|

Que si de fantasmas el otro día hube hablado, hoy,
de pesadillas lo haré, si permiso me dais para ello, por ser un tema,
arto importante y para los que las sufren, bastante agobiante, por no haber
forma de remediarlo. Son fastidiosas y “pesadas” (como el titulo indica).
Veamos ayer, el cobrador de la luz, el agua, el gas o prestamista o
“litero” que tras cualquier esquina acecha para presentarte el recibo. Y no
hablemos de estos últimos tiempos, “el tío del frac” de negro vestido, para
impresionarte aún más”. ¡Pero pesadillas!, los recibos de los bancos,
un día sí, otro no, estos, si son de terror, sobre todo, cuando vienen con
recargo.
¡No! La pesadilla es algo más,
es una preocupación grave, Lo que se le suele llamar “la voz de la
conciencia” la que padece el individuo de forma continua, por causa de una
situación o infortunio, en el que se encontró en alguna ocasión. Hoy por hoy,
es, un mal que la padecen millares de personas y entre ellas, muchos de los
lideres de aquellos países, que toman decisiones harto responsables y luego, se
les van de las manos, sin poderles poner freno digno, que mitigue el
daño que han causado a la nación que representa, y a los que, confiaron o
creyeron en él, un día.
La conciencia, como sabemos, es ese
conocimiento interior, que se tiene del bien y del mal. Porque ambos, a
pesar, de lo que muchos digan o crean, - nuestra conciencia - lo sabe
diferenciar. Y desgraciado, de aquél que no sepa distinguirlos, porque estará
privado de estímulos sensoriales y obrará sin hacer uso de la conciencia, en
este caso, será su propia perdición.
¿Cuántos han procedido con cierto albedrío,
desatendiendo a la razón, bien por antojo o capricho. O ejecutando ciertas
ordenes recibidas, contrarias a sus principios? Y una vez, las han realizado, no
han podido echarse a tras o enmendar la plana en forma alguna, de ese mal que
han realizado Es a partir de este momento, cuando el motor de la conciencia,
se pone en marcha y reconoce el error cometido, Una propiedad del espíritu
humano, en el que hace acto de presencia la pesadilla, que le perseguirá, allá
donde vaya , de día o, durante la noche, entre sueños, haciéndoles despertar,
con una sensación amarga, de que algo, le hace contener la respiración y le
ahoga.
¿Ustedes no creen, que hoy más que ayer, estas
pesadillas, las padezcan millares de personas? Y si no, contemplar a esos, que
ordenan, masacres y destrucción de vidas y hogares ¡y a sus ejecutores!
cómplices directos, que en las más de las veces, reaccionan por propia
iniciativa, para satisfacer sus instintos criminales. Pesadillas, que si
alguna vez dejan de padecerlas, es porque, han perdido firmeza sus
principios y escrúpulos, convirtiéndose en unos malvados.
Los hay de corazón laxo, demasiado relajados y
poco sanos, que si bien supieron discernir entre el bien y el mal, éstos, por
regla general, obran por intereses o conveniencia propia, sin pararse a
analizar sus determinaciones. Por lo que deduzco que la pesadilla, es
patrimonio, más bien de aquél humano, que “aun” tiene conciencia.
A veces también especulo, si la Pesadilla
puede ser, uno de los tantos castigos que recibe el hombre en la tierra, porque,
ese purgatorio en llamas del que se nos habla, sea, justamente, este, la
tierra, valle de lágrimas, capaz de apagar y redimir todo mal que en la vida
causamos. Y sino mirar al envidioso que sufre, por no poseer lo que otro tiene,
o el avaro, con ese afán desordenado de adquirir riquezas y atesorarlas,
convirtiéndose en esclavo de ellas. etc. etc. En cuanto al cielo y el infierno,
esto es harina de otro costal, porque no tengo inventarios de cuantos, una vez
han cumplido “su función” en la tierra, vayan a un sitio o al otro. Por lo que
esto último, no es raro, se convierta, para el que sea creyente, también, en
una verdadera pesadilla a lo largo de su vida.
Nos deshumanizamos, echamos la vista hacia atrás, muchas de las
veces, por lo que, pende, sobre todos esta “Gran pesadilla” la de ser
participes o cómplices, en algún modo, de muchos de los males que hay en la
tierra.
ARTÍCULOS ANTERIORES
|