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Nacida de madre republicana y
tatarabuela liberal y gaditana, poco le faltaba a esta niña más que tener los
padrinos que tuvo, los siete más ilustres que se sumaron para darle cuerpo y
armonía, Cisneros, Pérez Llorca, Rodríguez de Miñón, Roca, Fraga, Peces Barba y
Solé Turá, porque padre biológico no tuvo más que uno, el soberano pueblo
español, que la acogió como lo que era y siempre fue, producto a mismas partes
de la esperanza y el deseo de libertad.
Era una niña muy querida y esperada,
pues en más de cuarenta años, nuestro país no había parido texto constitucional
democrático alguno, tan querida, que muchos se hubieron de poner de acuerdo para
que se llegara a una gestación, que, sin asistencia y anuencia de todos, no
hubiera podido llevarse a cabo.
Participaron en el laborioso
embarazo, como he dicho, los mejores de las mejores casas, y así la niña tuvo el
pelo de aquel, la mágica mirada del otro y la ensoñación o la rebeldía, que le
imprimieron al dotarla de vida e ir haciéndola real, paso a paso.
Como la madre era añosa y estaba
delicada por los muchos embates que había tenido que soportar antes del parto
,la cosa se hizo con un cuidado exquisito, no menos del que se merecía, para que
el día 6 de diciembre, su padre, el pueblo soberano, la acogiera entra sus
brazos y sus corazones, sabiéndola solo suya.
Ahora la niña ha crecido, mientras
el país se ha fortalecido y pugna con fuerza entre los más grandes, los
ciudadanos que convivimos con ella y la hemos visto hacerse adulta, al mismo
tiempo que nosotros crecíamos y peinábamos canas, hablamos y reímos y creemos,
en el futuro y en ella misma, más que nunca.
La niña puede que quiera casa nueva
o un vestuario más acorde con los tiempos que corren, o independencia de sus
padres, vaya usted a saber, o quizá simplemente quiera más libertad para pensar
como ella quiera, que no olvidemos que es treintañera y liberal, aunque le pese
a muchos, pero segurísimo que lo que quiere en el fondo y más sinceramente es
seguir creciendo, hacerse anciana y ver nacer a sus hijas y nietas en una
entorno de paz ,libertad y armonía.
La niña que nos nació con ganas y
con esperanzas renovadas, se nos ha hecho mayor en un salto, nos han pasado los
años por encima, de una forma tan plácida y tranquila que no nos ha dado tiempo
a pensar en la bonanza del hecho en si mismo, en lo magnifico que es que esto
suceda, porque cuando te acostumbras a levantarte cada día viendo ante tus ojos
un paisaje infinito en belleza, todo se te vuelve normalidad y rutina, todo se
te vuelve hastío, no acordándote de los años de oscuridad e ignorancia, que
precedieron aquellos, olvidándote de a quién debes y cuánto, de esta claridad
que impregna tu mundo.
Fue un buen día para nacer el seis
de diciembre, aunque a ella le hubiera gustado cualquier otro, porque es el día
de San Nicolás y ya se sabe que por estas tierras el día que naces te “regalan”
con el del santo de la advocación y llámala “Nicolasa”, si le echas redaños a la
vida , y no te volverá a mirar a la cara ,ni a responder a tus mensajes móviles,
pero si su tatarabuela ,la gaditana ,tan señorona y matronil, como se ve
reflejada en su escultura de la plaza de España, es llamada ‘Pepa’ por todo el
que la conoce y aprecia, que menos que a esta niña le recordemos, que el santo
lo era por bonachón y protector, por curar de las catástrofes y quitar
padecimientos, vamos mismamente lo mismo que la niña, que siembra nuestros días
de libertades y de buenos principios, de derechos y de deberes, que seguir y
perpetuar, para el bien de muchos y consuelo de todos.
DIARIO Bahía de Cádiz Ana Isabel Espinosa
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