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Nada de lo que exteriorizamos, sería posible, si
antes no lo hubiésemos aprendido y a tras ello
experimentado.
Cuantas de nuestras emociones, unas llenas de
satisfacción y gozo, otras, de dolor y malestar, a la
vez, generadoras de otras nuevas conductas, son hoy los autores de nuestro
actual, carácter y personalidad. Las primeras nos produjeron bien estar
físico y psíquico y fueron constructivas todas porque dieron gran impulso a
la consecución de nuestros objetivos y capacidad de superación, las segundas
por el contrario todas de signo negativo, cuantas veces nos hicieron
retroceder por culpa del mal humor, decepción, irascibilidad, tedio, incluso
nos envolvieron en la desesperación algunas de ellas, por falta de confianza
de nuestra parte, y culpables de que perdiéramos la fe en nosotros mismos.
Aunque todas, positivas y negativas, en sus postrimerías, terminarían
diluyéndose en el olvido, la rutina, mas aún así, impactando lo que hoy es,
parte de nuestro carácter y personalidad.
Aunque nuestra trayectoria la marcó, la herencia,
de nuestros genes heredados, desde el momento de que nacimos, algo, que hace
diferenciarnos los unos de los otros, fue el comienzo, de nuestro temperamento y
estado de ánimo, que con el correr del tiempo, han podido ser superados, más
bien diría cambiados gracias a otros rasgos de personalidad innatos que hemos
ido adquiriendo (añadiendo).
Pero nada de esto último, de
lo anteriormente expuesto, sería posible, opino yo, de no existir en
nuestra mente una cavidad, generadora de sueños (de optimismo) que lubrificara
y diera forma a lo dicho.
Lo veo en el globo de ese infante, que atado a su
muñeca lleva, para que no se le escape y que con él, afanoso juega, dejándolo
que suba y baje, en la medida que el hilo que los une, se lo permite,
mientras, con la otra mano, para su mayor protección, a su madre se la tiende,
porque su atención tan centralizada en el abultado globo la tiene, que, hasta
extraviarse, él mismo teme. Un globo frágil y ligero, que dentro almacena sus
minúsculas, ilusiones y fantasías y que sabe por experiencia, que en cualquier
momento estallar pudiera y acarrearle un morrocotudo susto, si es que con
cuidado no lo maneja, o bien, si a romperse el hilo, llegara, alto este volaría,
con sus fantasías. Así se lo hizo saber, aquella su primera experiencia, cuando
perplejo, volar lo vio, en busca de lanada y le hiciera llorar, amargamente,
viendo como remontaba poco a poco, aquélla goma colorida, de gas hinchada.
Ahora ya mayor, meditabundo, con la frente pegada
al cristal de su ventana, aunque distraído se halle, con cuanto acontece en el
exterior, medita, intentando a la vez, hilvanar aquellas apetencias, que no
llegaron a realizarse y que volaron, por no haber podido sujetar el fino hilo
que les unía. Absorto en estos pensamientos, deduce, que, marcaron su vida y si,
le reconfortaron o no, todas, en su momento, en él hicieron mella, de manera
tal, que hoy, su personalidad y carácter a ello se lo debe.
Y aunque las cuentas, nunca salen a gusto de
cada cual, habremos de conformarnos con aquello que el “destino” nos vaya
dando. Aunque siempre a tiempo estamos de cambiar éste, si así lo deseáramos.
Lamentarse, de los pasos dados, nunca, si quien te condujo de la mano, en parte
también responsable es, de aquellos primeros pasos que tu dieras. Ahora, lo
que soy y dentro de mi haya, a esa persona, en parte se lo debo, y a mi
optimismo y esfuerzo que haya realizado. Aunque siga llevando este globo
precioso, atado a la mano, porque mientras remonte y no escape, yo seguiré
siendo feliz y no perderé mis ilusiones, fantasías y alegrías, que me hará
conectarme con este mundo, para todo lo que sea fantástico como para saber
soportar lo triste que me acontezca.
La realidad, aunque a veces, no nos compense,
habremos de aceptarla y vivir con ella, hasta como he dicho, cambiarla por otra,
que más nos convenga, de acuerdo con nuestras convicciones, si en ello, ponemos
todo nuestro empeño, optimismo, voluntad y esperanza, forma más fácil de
obtenerla.
Ahí fuera, nuestro absorto personaje pensativo,
contempla como el temporal, hace cimbrear los cristales de su claraboya, como si
abrirla quisiera, para arrancarle amores y sueños, que guardados hubo en día, de
una bella y joven dama, que jamás hombre alguno hubiese conocido. Fuertemente,
con tesón, al cerrojo se afianza, para que aquella ventana, nunca jamás, se
abra, porque si tal cosa ocurriese, sus proyectos y esperanzas, con dicha dama,
el vendaval se los llevaría, mientras de esta forma, aún en su mente seguirá
“viva” su imagen, en esencia.
Dulce elixir del sueño, que deja traspuestas, las
mentes de los enamorados en una dulce fantasía, donde el amor y la pasión, sin
tregua danzan a cualquier hora de la noche o el día, hasta quedar exhaustos.
Cuando todo ello, si bien lo apreciáramos, solo sería, el escenario, de unas
estrellas fugaces, que velozmente al cruzar el infinito, nos dejaron sus
estelas.
Divina fortaleza la del hombre, que dentro de su
mente, capaz es, de convertir sus sueños en realidades. Único ser de la
naturaleza, capacitado para autoanalizarse, obrar con juicio y ser conocedor de
su existencia.
Y para terminar, licencia te pido
lector, para añadir esta fábula que en este momento intuyo, para darle un giro a
estos mis pensamientos:
“Un hambriento, una noche soñó,
que participaba en una gran comilona, donde no faltaba de nada y a su apetito
satisfacción le daba. Tan bien pasándolo estaba, que de tal sueño, nunca
despertar quiso, porque era consciente, que de hacerlo, lo pasaría mal.
Así que en este estado quedó. Y con la barriga vacía y la mente llena de
fantasía, feliz, al foso fue a parar, sin que jamás llegara a conocer su triste
realidad. La evidencia a veces, es, tan cruda e inhumana, que muchos prefieren
ignorarla, y soñar con aquello más le agrada, por el tiempo, que las
circunstancias, se lo permitan”.
Me hago una pregunta: Si la vida es un sueño, no
serán las ilusiones y fantasías, las únicas sensaciones de placer, que al hombre
le satisfacen. DIARIO Bahía de Cádiz
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Desviaciones humanas
Cada cual, su camino
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Para tomarlo en serio
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Poder Judicial y sus “fallos”
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Astuta difamación
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Algo más de optimismo
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Puerta de escape
Pequeñeces
¿Quién es el último?
Resabiados (Sólo es, mi opinión
personal)
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Al tropezón, le sigue el batacazo y
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La fórmula del repostero
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