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Cuando nacemos y nos enganchamos a
la vida, al tiempo que mamamos con fruición de la teta materna, creemos que
seremos especiales, porque la genética y la selección natural no se pueden
equivocar y por tanto se hablará de nosotros por lustros, porque seguro que
habremos nacido para la gloria de algo o de alguien, aunque sólo sea la de
nuestra familia, nuestro pueblo, o nuestro barrio… pero, tristemente, crecemos y
empezamos a encontrarnos con las dificultades, con que el colegio es una faena
donde solo a los mas listos les va bien, donde las chicas odian a los chicos y
los chicos a las chicas, donde los hermanos mayores son unos imbéciles y sus
amigos se ríen con ganas cuando te insultan…y así, paulatinamente, el mundo
empieza a ser lo que ha sido siempre, un aparatoso atasco frente a un semáforo
verde con las bocinas apretadas a toda presión, con el sol calentándote los
sesos, la ventanilla abierta, el coche sin aire acondicionado y el rumano
limpiándote el cristal.
Empezaste a odiar las vacaciones de
verano al mismo tiempo que te salieron las espinillas y que la chica con la que
te metías en primaria, dio el estirón y se puso igual, pero igual, que las
modelos de las revistas. Fue el mismo año que se rió en tu cara y te llamó
“baboso espinilloso” y todo el instituto coreó por meses ese odioso mote,
haciéndote la vida imposible, sintiéndote un exiliado, un marginado de la
sociedad, en un mundo que no estaba hecho para tus pasos.
Desde ese verano fatídico
comprendiste que la vida ,la verdadera vida , giraba como una loca y que
seguiría bailando cuando tú ya no estuvieras y aun así no te rindes a ella, ni
tuerces el gesto, ni te quejas, más que a malos ratos y cuando llegas a tu casa
y te encuentras que tu novia está pintándose las uñas de los pies en el salón,
con el traje de fiesta y te duelen los riñones, por pasarte catorce horas de
turno con el soplete a cuestas, o con los pies hinchados de tanto repartir
publicidad, o con la espalda molida de vender pescado y ves a tu marido que no
ha fregado los cacharros del mediodía o que los niños están en el salón, sin
duchar, ni poner el pijama, esperando que tú llegues para que les des de cenar…
ni aún así se te cae el cielo sobre tu cabeza y sigues deseando luchar, pelear
día a día, cediendo a las ganas de mandarlo todo a paseo, al primero al jefe,
que te explota porque puede y quiere, o a la jefa que se pasea por delante tuya
con el coche que tú nunca tendrás, o a la vecina del quinto que luce palmito y a
ti te cuesta la misma vida, meterte los pantalones de las rebajas del año pasado
y te tomas un café y engordas cinco quilos… y entonces sí que morderías y
babearías como la niña del exorcistas… pero te acuerdas de los galos y de
Astérix y de Obélix y de Don Quijote y hasta de la madre que parió al Cid… y
poco a poco, misterio misterioso, te vas serenando, aunque parezca una tontería
y el aire retorna a los pulmones y las mejillas se vuelven a colorear y la
depresión corre puertas abajo a buscar otra víctima, porque en esta casa se
pelea con uñas y dientes, como los galos contra los romanos, sólo que sin poción
mágica de la felicidad, y tal vez sea ,porque definitivamente te has dado cuenta
de que combatir a cualquier precio, sin poder ganar nunca una batalla, no es
cosa de humanos sino de dioses del Olimpo y que sólo TÚ eres un héroe anónimo,
el que hace el mundo funcionar, el que te levantas temprano para sacarle brillo
al día, el que haces que la mañana se ilumine y las carreteras estén puestas
cuando nos levantamos los demás, el que abre los negocios y el que hace que las
noticias lleguen a su destino, el que pone guapo a los feos, el que hace
sentirse a los viejos como niños, y a los niños felices y contentos, el que
lleva de paseo a sus perros ,el que se cruza en los pasos de peatones y deja
pasar a los demás. DIARIO Bahía de Cádiz
Eres
y siempre serás lo mejor de nuestra sociedad, nuestro valor mas valido y seguro,
lástima que nunca te lo hayamos dicho y, lo peor, es que seguramente nadie te lo
dirá jamás.
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