PORTADA

 Noticia del día

 Cádiz

 Jerez

 San Fernando

 El Puerto

 Chiclana

 Puerto Real

 Rota



 El Mundo

 Deportes

 Opinión

 Cartas al Director

 Foros

 El Derrotista

 Servicios

 El Tiempo

 Prensa/TV/Radio

 Entrevistas

 A Fondo

 Foto-Noticias

 Toros

 Bahía Cultural

 Carnaval366Días

Escribe aquí tu CARTA AL DIRECTOR

 Suscribirse

 Patrocinadores

 Publicidad

 TIENDA BC

 Quiénes somos

 Preguntas frecuentes

 Contacto Prensa

 Hemeroteca


 

 

 EL SECRETO DE COPÉRNICO

Verde, que te quiero verde

 ANA ISABEL ESPINOSA

 (Abogada, escritora y columnista  - http://anaisabelespinosa.blogcindario.com -) opinionanaespinosa@hotmail.com

 

ANA ISABEL ESPINOSA

A raíz de unas criticas vertidas contra una amiga que trabaja, al igual que yo, en opinión, me ha venido a la cabeza la diferencia que hay entre criticar e ir de cacería.

 

Está claro que si expresas tu opinión en voz alta y te la publicitan, es porque alguien la lee, por lo tanto es válida y considerada, pero lo segundo, y que en particular es lo que afecta a este caso, es que algunos se creen por ello con el derecho, “casi” sagrado, de “vomitarte”, en la cara, todo lo que piensan de ti, rebajándose a los insultos personales, a las descalificaciones más absurdas… En definitiva, a lo más bajo del ser humano.

 

Una vez llamé temprano a una redacción de un periódico y  me respondió una chica casi sollozando. Cuando le pregunté que le pasaba, me comentó que le llovían las criticas, desde que escribía allí, a lo que yo objeté que eso era normal en su profesión, porque cuando ejerces en primera línea de información y comunicas un oportuno orden de cosas, lo rutinario es que a más de uno no le sienten bien, eso cuando no le sientan mal a todos.

 

-Sí, pero se están poniendo demasiado bordes, con la crítica- lagrimeó ella.

 

Y entonces, sí que la entendí, no le importaba el qué, sino el cómo, como a casi todos nosotros, en nuestra vida diaria, que no nos importa lo que nos hagan, sino la forma burda o educada de hacérnoslo.

 

Y es que la envidia, la petulancia, y sobre todo, perdónenme ustedes, la imbecilidad de algunos, raya lo abismal, creyéndose con derechos a casi todo y con obligaciones a casi nada.

 

Los que criticaron a mi amiga, se metieron en su vida privada, estrujaron y dieron vueltas de calcetín, a su artículo, y ¿todo para qué?, pues para sentirse bien en sus vidas de miseria, para intentando, vencerla a ella, hundirla, bajarla al nivel ínfimo en que ellos viven, simplemente sentirse un poco mejor…

 

Es, para morirse de asco, porque no sé a ustedes, pero a mi me revienen a la boca

amargos recuerdos de mujeres vejadas por hombres que se sienten inferiores y con miedo eterno a que los abandonen, hombres, poco hombres y menos personas, que un día, cuando no pueden aguantar que esa mujer viva mejor sin ellos, que con ellos, la matan; compañeros de instituto, que no soportan que nadie pueda vulnerar esas normas absurdas que ellos mismos han creado, esas reglas, de secta, donde el más inútil y brutal y la más zafia y la más hortera, establecen quién es bueno y quién es malo, a quien hay que admitir en el grupo y a quien hay que matar de una paliza.

 

Capos de campo de concentración de la normalidad, dictadores de poca monta, con acólitos que tapan boca y mente, por el precio de la normalidad o el “conmigo no te metes”.

 

La guillotina está ahí, los anónimos, los que critican por el hecho de criticar, a la orden del día y los que ponemos el nombre al lado de nuestros pensamientos, los que esperamos la critica con una impermeable en el alma y un paraguas para lo que llegue, somos cada vez menos, porque lo fácil es nadar a corriente, ser una pez más en la pecera y arrimarte al ascua que más calienta, porque la envidia está a la orden del día y la mala leche más aún , y porque tú trabajes en algo tan fútil, tan efímero y tan accesible a cualquiera, como puede ser la opinión, ya parece que cualquier humano, por el hecho de tener ordenador y juntar dos letras, puede decir barbaridades, que debería corregir un buen psiquiatra.

 

Menos mal que siempre quedan ustedes, que están siempre ahí, con educación y cortesía sobrados, que sonríen cuando cruzan mis pasos, que me mandan ánimos y saludos, mensajes y palabras de cariño, porque si todo fueran “de los de más arriba”, “valiente mundo de marrones” que sería, como bien, diría mi amiga. DIARIO Bahía de Cádiz


ARTÍCULOS ANTERIORES

 

Oros por llegar

Fauna de la Puntilla

Por la misma cara

Úrsula tiene novio

Van Gogh

La Eurocopa, Guiza y el amor

Por la boca muere el pez

Pepe Gotera y Otilio

Abuelas de primera división

Alberto Contador o la nueva pantera rosa

Mujeres como las de ahora

El raro del instituto

Orientadores de papel

Casa de muñecas

...

Libérate me

La niña de la cuchara de plata

Liberales de pacotilla

Vándalos, de andar por casa

In presentables

¡Ay Mary Luz, Mary Luz!

Con M mayúscula

Inútiles sin frontera

Presos

La inquisición, las rosquillas y el papa negro

Las mariconadas de los homófobos

Plegarias al dictador

Autobuses de damas

La evolución de Darwin

DIARIO Bahía de Cádiz (BC) v. 1.9.
© 2004-2008 DIARIO Bahía de Cádiz

Publicidad | Contáctenos

¿Quiénes somos?  --  Aviso Legal  --   Suscribirse  --   Poner como página de inicio  --   Añadir a Favoritos                          Imprimir esta página

 

 

 

Publicidad         

 

C/Profesor Antonio Ramos, 12, 3ºIZQDA - 11.100 San Fernando (CÁDIZ)
Redacción: redaccion@diariobahiadecadiz.com  Dirección: danyprensa@yahoo.es   Teléfono: 658 685 782