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 EL SECRETO DE COPÉRNICO

Amor verdadero

 ANA ISABEL ESPINOSA

 (Abogada, escritora y columnista  - http://anaisabelespinosa.blogspot.com -)   opinionanaespinosa@hotmail.com

 

ANA ISABEL ESPINOSA

Mientras la guerra continua en el lugar que siempre debió ser el más pacífico del mundo, por lo mucho que significa para las religiones del libro y por estar ligado al hombre que quiso salvarlo, el año se va desangrando entre las arenas del tiempo, disolviéndose ante nuestros ojos, hora a hora, y los minutos, trastocándose en segundos perdidos.

 

Es el momento de plantearnos el pasado o el futuro, es cuando nuestro correo electrónico se llena de mensajes esperanzadores o de ritos mágicos que nos prometen salud, fortuna o felicidad eterna, avalados por éste o aquel sortilegio, revenido del antiguo Egipto o de la prodigiosa guija.

 

Los días se nos van a apresuradamente y solo nos queda esperar lo mejor para nosotros mismos y todo lo que queremos, en esa hipotética burbuja que es la vida de cada cual, en la que la diferencia de metros o de kilómetros, la educación, o sin más, la suerte con que nos envuelve el destino -al nacer- nos hace tener una u otra creencia, uno u otro bando, mandar o recibir bombas, aceptar nuestro sino o luchar por un lugar en el paraíso.

 

Puede ser que siempre vayamos buscando la verdadera felicidad, ese sueño eterno del hombre, imposible de alcanzar por muchos, pero sufrible y deseable meta para unos cuantos elegidos.

 

Y es que en estas épocas del año, en que algo de nuestra vida -su esencia mortal- se va, tras el tiempo pasado, nos planteamos cosas importantes, como balances de lo vivido o sentido, la posibilidad de cambios cruciales, deseando -sobre todo, impiamente-la mejor de las suertes para conseguirlo.

 

Este año que se nos va apresuradamente, viste ropas de despidos y agobios, de paro y depresión, en gente que solo quiere trabajar y ganar dinero, cosa, por otro lado, para qué más sensata y sencilla.

 

La decadencia de lo que fue esplendor en años pasados hace que comercios y construcciones, extras y regalos, se vean mermados y racaneados por una crisis que ya es real y pegajosa, despechada invitada en todas las fiestas a las que asiste, a las que amarga y deprime.

 

Vamos buscando -aún así -algo que nos caliente el alma y a veces tenemos la suerte de encontrarlo, cuando caminando, a lo lejos, en una calle gris y melancólica, adornada con bombillas apagadas y la promesa de una bruma que se convertirá en fina lluvia, una pareja se abraza tiernamente, protagonizando una fotografía de esas que nos gusta enmarcar y guardar -como un tesoro- en la mesa de nuestro despacho.

 

Cuando vemos los abrazos tan intensos y a la vez tan amables, tan sentidos, no podemos tener envidia, porque compartimos la felicidad, nos embriaga su poder y su presencia, nos da ánimos de que las guerras se detengan y que un día el hombre se vea libre de esa maldita plaga que es luchar por hambre, vida o libertad, sueños que nos vienen cosidos al alma cuando llegamos a la vida y nos disponemos a respirar.

 

Tal vez si nos acercásemos a esa pareja, que ya disuelve con tristeza su abrazo -porque las almas se niegan a  separarse una vez que se han unido- veríamos a un hermano mayor abrazando a su hermana pequeña -enferma de síndrome de down- y se nos despejarían las dudas sobre si el hombre puede alcanzar la paz y encontrar la verdad de lo que el amor significa.

 

Seguramente sería éste un año que acaba, lleno de esperanzas de que el próximo sea mejor , de que las cosas nos vayan bien, de que los hombres nos amemos de verdad, porque hayamos visto el presagio de bonanza de una pareja de hermanos fundiendo sus manos para andar en una vida que no es fácil, pero que con amor y entrega plena ,puede llegar a brillar, tan fuerte y esplendorosamente, como una bombilla nueva y limpia, pletórica y festiva, alta y colorida, elevada a las alturas, mágicamente, en un árbol de navidad. DIARIO Bahía de Cádiz


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