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Los Reyes y la Fiesta (2ª parte)
Aprovechando los tiempos
políticos en los que vivimos, donde nuestros gobernantes quieren reparar, al
parecer, “la deuda” histórica que los españoles tenemos con la fiesta de los
toros, como con las religiones, con la guerra civil, con los inmigrantes, con el
tráfico, con la violencia de género, con los matrimonios, etc., en la sección
¿sabías que…? publicamos la segunda parte de un artículo donde se cuenta la
relación, que desde siempre, los distintos gobiernos de nuestro país han
mantenido con la fiesta, intentando en algunos casos acabar con ella, lo que
nunca se consiguió. Continuamos
con Felipe V, primero de la Casa de Borbón
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Los Reyes y la Fiesta (2ª parte)
Sin
descendencia en la Casa de Hansburgo, en 1700 aparece Felipe V, primero de la
Casa Borbón procedente de la refinada corte de Versalles donde la fiesta no era
muy del gusto de la nobleza. Es a partir de ese momento que los caballeros
empiezan a ceder el testigo en el protagonismo del festejo, al torero de a pie,
y la nobleza a alejarse del espectáculo. Con su hijo Carlos III la corona volvió
a estar presente en la fiesta, quizás más por interés que por afición. Así
tuvieron lugar festejos en el día de su coronación y en la boda de su hijo y
sucesor Carlos IV. Fomentó la construcción de cosos como la Maestranza de Ronda
en 1785 y la Plaza de Aranjuez en 1797, que posteriormente ordenaba destruir por
desavenencias con la empresa. En 1761 por orden suya se reanudaron las obras en
la Maestranza de Sevilla, paralizándose en 1786 cuando prohibía las corridas de
toros excepto aquellas que fueran benéficas. En cambio su hijo y heredero al
trono, Carlos IV, sí fue aficionado, poniendo en marcha las obras en la
Maestranza sevillana y construyendo un nuevo coso en Aranjuez en 1797, donde por
aquel entonces la familia real y la corte pasaban largas temporadas. En los
últimos años de su reinado, de 1805 a 1807 y por orden de su Primer Ministro
Godoy, durante parte de la invasión francesa los festejos taurinos fueron
prohibidos debido a la falta de estabilidad política. Le siguió Fernando VII,
quien con frecuencia se dejaba ver en los palcos. Un rey del que, dependiendo
quien cuente la historia de la tauromaquia, se dice fue un buen o mal
aficionado. Lo que nadie le quita es ser el fundador en 1830 de la primera
Escuela Taurina, con sede en Sevilla. Aquel mismo año, tras fallecer el fundador
de la Casta Vazqueña D. Vicente José Vázquez, compra su ganadería y nace la Real
Vacada. En 1833 muere el rey y se nombra a su esposa María Cristina Reina
Regente quien ordenaba cerrar la Escuela y vender, dos años después, la
ganadería a los Duques de Osuna y Veragua.
Con los
pioneros del toreo de a pie en escena, Pedro Romero, Paquiro, Chiclanero,
Cuchares y Gordito, la maquinaría estaba en marcha y el camino
claramente despejado sin nada que entorpeciera el total desarrollo de la
tauromaquia. Posteriormente vendrían Lagartijo, Frascuelo, Mazzantini,
Guerrita, Bombita, Vicente Pastor, Rafael “el Gallo”, Joselito,
Belmonte; todos apoyados por los di stintos
gobiernos y gobernantes, Isabel II, la República y Alfonso XII con quien de
nuevo resurgieron los Festejos Reales en el Real Sitio de Aranjuez.
Sin
embargo, la época de máxima comunión entre nuestra fiesta y la realeza fue a
partir de Alfonso XIII y Victoria Eugenia. Ambos sintieron tanto como toda
España la muerte del Gallo en 1920 con quien les unía gran amistad. La
propia reina visitaba el mausoleo mientras su autor, el escultor valenciano
Mariano Benlliure, lo esculpía en su taller. En 1930 era el rey quien se
desplazaba hasta el camposanto para así rendir su propio homenaje.
Pero sin
duda, la mejor aficionada de todas las Casas Reales que han gobernado en la
historia de España ha sido S.A.R. Dª. María de las Mercedes de Borbón y Orleans,
Condesa de Barcelona y madre del Rey Juan Carlos I. Gran seguidora de Curro
Romero, era frecuente verla ocupar el palco regio en las plazas de las
Ventas o en la Maestranza de Sevilla en cualquier época del año, no sólo en
plena Feria de San Isidro o de Abril. Su gran afición fue heredada por su hijo,
el Rey Juan Carlos, quien todos los años preside desde el palco real de las
Ventas el festejo de la Beneficencia acompañado por alguno de sus hijos. Con
frecuencia podemos verle durante San Isidro ocupando una barrera acompañado por
maestros como Curro Romero, S.M. el Viti, Curro Vázquez y
junto a ganaderos como Victorino Martín o Samuel Flores con quien también
mantiene gran amistad. Un rey que ha tenido detalles toreros como estrenar el
palco regio de la Plaza Real del Puerto de Santa María, que desde 1880 nunca
había sido visitado por un miembro de Casa Real; o presenciar u n
festejo en la plaza de toros de Acho, en Lima, Perú, a modo de disculpa por la
negativa en su momento de Carlos III de autorizar su inauguración. Nuestro Rey,
como su augusta madre, trasmitió a sus hijos, las Infantas Elena y Cristina y al
Príncipe Felipe, el cariño por nuestras tradiciones como también lo intentara en
la década de los 70 con la Reina Sofía.
Toda la Familia Real ha estado presente en festejos de a pie o de
rejones y ha inaugurado eventos taurinos como Congresos, Ferias y Exposiciones,
dejando de esta forma constancia de su total apoyo a nuestra fiesta. Olé por
todos ellos.
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