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 EL SECRETO DE COPÉRNICO

El cielo sobre nuestras cabezas

 ANA ISABEL ESPINOSA

 (Abogada, escritora y columnista  - http://anaisabelespinosa.blogcindario.com -) opinionanaespinosa@hotmail.com

 

ANA ISABEL ESPINOSA

Cuando nacemos y nos enganchamos a la vida, al tiempo que mamamos con fruición de la teta materna, creemos que seremos especiales, porque la genética y la selección natural no se pueden equivocar y por tanto se hablará de nosotros por lustros, porque seguro que habremos nacido para la gloria de algo o de alguien, aunque sólo sea la de nuestra familia, nuestro pueblo, o nuestro barrio… pero, tristemente, crecemos y empezamos a encontrarnos con las dificultades, con que el colegio es una faena donde solo a los mas listos les va bien, donde las chicas odian a los chicos y los chicos a las chicas, donde los hermanos mayores son unos imbéciles y sus amigos se ríen con ganas cuando te insultan…y así, paulatinamente, el mundo empieza a ser lo que ha sido siempre, un aparatoso atasco frente a un semáforo verde con las bocinas apretadas a toda presión, con el sol calentándote los sesos, la ventanilla abierta, el coche sin aire acondicionado y el rumano limpiándote el cristal.

 

Empezaste a odiar las vacaciones de verano al mismo tiempo que te salieron las espinillas y que  la chica con la que te metías en primaria, dio el estirón y se puso igual, pero igual, que las modelos de las revistas. Fue el mismo año que se rió en tu cara y te llamó “baboso espinilloso” y todo el instituto coreó por meses ese odioso mote, haciéndote la vida imposible, sintiéndote un exiliado, un marginado de la sociedad, en un mundo que no estaba hecho para tus pasos.

 

Desde ese verano fatídico comprendiste que la vida ,la verdadera vida , giraba como una loca y que seguiría bailando cuando tú ya no estuvieras y aun así no te rindes a ella, ni tuerces el gesto, ni te quejas, más que a malos ratos y cuando llegas a tu casa y te encuentras que tu novia está pintándose las uñas de los pies en el salón, con el traje de fiesta y te duelen los riñones, por pasarte catorce horas de turno con el soplete a cuestas, o con los pies hinchados de tanto repartir publicidad, o con la espalda molida de vender pescado y ves a tu marido que no ha fregado los cacharros del mediodía o que los niños están en el salón, sin duchar, ni poner el pijama, esperando que tú llegues para que les des de cenar… ni aún así se te cae el cielo sobre tu cabeza y sigues deseando luchar, pelear día a día, cediendo a las ganas de mandarlo todo a paseo, al primero al jefe, que te explota porque puede y quiere, o a la jefa que se pasea por delante tuya con el coche que tú nunca tendrás, o a la vecina del quinto que luce palmito y a ti te cuesta la misma vida, meterte los pantalones de las rebajas del año pasado y te tomas un café y engordas cinco quilos… y entonces sí que morderías y babearías como la niña del exorcistas… pero te acuerdas de los galos y de Astérix y de Obélix y de Don Quijote y  hasta de la madre que parió al Cid… y poco a poco, misterio misterioso, te vas serenando, aunque parezca una tontería y el aire retorna a los pulmones y las mejillas se vuelven a colorear y la depresión corre puertas abajo a buscar otra víctima, porque en esta casa se pelea con uñas y dientes, como los galos contra los romanos, sólo que sin poción mágica de la felicidad, y tal vez sea ,porque definitivamente te has dado cuenta de que combatir a cualquier precio, sin poder ganar nunca una batalla, no es cosa de humanos sino de dioses del Olimpo y que sólo TÚ eres un héroe anónimo, el que hace el mundo funcionar, el que te levantas temprano para sacarle brillo al día, el que haces que la mañana se ilumine y las carreteras estén puestas cuando nos levantamos los demás, el que abre los negocios y el que hace que las noticias lleguen a su destino, el que pone guapo a los feos, el que hace sentirse a los viejos como niños, y  a los niños felices y contentos, el que lleva de paseo a sus perros ,el que se cruza en los pasos de peatones y deja pasar a los demás. DIARIO Bahía de Cádiz

 

Eres y siempre serás lo mejor de nuestra sociedad, nuestro valor mas valido y seguro, lástima que nunca te lo hayamos dicho y, lo peor, es que seguramente nadie te lo dirá jamás.


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