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Me decía ayer mi buen amigo e
historiador, Ángel Mozo, que él no va de falso y que por eso reconoce que la
pasada noche no dejó en la cuneta la décima edición de gran hermano.
Bueno pues si es hora de
confesiones, aunque creo que no estamos en época, les diré que las dos primeras
horas -y porque al día siguiente era lunes y tenía que trabajar- yo también me
las tragué, enteras.
No obviaré decir que pasé un buen
rato, que me reí con ganas y que critiqué de lo lindo, no porque fuese original,
ni nuevo, que ya me dirán después de nueve ediciones anteriores, por mucho que
se expriman el seso los guionistas, de la idea original, no pueden salir más
cosas; pero, es que, lo que de verdad inspiraba mi curiosidad era comprobar qué
género humano entraba esta vez.
Discúlpenme si me equivoco, pero
menos emigrantes sin papeles, que los tenemos y a puñados en nuestra sociedad,
yo creo que ha entrado de casi todo; curas revenidos, homosexuales y machitos,
árabes, africanos, chicas de vivir alegre, chicos atrofiados de mente, cuerpos
sin cerebro, cerebro sin ganas, flojos y pardillos…
Sobre todo pardillos, porque no me
dirán que los pobres concursantes de la primera edición, no lo eran, metidos en
aquella casa que era una versión cutrecilla de las series americanas, sin saber
qué experimento era aquel y saliendo como han salido.
Que yo sepa, sólo hay un exponente
de que se puede llegar, gracias a este concurso, que es el leal, amigable y buen
chico, Ismael Beiro, porque los demás, casi sin excepción, han sido fagocitados
por el sistema televisivo y expulsados por el esfínter de la saciedad, de salir
en programas de segunda división, en franjas horarias donde se puede decir casi
todo, en peleas y disputas, festines de basura, que los espectadores queríamos
ver, para aumentar nuestro morbo, convirtiéndose al cabo de los meses, en meras
marionetas , en manos de gente, que se hinchaba los bolsillo a costa de ellos.
Pues bien, lo que más me asombra no
es esto, que ya es sabido por todos, sino que sabiéndolo, se den patadas en
todas partes, para meterse de nuevo en el invento, encerrase en una casa con más
personas con las que no debes convivir, ni aprender a respetar, porque el
concurso no va de eso, que no vendería horas de televisión, sino de bordearse y
de decirse de todo, de ver quién es el más salido o la más traidora, el que
bordea por detrás, o el que clava mas puñaladas.
Y se me viene a la mente, Raquel, de
una de las primera ediciones, que arremetiendo contra Patricia, fue expulsada de
la casa por hacernos sentir a la audiencia que éramos mejores personas que ella,
que nosotros nunca lo haríamos, porque las victimas venden y nos gusta ser
verdugos telefónicos, de los propios verdugos.
Luego vino el circo, porque Raquel
se confesó lesbiana, primero no, pero después sí, y unos la apoyaron y otros la
tiraron, pero consiguió la pareja que quería, que era Noemí, que fue sacando
espolones en la piel, en platos y tertulias, con sus sucesivas parejas y
rupturas y uniones y fotos y desnudos y declaraciones…
Y así casi todos ellos, menos
algunos que se retiraron como ascetas y no quieren volver a saber nada que huela
a televisión o intromisión en una vida privada, que deja de serlo por amor a la
notoriedad, a ser alguien a costa de casi nada, de dejar tu vida, tu pasado y,
lo que es muchísimo peor, tu futuro, en manos de quienes sólo miran de ti el
caballo ganador que puede hacerles ganar la carrera de la audiencia.
DIARIO Bahía de Cádiz
Y saben lo que más me sorprende, que
aún se crean ganadores por haber entrado, que aun piensen que los que tienen el
timón en sus manos son ellos, que ahora esperan a ver cuándo llegará su momento,
cuándo podrán empezar a largar en los platos de éste o de aquel, sin entender
que la máquina estomacal del sistema ya se los ha tragado, ha comenzado la
digestión y sin prisa los expulsará de su intestino, de falsas glorias y
aplausos enlatados.
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