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 LAS CARTAS DE DON MANUEL

Dejadme soñar, la realidad es desabrida

 MANUEL RUBIO

 

Nada de lo que exteriorizamos, sería posible, si
antes no lo hubiésemos aprendido y a tras ello
experimentado.

 

FOTO: MANUEL RUBIO

Cuantas de nuestras emociones, unas llenas de satisfacción y gozo, otras, de dolor y malestar,  a la vez, generadoras de otras nuevas conductas, son hoy los autores de nuestro actual, carácter y personalidad. Las primeras nos produjeron bien estar físico y psíquico y fueron constructivas todas porque dieron  gran impulso a la consecución de nuestros objetivos y capacidad de superación, las segundas por el contrario todas de signo negativo, cuantas veces nos hicieron retroceder por culpa del mal humor, decepción, irascibilidad, tedio,  incluso nos envolvieron en la desesperación algunas de ellas, por falta de confianza de nuestra parte, y culpables  de que perdiéramos la fe en nosotros mismos. Aunque todas, positivas y negativas, en sus postrimerías, terminarían diluyéndose en el olvido, la rutina, mas aún así, impactando lo que hoy es, parte de nuestro carácter y personalidad.

 

Aunque nuestra trayectoria la marcó, la herencia, de nuestros genes heredados, desde el momento de que nacimos, algo, que hace diferenciarnos los unos de los otros, fue el comienzo, de nuestro temperamento y estado de ánimo, que con el correr del tiempo, han podido ser superados, más bien diría cambiados gracias a otros rasgos de personalidad innatos que hemos ido adquiriendo (añadiendo).

 

Pero nada de esto último, de lo anteriormente expuesto, sería posible, opino yo, de no existir en nuestra  mente una cavidad, generadora de sueños (de optimismo) que  lubrificara y diera forma a lo dicho.

 

Lo veo en el globo  de ese infante, que atado a su muñeca lleva, para  que no se le escape y que con  él, afanoso juega, dejándolo que suba y baje, en la medida que el hilo que los une, se lo permite,   mientras, con la otra mano, para su mayor protección, a su madre se la tiende, porque su atención tan centralizada en el abultado globo la tiene, que, hasta extraviarse, él mismo teme. Un globo frágil y ligero, que dentro almacena sus minúsculas,  ilusiones y fantasías y que sabe por experiencia, que en cualquier momento estallar pudiera y acarrearle un morrocotudo susto, si es que con cuidado no lo maneja, o bien, si a romperse el hilo, llegara, alto este volaría, con sus fantasías. Así se lo hizo saber, aquella su primera experiencia, cuando perplejo, volar lo vio, en busca de lanada y le hiciera llorar, amargamente, viendo como remontaba  poco a poco, aquélla goma colorida, de gas hinchada.

 

Ahora ya mayor, meditabundo, con la frente pegada al cristal de su ventana, aunque distraído se halle, con cuanto acontece en el exterior, medita, intentando a la vez, hilvanar aquellas apetencias, que no llegaron a realizarse y que volaron, por no haber podido  sujetar el fino hilo que les unía. Absorto en estos pensamientos, deduce, que, marcaron su vida y si, le reconfortaron o no, todas, en su momento, en él hicieron mella, de  manera tal, que hoy,  su personalidad y carácter a ello se lo debe.

 

Y aunque las  cuentas, nunca salen  a gusto de  cada cual,  habremos  de conformarnos con aquello que el “destino” nos vaya dando. Aunque siempre a tiempo estamos de cambiar éste, si así lo deseáramos. Lamentarse, de los pasos dados, nunca, si quien te condujo de la mano, en parte también responsable es, de aquellos primeros pasos que tu  dieras.  Ahora, lo que soy y dentro de mi haya,  a esa persona, en parte se lo debo, y a mi optimismo y esfuerzo que haya realizado. Aunque siga llevando  este globo precioso, atado a la mano, porque mientras remonte y no  escape, yo seguiré siendo  feliz y no  perderé mis ilusiones, fantasías y alegrías, que me hará conectarme con este mundo, para todo lo que sea  fantástico como para saber soportar lo triste que me acontezca.

 

La realidad, aunque  a veces, no nos compense, habremos de aceptarla y vivir con ella, hasta como he dicho, cambiarla por otra, que más nos convenga, de acuerdo con nuestras convicciones, si en ello, ponemos todo nuestro empeño, optimismo, voluntad y esperanza, forma más fácil de obtenerla.   

 

 Ahí fuera, nuestro absorto personaje pensativo, contempla como el temporal, hace cimbrear los cristales de su claraboya, como si abrirla quisiera, para arrancarle amores y sueños, que guardados hubo en día, de una bella y joven dama,  que jamás hombre alguno  hubiese conocido. Fuertemente, con tesón, al cerrojo se afianza, para que aquella ventana,  nunca jamás,  se abra, porque si tal cosa ocurriese, sus proyectos y esperanzas, con dicha dama, el vendaval se los llevaría, mientras de esta forma, aún en su mente seguirá “viva” su imagen, en esencia.

 

Dulce elixir del sueño, que deja traspuestas, las mentes de los enamorados en una  dulce fantasía, donde el amor y la pasión, sin tregua danzan a cualquier hora de la noche o el  día, hasta quedar exhaustos. Cuando  todo ello, si bien lo apreciáramos, solo sería, el escenario, de unas estrellas fugaces, que velozmente al cruzar el infinito, nos dejaron sus estelas.

 

Divina fortaleza la del hombre, que dentro de su mente, capaz es, de convertir sus sueños en realidades. Único ser de la naturaleza, capacitado para autoanalizarse, obrar con juicio y ser conocedor de su existencia.

 

Y para terminar, licencia te pido lector, para añadir esta fábula que en este momento intuyo, para darle un giro a estos mis pensamientos:

 

“Un  hambriento, una noche  soñó, que participaba en una gran comilona, donde no faltaba de nada y a su apetito satisfacción le daba. Tan bien pasándolo estaba, que de tal sueño, nunca despertar quiso, porque era consciente, que de hacerlo, lo pasaría mal. Así que en este estado quedó. Y con la barriga vacía y la mente llena de fantasía, feliz, al foso fue a parar, sin que jamás llegara a conocer su triste realidad.  La evidencia a veces, es, tan cruda e inhumana, que muchos prefieren ignorarla,  y soñar con aquello más le agrada, por el tiempo, que las circunstancias,  se lo permitan”.

 

Me hago una pregunta: Si la vida es un sueño, no serán las ilusiones y fantasías, las únicas sensaciones de placer, que al hombre le satisfacen. DIARIO Bahía de Cádiz


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