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Mientras algunos obispos siguen
negando el holocausto, a Eluana le cuesta la misma vida morir, porque está claro
que es más importante salvar a una chica -que lleva muerta diecisiete años- de
la ira de su padre, que se preocupa por si sufrirá al desconectarle la
alimentación artificial que recibe, que reconocer que un fascista estuvo a punto
de terminar con todo aquello que obstaculizaba su locura de poder, incluidos
seis millones de judíos, gitanos, apátridas, homosexuales, republicanos
españoles...
He leído por activa y por pasiva que
los comunistas de Trebujena salvaron a los santos, de un incendio que no salió
de las llamas del infierno, sino de una iglesia llena de recuerdos y memoria. Lo
que en cambio, no he leído, es que esos mismos comunistas son padres, hermanos,
vecinos de toda la vida, porque eso no es noticia ni importa a quienes creen que
comunistas, homosexuales, gitanos o judíos son prescindibles y demasiado
visibles, en una sociedad que les vienen grande.
A raíz de mi escrito sobre los
gitanos hay quien me ha dicho que no lo entendía porque lo había hecho, porque
al fin “ellos son muy suyos”. Ciertamente, tampoco entiendo yo que a los gitanos
se les relegué a las fiestas y a la marginalidad, al no vérseles, porque nos
interesa así y tampoco entiendo que los españoles musulmanes de Ceuta y de
Melilla, naciendo en barriadas marginales en su mayoría, sufriendo en sus
carnes, muchas veces discriminación y el martirio de convivir con la droga y la
delincuencia, sean después magníficos policías y mejores aún guardias civiles y
militares de elite, que nos saquen los garbanzos del fuego a los demás cuando
nos hace falta.
Y no lo entiendo, porque hubo un
tertuliano que dijo que si el fuego se hubiera prendido en la casa del alcalde
comunista muchos vecinos hubieran ido igualmente a socorrerlo y yo digo vecinos
sí, pero... ¿y los que piensan que el mejor comunista es el comunista muerto?
Es la tolerancia y el respeto, el
rabo en el perro de san roque al fascismo, a todos aquellos que con la boca de
llena de pasta de aceite de motor y alcanfor, miran por sus medidas las vidas de
los otros e insultan y descalifican.
No vi que en la publicidad del
autobús se machacara a nadie, ni siquiera se llegó a negar a dios tajantemente,
pero los defensores de la palabra del que no siguen con sus actos, porque no
ponen la otra mejilla ni para que se la afeiten, insultan, menosprecian y andan
muy ofendidos con aptitudes de las que mas les valdría confesarse y después
orar.
Y es que este mundo es una farsa y
un gran teatro en el que el no corre, vuela, y en el que la políticas lo domina
todo, donde no puedes verle los defectos a quien realmente los tiene, porque
está en mayoría no social, ni afectiva, sino dominadora de medios y de dinero,
donde las minorías pensadoras y respetuosas no pueden gastarse una mínima parte
de su dinero, porque habrá quien diga que se las deberían haber gastado en
alguna campaña para una ONG, el mismo que es incapaz de decir cuánto dinero del
Vaticano debería ir salvar el hambre de África o el sida con solo dejar pasar
el uso del preservativo, los mismos, que, cuando un “comunista” de los de ellos,
hace campaña y llega al corazón del pueblo ,se pringa de su humanidad y vive con
sus taras, sus lacras y su lepra, es apartado o beatificado, que para colmo es
lo mismo o cien veces peor, y llevado prontamente donde no pueda molestar en el
batir de sotanas moradas, de la alta política vaticana.
DIARIO Bahía de Cádiz
Y es que el dinero es gran señor al
que servir, el mejor, dándolo todo y pidiéndote casi nada, si no que se lo digan
a quienes vinieron a pedir que continuara el Concordato, a aquellos que quieren
los fondos del Estado, pero no las leyes, a aquellos que si el régimen cambiara
como en cuba, Dios no lo quiera, serían los primeros, no en tomar el barco y
exiliarse en Portugal, sino en ponerse la lado del que fuera con tal de seguir
en la cúspide del poder y la gloria.
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