tierra,  valle de lágrimas, capaz de apagar y redimir todo mal que en la vida causamos. Y sino mirar al envidioso que sufre, por no poseer lo que otro tiene, o el avaro, con ese afán desordenado de adquirir riquezas y atesorarlas, convirtiéndose en esclavo de ellas. etc. etc. En cuanto al cielo y el infierno, esto es harina de otro costal, porque no tengo inventarios de cuantos, una vez han cumplido “su función” en la tierra, vayan a un sitio o al otro. Por lo que esto último, no es raro, se convierta,  para el que sea creyente, también, en una verdadera pesadilla a lo largo de su vida.

 

Nos deshumanizamos, echamos la vista hacia atrás, muchas de las veces, por lo que,  pende, sobre todos  esta “Gran pesadilla” la de ser participes o cómplices, en algún modo, de muchos de  los males que hay en la tierra.


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