Año II

 

              

 PORTADA

 Noticia del día

 Cádiz

 Jerez

 San Fernando

 El Puerto

 Chiclana

 Puerto Real

 Rota

Nuevas secciones en DIARIO Bahía de Cádiz: TOROS; CARNAVAL366DÍAS y TODA LA ACTUALIDAD DE CÁDIZ CF Y XEREZ, en DEPORTES

 El Mundo

 Deportes

 Toros

 Opinión

 Cartas al Director

 El Derrotista

 Servicios

 Reserva Hoteles

 El Tiempo

 Prensa/TV/Radio

 Entrevistas

 A Fondo

 Foto-Noticias

 Bahía Cultural

 Carnaval366Días

 Suscribirse

 Patrocinadores

 Publicidad

 Quiénes somos

 Contacto Prensa

 Hemeroteca


 

   

 EL RUIDO Y LAS NUECES

Habitaciones separadas

 ANTONIO LÓPEZ HIDALGO

 (Periodista y Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla)

lopezhidalgo@us.es

 

ANTONIO LÓPEZ HIDALGO

La escritora y periodista Rosa Montero estuvo en Sevilla presentando su última novela, Historia del rey transparente. Como es lógico, además de hablar de su última obra, los informadores le preguntaron por esa polémica infinita que une y separa sin condiciones periodismo y literatura. Para la autora madrileña, la narrativa y el periodismo son habitaciones separadas. Aunque una y otro se sirven del mismo instrumento –la escritura- la autora madrileña no permite que la profesional de la prensa se inmiscuya en las faenas de la narradora. Rosa Montero lo tiene claro: “Es muy raro el autor que cultiva un solo género, pero hay muchas diferencias entre unos y otros. En el periodismo, por ejemplo, la claridad es un valor; en la narrativa, el valor es la ambigüedad”.

 

La polémica, sin embargo, siempre está sobre la mesa. Y siempre hay jugadores dispuestos a forzar las apuestas más arriesgadas con tal de que ese mundo ambivalente donde conviven periodismo y literatura no se cuartee o se despedace. O utilizando un término robado a Aznar, siempre hay algún desaprensivo esperando impaciente a que este mundo de la creatividad se balcanice como si se tratara de la península ibérica.

 

Nunca entendí bien del todo esta afición de unos cuantos de mantener indisolublemente unidos mundos tan dispares como periodismo y literatura. En realidad, comparten espacios comunes, pero más cierto es que mantienen más diferencias que afinidades. En ocasiones simplificamos, y reducimos el periodismo sólo al escrito, cuando la profesión aborda otros ámbitos, como el audiovisual y el digital. Y cuando el perfil del periodista abarca nuevos ámbitos y competencias que se extienden también a los gabinetes de comunicación y a la comunicación en las organizaciones. El periodismo tradicional sólo es la esquina de un mundo que crece y evoluciona al ritmo de las nuevas tecnologías y cuyas difusas fronteras aún hoy es arriesgado acotar.

 

Sabemos además que no todos los periodistas escriben, porque la escritura sólo es una región en el mapa inmenso del periodismo. Muchos periodistas se dedican a localizar o crear noticias, a contrastarlas y jerarquizarlas, a adjudicarles un espacio en el diario impreso o unos minutos en el informativo audiovisual. Como dice Rosa Montero, el periodismo informativo se viste de claridad porque quiere llegar a una inmensa cantidad de lectores. Y viste de claridad la realidad, los acontecimientos extraordinarios que modifican la vida del ser humano, esa crónica de primera página que narra el destino de miles de seres humanos o esa breve noticia perdida en una página interior que cuenta sin literatura el asesinato de una mujer en una ciudad del sur.

 

Tiene el periodismo escrito el número del pasaporte de nuestras vidas, la fotografía dibujada con tinta indeleble de quienes buscan más allá de las fronteras una vida digna, el curso de un río desbordado en el que los cadáveres se asoman a la deriva, la posibilidad remota de que aquí no se repita la tragedia que ha castigado aquel otro rincón del planeta. La realidad son las vísceras de las que se nutre el periodista, el agua con la que calma su sed. Los acontecimientos no son musas que inspiran al informador. Sólo son golpes inevitables que traducimos en titulares y en cifras, en ciudades arrasadas y víctimas anónimas. A fin de cuentas, es la vida la que se nos mete por las mangas de la camisa, por las cámaras de los informativos, por la pantalla del ordenador.

 

La literatura, en cambio, se nutre de la fantasía. Con la imaginación también se puede describir la vida. De hecho, se describe la vida. Pero, como quien mete las manos en el barro, también ésta se puede diseñar a nuestro antojo, podemos cambiar el rostro a este personaje, el nombre a aquella ciudad, su destino insoslayable a cualquier ser humano. La novela, a diferencia del reportaje, nos da licencia para cambiar la vida. Pero el reportaje sólo nos permite –ni más ni menos- describir la vida o la muerte.

 

Tiene el reportaje, cuando se escribe, ese espacio vacío de una estación de ferrocarril, esa espera impaciente del tren que silba a lo lejos pero cuya silueta no alcanzamos a dibujar en el horizonte, ese espacio de página en blanco que sólo la vida sabe emborronar de rojo o de negro, esa sensación certera de que la imaginación no tiene cabida aquí, aunque por momentos los tremendos acontecimientos que apercibimos nos confirmen que la realidad, una vez más, supera a la fantasía.


 

ARTÍCULOS ANTERIORES

VER TODOS LOS TITULARES DEL DÍA                     

  Portada Principal © DIARIO Bahía de Cádiz (BC) Aviso Legal 
Publicidad -  Poner como página de inicio  -  Añadir a Favoritos  -   ¿Quiénes somos?

C/Profesor Antonio Ramos, 12, 3ºIZQDA - 11100 San Fernando (CÁDIZ)

@ contactar