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Seguramente siempre soñó con vivir
como un magnate del petróleo, o de tener todo lo que quisiera sin dar un palo al
agua, pero para un funcionario de prisiones británico no debe de ser nada fácil,
máxime cuando es mayor el gasto que los exiguos ingresos.
Ese sería el problema de John
Darwin, que su economía no estaba de cuerdo con su ritmo de vida, y un día,
harto de desmanes económicos y de que la vida no le presentara más que
acreedores que llamaban a su puerta a horas intempestivas, decidió morirse.
Tomó un kayak y un par de remos y se
deshizo de todo, dejando atrás primero un remo, después otro y por último la
piragua. Se esforzó por borrar su pasado, palada a palada y junto a la vida,
que había derrochado, malviviéndola, dejó atrás, sin pena ni melancolía, las
deudas y los acreedores, el levantarse temprano y el tener que ir a trabajar,
separándose, con risas calladas y sonrisa picarona, del ritmo frenético de no
poder ser quien en realidad eres y el obedecer a quien, tienen un escalafón
jerárquicamente superior al tuyo, por designio funcionarial.
John a cada remada de agua, de esa
gris costa de Seaton Crew de donde sale, para no volver en vida, cree que el
corazón se le va a escapar de la loca carrera que lleva, piensa que le oirán o
sabrán lo que va a hacer, e incluso mira a través de la bruma, si alguien puede
escuchar el curso de sus pensamientos.
Pero nadie sabe nada, y cuando
Darwin desaparece, sólo su mujer lo extraña y lo llora .Nadie volverá a saber de
él. Su mujer se verá obligada a decírselo a sus hijos y, tras larguísimos meses
de espera, que a pedir su declaración oficial de muerto. También tomará la
dolorosa obligación de cobrar el seguro de vida de su marido. No puede quitarle
el dolor de la perdida la cuantiosa suma, ni que con ella pague todas las deudas
e invierta incluso en Panamá, con el dinero obtenido de vender la casa familiar
con todos los enseres.
Pero un día, tras mas de seis años
de aquella salida en Kayak, John vuelve, presentándose en una comisaría de
Londres ,donde no dan crédito a la historia que cuenta sobre una posible amnesia
que le imposibilitó para regresar a su hogar.
Será entonces cuando desaparecerá su
mujer, pero no en piragua, sino en avión rumbo a las costosas inversiones en
Sudamérica, producto de la rapiña del piso y el seguro
Pronto los medios se harán eco de la
jugada y serán descubiertos los timadores, porque con la publicidad y la
información presentes en nuestros días, pronto los internautas aportarán datos
de la unión de los cónyuges en Panamá y también en una anexo de su propio
domicilio, donde prácticamente siguieron viviendo juntos, hasta la resurrección
mediática de Darwin.
¿Cuántas veces todos nosotros no
hemos soñado, no ya por deudas, ni infortunios, sino solo por volar a otra
parte, dejar nuestro pasado atrás, tomando un kayak y perdiendo los remos en el
camino?
Es muy difícil no evolucionar hacia
la cobardía de salir huyendo de la batalla que te impone la vida, es casi
imposible ser torero de temple y enfrentarte con el toro del trabajo, de las
hipoteca, de los gastos, de la familia, de los amigos que te joroban ,de los
vecinos que te fastidian o de una vida que no elegiste así de ninguna de las
maneras, pero que se ha ido haciendo poco a poco cada mañana y cada noche de tu
existencia, llevándote a un camino del que ya no puedes ,pero sí quieres
regresar.
Es difícil asumir lo errores y
enmendarlos, es casi imposible querer fracasar y levantarte cada mañana
intentando imponer la voluntad y el esfuerzo al desaliento y el fracaso, es un
reto, a veces demasiado grande, para simples mortales, que la mayoría de las
veces no sabemos ni cómo encontrar la felicidad.
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