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No, no crean que en Viena, con la
victoria, los futbolistas se han echado la manta a la cabeza y ha pasado algo
entre ellos, que al menos que yo sepa, no, porque de lo que les habló es de una
historia de amor de esas raritas que a mi tanto me van, entre chico salido del
pueblo llano y chica rebotada de las fauces del famoseo.
No sé si sabrán que el jerezano,
Guiza, aparte de ser un crac en el fútbol, que lo es sin duda, será el futuro
marido de Nuria Bermúdez, a la que seguro que todos los que sigan Telecinco y la
prensa rosa, sí que la reconocerán como aquella chiquilla de lengua súper
afilada que paseó sus amores con el abogado Emilio Rodríguez Meléndez, que
terminó enchironado perdido.
Después de aquel episodio y en
cuanto tuvo popularidad suficiente, se dedicó a lo que más le tiraba a la chica
que era el Madrid y los futbolistas, no sé si por ese orden, hasta después de
mucho trasiego, llegar a los brazos morenos y cañeros del jerezano, que, por
supuesto, no dejó, para irse de plató en plató paseando desde la confirmación de
su embarazo, pasando por todos los detalles de la relación, hasta episodios más
o menos anecdóticos de un romance por el que nadie, yo la primera, daba cuatro
duros.
Y es lo bueno que tiene la vida que
nunca deja de sorprendernos y en el partido de España contra Rusia cuando Guiza
marcó su gol y se pateó tan bien pateado el terreno de fútbol, queriendo hacer
historia, se me vino a la cabeza aquella chiquilla díscola y con sueños
mitómanos que un día dejó la seguridad de su casa, para marcharse en pos de la
aventura, más que incierta de darle forma a sus sueños de mujer.
Es triste ver que la gente no
perdona, ni olvida, que cuando el Marca dio la noticia de la paternidad, segunda
de Guiza, porque ya tenía un hijo con su anterior pareja, que también pobló
platos y selvas del corazón, para explicar que la Bermúdez le había robado
marido y pensión alimenticia de hijo, no paraban de llegarle al hombre
comentarios, de muy mal gusto por cierto, sobre la posible “incierta” paternidad
de su hijo, refiriéndolo y remitiéndolo a los jugadores del Real Madrid, con los
que Nuria tenia tanta soberana amistad.
Y es que la envidia es muy mala y
orinar en lata, más aún, que se le permite a un futbolista el cielo y las
estrellas, siempre que meta goles y salve los partidos, pero sus mujeres no
pueden dejar la vitrina de la abuela, ni huellas en el parquet, escandalizándose
todos los jundays de la tierra de las amistades pasadas de Nuria, pero no
haciéndole la prueba del espectrógrafo sentimental al bueno de Guiza, que en sus
noches de correrías, que las hubo y muchas, correría tras faldas multicolores y
abrigos pasajeros.
Es esta nuestra sociedad, una
machista y una puñetera ,que no duda en ser la primera en señalar las faltas de
los demás cuando no tiene narices de mirarse su propio ombligo de estercolero,
cuando sería mucho mejor pensar en esa pareja como una familia, que es lo que
es, con un nuevo hijo en camino, con un hombre, en este caso futbolista, que
está dando su mejor rendimiento, cosa imposible, y no soy una experta en fútbol,
en cualquier profesión, si el protagonista no está al máximo nivel en lo físico
y en lo mental.
Nuria Bermúdez tiene aún mucho por
decir, porque una mujer que esculpe sus sueños en carne humana, que busca y
encuentra lo que ella quería desde un principio, que hace y deshace la vida como
hilo de tejer, no tengo dudas de que dará mucho que hablar, mucho que escribir y
muchas fotos en las revistas de prensa, pero lo que de verdad le deseó es que
sea, lo que sea, que dé a Guiza, para encumbrarlo a lo más alto, como hasta
ahora ha hecho, poniéndole alas al triunfo y algodones de oro a sus metas, siga
haciéndolo, porque si lo que quería desde siempre era convivir con una estrella,
ahora la tiene a su lado de carne y hueso, nacida y crecida a golpe de
sufrimiento y esfuerzo propio. DIARIO Bahía de Cádiz
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