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Por la misma cara y el mismo defecto
físico, para más concretar, metieron en la cárcel a un inocente, durante la
friolera de doce años y ochos meses, y se quedaron tan frescos.
A la victima de la violación le
enseñaron fotos de posibles autores materiales del hecho, basándose en los
antecedentes de agresiones sexuales, y como dijo ella en la declaración, “que
tenía un ojo a la virulé”, porque le daba apuro decir que era bizco, metieron
también la foto de Rafael Ricardi, un desgraciado ex toxicómano, que se había
visto envuelto en varios roces con la policía y que gozaba de la dudosa fortuna
de ser estrávico en uno de sus ojos.
Poco más y lo dicho, y fue a parar a
prisión, por la misma cara y sin saber porqué, diciendo una y otra vez que era
inocente y que no era en que buscaban.
A los cuatro años de verse la
integridad a mamporros con los presos, que no perdonan la violación, mas que
sacralizándola con el mismo pecado al pecador, la fiscalía recibe informes de
que el ADN de la violación no coincide con el hombre que está en prisión, pero
no se hace nada y este hombre sigue por ocho años mas allí dentro, condenado por
la ignorancia, la apatía, el sin nombre y la poca vergüenza.
La mayoría de nosotros, no somos
buenas personas porque hayamos nacido con esa condición, sino por miedo a la
cárcel, o sea, por sociabilización, o dicho en plata, por mieditis carcelaria, y
no me quiero imaginar lo que serían esos años de regalo para alguien cuya
biografía decía sin palabras… “carne de cañón”.
Ahora que todo se ha destapado,
todos se echan las manos a la cabeza y se tiran los trastos de la incompetencia
y el mal hacer, pero solo Ricardo está contento porque se verá por fin libre de
su mala suerte de nacer pobre, inculto, frágil y de poco talento, como la
mayoría de nosotros, que cada día nos agarramos a algo que nos haga ser
diferentes al resto de los mortales, especiales, pero de cintura para arriba de
la ignominia, diferentes, aunque sea como el solitario, matón, pero con dinero,
delincuente, pero, como Roca, de miles de miles de millón, nunca como el
extrávico Ricardo, un pobre más que pobre del montón, del que ni su familia
quiere saber nada, al que ninguna asociación de victimas miraría más que para
escupirle en la cara, a los que de derechos y leyes vetaron al poco de nacer,
porque no era nada más que el don nadie de los don nadie y ahora mire usted a
ver que sale en periódicos y folletines, que casi seguro que recibirá, y mire
usted que de verdad me alegro, indemnización más que merecida, por las malas
artes de muchos que apuñalaron a degüello, para que el solito se muriera…
Ahora seguro que le salen amigos,
que antiguas mujeres e ingratos que no le miraban al pelo, se le acercarán
ufanos, para decirle “cuánto lo sienten por él” y que “mira que suerte ha
tenido”, pero solo él sabrá las muchas pesadillas que aun le acompañarán de por
vida, pegadas a los zapatos con polvo de celda, solo él sabrá lo mucho de
ingrato y desdeñable que tiene el destino, la mala leche que hay por ahí suelta
y cómo se conjugan las circunstancias, los cargos y los nombres y apellidos,
para privarle a uno de lo poco que tiene en la vida: un sitio bajo el puente
Corribolo, donde mal vivía, las aguas del río, en las que se aseaba y los coches
a los que ayudaba a aparcar, a cambio de unas monedillas para su vicio… y
mírense bien las conciencias, porque es fácil criticar y más aun ser malas
personas, desde nuestras cómodas casas y bajos nuestros tranquilos techos, pero
mírense bien, hermanos míos, y díganme si con esta vida prestada por el infierno
de Ricardi, no es lo más fácil no ya caer en la droga sino ser la carne de cañón
perfecta, para tranquilizar conciencias y dejar atados cabos ,que ahora deben
desenmarañar ,aunque les pese y aunque Ricardi se ría tan fuerte de todos ellos,
que el ojo estrávico esté por ponerse justo en su lugar.
DIARIO Bahía de Cádiz
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