Sin duda era la esperada de la
temporada, a juzgar por el interés despertado y por la afluencia de
espectadores. ¿Quién dijo crisis? Cuando el espectáculo es de primera, el
público responde con una asistencia masiva.
Con la producción escénica de
Camarín del Carmen y Ópera de Colombia (Bogotá), el Turandot jerezano echó a
andar junto con la producción musical del Villamarta.
Lo cierto es que si algo hay que
criticar de esta ópera, es precisamente la escena, aparte las limitaciones
que el escenario del Villamarta conlleva, ya que en mi opinión no fueron
bien resueltas la estética que recrea la China Imperial con el concepto que
hoy tenemos de lo que viene del lejano Oriente. Los decorados, la verdad,
podrían haber sido resueltos con algo más de originalidad, para no caer en
cursilerías o vulgaridades. Todo lo demás es comprensible, ya digo, por lo
limitado del espacio escénico del Villamarta.
Por lo demás, la representación
estuvo en un estupendo nivel musical, siendo Turandot una ópera difícil por
lo peculiar del personaje central: “La princesa del hielo”; La teatralidad
que necesitan los personajes que representan las tres máscaras, y el coro
que actúa incesantemente durante los tres actos de la obra.
Destacó la soprano portuguesa
Elisabete Matos, quien mandó sobre las tablas, y quizás solo decir que un
poco de mejor matización en la dicción hubiera venido bien, por lo
dificultoso de la extraña dramaturgia del personaje, que lo hace frío,
gélido, al principio, y tierno al fin de la representación.
Las tres máscaras tuvieron una
feliz intervención, destacando de entre ellas el barítono barcelonés Marco
Moncloa, que dio vida a “Ping”. El público se lo reconoció con un prolongado
aplauso.
La soprano canaria Yolanda
Auyanet también tuvo una estupenda intervención, dándole a su papel la
ternura y teatralidad necesaria de esta típica figura pucciniana.
Sin embargo, Carlos Moreno, el
tenor murciano, no tuvo una feliz actuación, que resultó estática y siempre
por detrás de la orquesta.
La Sinfónica de Málaga resolvió
bien, a falta en algunos pasajes de una mayor brillantez, probablemente
debida a las dificultades de colocación de los músicos, que obligó a situar
en la platea a una parte importante de la percusión y al arpa.
El balance final ha sido
positivo: Una buena representación de la última y cumbre obra del inmortal
Puccini, en la que el público jerezano lo pasó bien y disfrutó del
espectáculo. DIARIO Bahía de Cádiz Jesús Sánchez
Ferragut