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 LAS CARTAS DE DON MANUEL

Confusión

 MANUEL RUBIO CERVILLA

marucer@mail.ono.es

 

FOTO: MANUEL RUBIO

¿Creerán ustedes que este artículo, que aparentemente parece tan sencillo, me ha traído algún dolor de cabeza? Yo lo achaco a que mientras estoy escribiendo, mi nieta de un año y medio, mete el dedito en las teclas y me distrae. Hoy la he sentado frente al ordenador y la he dejado que haga lo que quiera. Por supuesto un reguero de papeles esparcidos por todo el suelo y el ratón como si hubiese huido debajo de uno de ellos.

 

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Una gran conmoción, hubo de haber sacudido a toda aquella gente, cuando, tras el diluvio universal, los hombres, faltos de fe, quisieron construir la gran Torre de Babel; y el cielo, para castigarlos, los confundió, a no entenderse entre ellos. Y ante tal situación, cada cual, se vio obligado a retornar, al pueblo de origen.

 

Hoy estamos ante una confusión, de mucho más envergadura que aquella otra, aunque contemos, con más “intérpretes” y más medios modernos, para comunicarnos. Países que se han vinculado (globalizado), por intereses, económicos y de seguridad, construyen el Gran Baluarte de los Pueblos “Desarrollados”, frente a otros, denominados “tercermundistas”, éstos últimos, zozobrando en la pobreza.

 

Tal desequilibrio entre países, está trayendo consecuencias altamente funestas, que hace a  los ricos más ricos y poderosos, y a los pobres vivir en peores condiciones. Sin darles alternativa alguna, para que levanten cabeza. ¡A que lo han oído esto ya muchas veces!

 

Otras consecuencias, que genera esta gran muralla, es el incremento que ha tomado las guerra y sobre todo el hambre, trayendo con ello una más alta tensión y confusión entre los pueblos de  todo el orbe.

 

¿Las guerras? Según leí en un articulo: “Terminadas las conflagraciones, -que nunca terminan-  gana el bueno y se estampilla al perdedor, con el sello de el malo, por los muchos  crímenes cometidos: mientras el bueno, esconde en saco roto, o justifica,  lo “poco malo” que hizo”.

 

¿El hambre? Es doloroso decirlo, pero cada vez, suena más a fastidio, al que lo oye. Como si fuera un accidente que no nos gustara escucharlo, porque molesta. Y para despertar más las conciencias de las personas ante tal trauma humano, también se divulgan fotos de niños con los vientres hinchados y ancianos esqueléticos, tirados por las calles, sin poderse llevar una migaja de pan a la boca. Y pasada esta prueba, vuelve el individuo a acostumbrarse a verlo y a tomarlo como una retahíla, como un algo, que a ellos “no les puede ocurrir”

 

En fin que nos vamos insensibilizando cada vez más de ver muertos, heridos, enfermos y familias destrozadas por las calles tiradas o deambulando de un sitio para otro,  por la guerra o por el hambre.  Mientras, se tira la comida. ¡Para que hablar! Ya, todo el mundo esto lo conoce y hasta no solo molesta sino gente como yo, de vez en cuando lo hagamos saber.

 

A estos últimos les digo: Que perdonen las molestias, pero que no echen en olvido un problema que nos concierne a todos, aunque sigamos pensando en el nuevo coche, en el chalet, en los electrodomésticos, veraneos, playas, etc, Pero cuando alguien tire una barra de pan duro, se acuerde de que hay millones de personas, que ansiarían comerla.

 

Mientras tanto, como en el mundo, por encima de todo, privan los intereses y el futuro de la economía de cada país, seguirá este trayectoria, generadora de odio y violencia…

 

 ¿Cuanta sangre más, se tendrá que verter para que  el “bueno triunfe”?

 

Sigan escribiendo historia y ocultando vergüenzas, mientras muchos pueblos olvidados,  mueren de miseria, cuando no, se les inyecta el veneno de la aniquilación, para que se destruyan entre ellos mismos.

 

Temiendo estoy, de que allá “arriba”  se derogue esa promesa sobre suspensión de diluvios, en su día, dado, y sea cambiada por la del fuego. Que de este elemento, sí que nunca falta en la tierra.

 

Si verdad es, que a partir del último emperador romano Constantino, el catolicismo imprimió al mundo una doctrina más humana, que hizo dulcificar al hombre, por no decir cristianizar, pero también es cierto, que éste, nunca aprendió a pesar de todo, detener su perversidad y agresividad, nata en él, cuando se trata de conseguir  logros o  intereses,.

 

Mi pregunta sería: Si se pudiera medir o evaluar, cuanto de apacibilidad y bondad  tiene el hombre en comparación con  lo que de perverso o de malevolencia acarrea: ¿Pudiera algún día, la balanza, del hombre virtuoso desplazar a la otra hacia arriba y con ello conseguir que imperara la verdadera paz en el mundo? Por ahí, hay doctrinas que lo auguran días felices para el hombre. Pero mientras tanto qué.

 

No se trata de “mandar boinas azules” con una gran maquinaria de guerra, o hacer “obras de caridad”, dando un poco de lo que nos sobra o unas perras. Es algo más lo que necesitan por lo que están obligados los altos gobernantes, emplear medios y sabiduría para paliar tanto desbarajuste en la tierra.

 

Y aquí me quedo, con estos temas, tan trillados, que como he comentado arriba, hasta a mí ya me suenan a cantinela.


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