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No sé ustedes, pero yo estoy hasta
las narices de que unos pocos, con muy poca educación y cultura por cierto, se
metan con quien nada les ha hecho. Y digo nada, objetivamente, porque supongo
que sí, que para esos que se recogen la conciencia en una vitrina con cristales
opacos, deben haberle puesto la casa patas arriba. Díganme ustedes sino qué
causa podría haber para esos artículos de opinión que rayan no ya lo deleznable
o querellable, sino el buen gusto y la cordialidad, que debemos a nuestros
semejantes.
Ellos que predican, por predicar
hasta en el desierto, dicen con boca llena de soberbia que los homosexuales
están ahí, que bueno, que está bien que no se les persiga como a delincuentes,
ni a tarados, pero que eso de equipararse a una unión igual de legítima que la
que existe entre un pene y una vagina, vamos… ¡Qué hasta ahí podíamos llegar!
Se declaran abiertamente en consonancia con los nuevos tiempos, declarándose,
igualmente, abiertamente antihomofóbicos, pero los términos son los términos
-dicen- y no es posible emplear la misma palabra para una unión tan desigual que
debe ser para ellos, la de hombre con hombre o mujer con mujer.
Pues bien, yo que me declaro tan
abiertamente tolerante, que no me molesta casi nada de mis semejantes, excepto
la gilipollez llevada al límite o la hipocresía más ladina, esto me pone y me
pone a cien ,porque vamos a ver señores casullas de pana,¿ qué narices les
importa a ustedes cómo se llamen entre si una pareja, si se casan o no se casan
o lo que hacen en la intimidad de su dormitorio?, ¿no será acaso que les pone el
tema y andan por andar indagando a ver si les va y se cambian de opción sexual?
Porque una cosa les voy a decir… que
conozco muchos, como ustedes, que renegaron del invento, pero que cuando lo
probaron no volvieron al recto camino que ustedes le habían marcado y, en
cambio, no conozco ninguno que en probándolo, quiera salir, para volver al que
ustedes llaman el buen redil.
Una cosa mas les digo, y tómenme por
bien lo que les digo, que ánimo ninguno había de ofender, ninguno, como estimo
que ustedes tienen cada vez que dicen que no deben perseguirles, ni tildarles de
tarados, por su sola condición sexual, a los que no son más que personas –iba a
decir exactamente iguales que ustedes- pero no, personas que son mucho más
personas que ustedes, porque no conjeturan, no critican y sólo viven la vida,
que ustedes pretenden que no vivan en paz.
Y porque no quiero que se me quede
en el teclado del ordenador, y que les quede muy clarito, porque sé de sobras lo
que van a decir en cuanto lo lean, les aclaro que no soy lesbiana…¡Qué más
quisieran ustedes, para poder rajar a gusto!
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