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¿No me digáis que no sería un buen
nombre para un partido político? Lo que no ya sé, es si lo votarían .Los
inútiles seguro que no, porque ellos mismos no se reconocen, ni cuando se miran
al espejo.
Y mira que tienen cosas en común,
vengan de donde vengan, a saber, que nunca, ni con agua bendita, ni con las
llamas del infierno calentándoles el pandero, reconocerán que se han equivocado
en nada.
-… ¿Yo?...eso fue Fulanito o
Menganita, la que lo hizo o el que lo dijo aquello -dirán más contentos que unas
pascuas y más ufanos y creídos que nunca.
En cambio, corren prestos a
adjudicarse los méritos que cualquiera tuviera en lo que fuera, por muy
descabellado o criticable que le pareciera en un principio, pues solo es que la
idea funcione, que el proyecto empiece a dar de si o que la iniciativa que ellos
negaran taxativamente tengan buena acogida, para que ya se estén poniendo las
medallitas, de que todo el merito fue de ellos y solo de ellos.
Y es que así son ellos, por
definición, hábiles para nada y molestos para todo, metidos en la medianería de
toda situación, como el mismo jueves a quien tienen por lema, para mamar de
todas las tetas, a las que nunca dieron nada más que chupadas hasta secarlas.
Quieren ser la novia en la boda, el
niño en el bautizo y la comunión, el muerto en el entierro y el que salga en
todas las fotos, porque se creen el alma de la fiesta y encima lo pregonan a
boca llena.
Nunca fallarán, ni darán un juicio
crítico sobre su vida, porque cuando viejos y machacados por los años, les
pregunten que fueron o lo que hicieron, adornarán la historia con medias
verdades, cargadas de buenas tintas, en las que narrarán, con la santidad de los
necios, hechos que no sucedieron o que si lo hicieron tienen nombres propios,
que no son los suyos.
Son gentuza que deberíamos
extinguir, por lo poco que valen y lo mucho que incordian, pero, para nuestra
desgracia, como más que especie, son plaga, nos los tendremos que comer con
patatas, en el desayuno y en el almuerzo, en la empresa y en la administración,
en el que despacha y en el despachado, con pito y con boina, con gorra de plato
y con carrito de la compra, porque ni tienen sexo definido, ni edad, ni
condición, ni esencia, más que la de un virus, que es la de reproducirse y
reproducir sus lemas de “yo no he sido” a los errores cometidos y “eso siempre
lo dije yo” a los aciertos, el ineludible ”fue gracias a mi” de las
gratificaciones y los logros conseguidos , y la sonrisita de jactancia, ante
todo lo demás de la vida, que a los que los sufrimos, nos toca compartir con
ellos.
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