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 EL SECRETO DE COPÉRNICO

Por la misma cara

 ANA ISABEL ESPINOSA

 (Abogada, escritora y columnista  - http://anaisabelespinosa.blogcindario.com -) opinionanaespinosa@hotmail.com

 

ANA ISABEL ESPINOSA

Por la misma cara y el mismo defecto físico, para más concretar, metieron en la cárcel a un inocente, durante la friolera de doce años y ochos meses, y se quedaron tan frescos.

 

A la victima de la violación le enseñaron fotos de posibles autores materiales del hecho, basándose en los antecedentes de agresiones sexuales, y como dijo ella en la declaración, “que tenía un ojo a la virulé”, porque le daba apuro decir que era bizco, metieron también la foto de Rafael Ricardi, un desgraciado ex toxicómano, que se había visto envuelto en varios roces con la policía y que gozaba de la dudosa fortuna de ser estrávico en uno de sus ojos.

 

Poco más y lo dicho, y fue a parar a prisión, por la misma cara y sin saber porqué, diciendo una y otra vez que era inocente y que no era en que buscaban.

 

A los cuatro años de verse la integridad a mamporros con los presos, que no perdonan la violación, mas que sacralizándola con el mismo pecado al pecador, la fiscalía recibe informes de que el ADN de la violación no coincide con el hombre que está en prisión, pero no se hace nada y este hombre sigue por ocho años mas allí dentro, condenado por la ignorancia, la apatía, el sin nombre y la poca vergüenza.

 

La mayoría de nosotros, no somos buenas personas porque hayamos nacido con esa condición, sino por miedo a la cárcel, o sea, por sociabilización, o dicho en plata, por mieditis carcelaria, y no me quiero imaginar lo que serían esos años de regalo para alguien cuya biografía decía sin palabras… “carne de cañón”.

 

Ahora que todo se ha destapado, todos se echan las manos a la cabeza y se tiran los trastos de la incompetencia y el mal hacer, pero solo Ricardo está contento porque se verá por fin libre de su mala suerte de nacer pobre, inculto, frágil y de poco talento, como la mayoría de nosotros, que cada día nos agarramos a algo que nos haga ser diferentes al resto de los mortales, especiales, pero de cintura para arriba de la ignominia, diferentes, aunque sea como el solitario, matón, pero con dinero, delincuente, pero, como Roca, de miles de miles de millón, nunca como el extrávico Ricardo, un pobre más que pobre del montón, del que ni su familia quiere saber nada, al que ninguna asociación de victimas miraría más que para escupirle en la cara, a los que de derechos y leyes vetaron al poco de nacer, porque no era nada más que el don nadie de los don nadie y ahora mire usted a ver que sale en periódicos y folletines, que casi seguro que recibirá, y mire usted que de verdad me alegro, indemnización más que merecida, por las malas artes de muchos que apuñalaron a degüello, para  que el solito se muriera…

 

Ahora seguro que le salen amigos, que antiguas mujeres e ingratos que no le miraban al pelo, se le acercarán ufanos, para decirle “cuánto lo sienten por él” y que “mira que suerte ha tenido”, pero solo él sabrá las muchas pesadillas que aun le acompañarán de por vida, pegadas a los zapatos con polvo de celda, solo él sabrá lo mucho de ingrato y desdeñable que tiene el destino, la mala leche que hay por ahí suelta y cómo se conjugan las circunstancias, los cargos y los nombres y apellidos, para privarle a uno de lo poco que tiene en la vida: un sitio bajo el puente Corribolo, donde mal vivía, las aguas del río, en las que se aseaba y los coches a los que ayudaba a aparcar, a cambio de unas monedillas para su vicio… y mírense bien las conciencias, porque es fácil criticar y más aun ser malas personas, desde nuestras cómodas casas y bajos nuestros tranquilos techos, pero mírense bien, hermanos míos, y díganme si con esta vida prestada por el infierno de Ricardi, no es lo más fácil no ya caer en la droga sino ser la carne de cañón perfecta, para tranquilizar conciencias y dejar atados cabos ,que ahora deben desenmarañar ,aunque les pese y aunque Ricardi se ría tan fuerte de todos ellos, que el ojo estrávico esté por ponerse justo en su lugar. DIARIO Bahía de Cádiz


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